miércoles, 27 de diciembre de 2006

NICK DRAKE – Pink Moon

Mariana 12/05/2006


Realmente hay pocos discos de la historia de la música que tengan ese halo de misterio y de grandeza que rodea al último trabajo de Nick Drake. Realizado cuando el autor apenas contaba con 24 años, y tras el fracaso comercial de sus dos anteriores discos, en este último álbum nos encontramos al Nick Drake más puro y desnudo de toda su carrera. Once temas, poco más de 28 minutos de un folk-rock genuinamente británico, interpretados directamente por Nick Drake en la primera sesión de grabación, que van convirtiéndose según lo escuchamos en parte de nuestra propia historia. Once temas desnudos frente a nosotros, mostrándonos a un Drake casi destruido, perdido y con miedo. A menudo la gente se plantea si el disco tendría la misma coherencia si Drake siguiese vivo. Es una pregunta difícil de responder, pero ciertamente el álbum habla sobre la muerte, eso es evidente, y lo hace de un modo descarnado, como si esta fuese algo inevitable y contra lo que no tiene sentido luchar. Cada nota parece recordarnos eso, la pérdida y la tristeza de esta, pero una tristeza contenida por la melancolía, nada grandilocuente.

Y si una canción podía iniciar un álbum así, esa es sin duda Pink Moon. Una de las joyas que nos esconde la historia de la música es esta composición sencilla, fruto de la voz de Drake, su guitarra y unos ligeros toques de piano. Todo ello en una melodía clara, con una letra sin complicaciones pero de una sensibilidad increíble. Esa "Luna Rosa" que es la muerte y que nos atrapará a todos, nos introduce en el mundo de un artista maldito que mira a la cara a su propia destrucción. De hecho el propio Drake dijo después de este trabajo que no le quedaba nada más que grabar, que podría escribir para otros, pero que no quería seguir grabando.
Pero si algo acaba de hacer grande al disco, más que grande enorme, es cómo tras el inicio con esa obra maestra consigue seguir adelante, y mostrarnos una y otra vez los límites creativos de Drake. Place to be, con su toque melancólico y esa grandiosa frase inicial ("When I was younger, younger than before"); Road, con esa guitarra simplemente grandiosa y ese ritmo un poco más subido, cercano a lo progresivo, tan adecuado al título de la canción... Todos los temas van uniéndose para darnos un fresco vivo de la mente de un autor en un momento crítico.
Y es que todos y cada uno de los cortes son realmente imprescindibles. Wich will, con una interpretación vocal impresionante y llena de sentimiento es otra de las cumbres de la grabación. Esa pena, contenida entre las notas de la guitarra acústica de Drake, parece salirse de los altavoces en todo momento, invadiéndonos. Y para continuar el tour-de-force por esa existencia torturada nos encontramos con Horn, una pequeña delicatessen instrumental que nos da el descanso necesario con su minimalismo para lo que aún nos queda por delante.
Y por delante nos quedan algunas de las piezas más duras de Drake. Things behind the Sun es uno de los momentos centrales del disco, situada además en el centro del mismo, de modo muy adecuado. Una de las letras más complejas del álbum nos sirve como puerta hacia el miedo al mundo que atenazaba en ocasiones a Drake, en un ejercicio de liberación de sus demonios interiores realmente increíble. Tras esta nos encontramos con otra de las muchas maravillas de este Pink Moon: Know. Basada totalmente en la habilida con la guitarra de Drake y en una melodía muy clara, tal vez siga la línea anterior de Road, si bien aquí la letra directamente pasa a depender de un modo innegable de la mera presencia de Drake. Aún así este no deja de sorprendernos, y las pocas frases del tema son realmente magníficas.
Y tras ese nuevo momento de relax volvemos al Drake más roto, más destruido en su interior con la desgarradora Parasite. Una reflexión dura sobre su propia condición, incluyendo uno de los estribillos más terriblemente descorazonadores de la historia de la música. Aquí estamos ante otro de los momentos fundamentales del disco, y posiblemente un punto de inflexión en el mismo, el momento en que los demonios de Drake ya parecen estar casi totalmente expresados, cuando el autor ya puede relajarse.
Y así en Free ride nos encontramos con una vuelta al estilo de Road o Know, una canción menos dura, pero igualmente bella, que parece haber sido realizada para que suene en un largo viaje a bordo de un coche. La melancolía en esta ocasión es casi americana en esencia, pareciendo querer llevarnos a viajes a lo largo de inacabables campos donde la vista se pierde en el horizonte. Y todo ello sin abandonar un cierto sentimiento de pérdida, de abandono, pero en esta ocasión todo parece estar más controlado, más civilizado. Y lo mismo ocurre en Harvest Breed, donde el sentimiento de pérdida absoluta de la letra, una letra de absoluta desesperación, se ve contrastada con una música más alegre de lo habitual. Esto crea un contraste que, lejos de resultar chocante, se convierte en un valor más de la corta canción, dejando un sentido de epifanía que solo puede guiarnos al último tema del disco, que no es otro que el momento luminoso del mismo.
From the morning se erige entonces en el momento más positivo del álbum, en una especie de coda final donde, tras el paseo por su infierno personal, el autor parece encontrarse de nuevo con la belleza del mundo. Un final poético y totalmente adecuado para un disco único, que termina con un toque positivo que consigue que cuando acabe hayamos visto la redención de un artista.
Tal vez en consecuencia con su última creación Nick Drake murió apenas dos años después, cuando ya había cumplido los 26, por una sobredosis de medicamentos, aunque nunca se sabrá si fue un suicidio o algo accidental. Lo que es cierto es que esto no ayuda sino a acrecentar su mito y a que miremos de un modo distinto la tristeza y melancolía que impregnan todo su último trabajo. Pero de todos modos, independientemente de lo que pasara en su futuro, lo cierto es que Drake había creado en Pink Moon una obra maestra, uno de los mejores discos que se hayan realizado nunca. Lo que siempre nos quedará será su música, y en Pink Moon esta era simplemente sublime.