miércoles, 27 de diciembre de 2006

MADONNA, Fans Only (por Pablo Rosselló)

Creo que nos habíamos hecho la idea de un mega súper concierto tipo el del DWT de Detroit; en realidad, el Wembley Arena es como un estadio de basket-hockey, techado, no tan grande. Calculo unas 20 mil personas. Parece que ahora que a Madonna le ha entrado la onda de la kabbalah, de los cuentos para niños, y ahora que canta cosas como "I sleep better at night, I feel closer to the light", su nota ha pasado a ser la de los conciertos de cámara, con poca gente, y con una onda retro conciliadora con sus primeros años. Llegamos temprano, Alejandra y yo, six pack en mano desde Holborn, la primera estación -a diferencia de los metros gringos, donde no te dejan ni tomar café, acá el tube es corcho libre. Ocho estaciones después ya estábamos completamente into the groove, sombrero de cowboy rosado -con corona de homecoming queen incrustrada- en la cabeza, haciendo la cola. Todo muy ordenado, very Britishly fashioned, entramos y voila el mismo elenco que podría verse en el Jockey Plaza: gays polo manga cero, harta tía, gays, y uno que otro enamorado desubicado y malhumorado que estaba probablemente pagando la ida al soccer game del fin pasado.
Más chelas, bien al lema de Let's get inconscious honey, de irnos con el circo y de tratar de no guardar tanta información en la memoria. Al costado de nosotros, una vieja con su hijo quinceañero en una euforia inexplicable. Uhmm, mum, you're baby's got a secret. Contagiados con la euforia, sintiéndonos like touched for the very first time, se apaga de pronto todo, el griterio es absoluto, y arranca un juego de luces y pantallas por los que vendería un par de años de vida para volver a ver. Madonna, vestida de rojo en estilo medio Tudor, sentada en un diván, aparece en fast forward sobre la pantalla, con unos lobos en otras que se sobreponen sobre el ecran central. No saben lo espectacular. Al fondo, su voz en off, explicando algo que podía ser metafísica para dummies como un statement político. En fin, se apagan ya todas las luces, el sintetizador con Vogue arranca, y Mrs. Ritchie, striking the yoga pose, sube hacia la mitad del escenario, en una plataforma levadiza, bien al corse plateado, apoyada sobre la cabeza, y lo mismo con todo el troupe de Luis XIV que va subiendo alrededor.

Lo que sigue ya no me lo acuerdo tanto, pero creo que vino primero Nobody Knows Me, que la cantó sobre una rampa movible, letra proyectada en las pantallas, y luego Frozen, con la que me fui al baño porque la vejiga pedía time out. Regresé justo para un medley de Hollywood, y -primer cambio de vestuario- reaparece toda vestida de militar con American Life. Bailes con escopetas, imágenes de Baghdad hoy apareándose con la bandera americana. Nosotros pensando, you're pushing it into the borderline, tía, que este no es tu rollo. Mejoró la cosa cuando cogió el micro, "Good evening London, hallo boys! Do you believe in love? 'Cause I have something to sing about it, and it goes... something like this". Después de expressing herself, otro medley, este sí genial, de Bedtime Story, con tres acróbatas de cabeza en unos columpios, totalmente Cirque du Soleil.
Tercer cambio de ropa -síntoma de que ya está mayorcita, pues- y de ahí un turn back in time a la época de Dick Tracy con Hanky Panky. Camiseta negra con polka dots blancos, mini falda roja rayada, y nothing like a good spanky sobre un taburete de circo y luces de vaudeville atrás. Termina la canción, coge de nuevo el micro, y anuncia que desde que abandonó su substitute for love, juró nunca más cantar la canción que seguía, o sea que or you commit to sing it with me o no va. Material girl en una versión rara, mostra, bien fuerte; ella guitarra en mano, casi chillando que the boy with the golden card, always Mr Right.

Ya todos estábamos one day out of life, cuando de pronto Ale me pregunta al oído "Who-o's tha-at girl??" Volteo, y veo a una chiquitita, no muy bonita, pero si bien gordita, vestida de policía, con un security al lado, esposas colgando, tres hileras más abajo, tratando de decirnos algo. Todo el Block C mirándonos, pequeño microepisodio fóbico. Parece que no se podían tomar fotos, y nosotros hacía media hora como unos artríticos con el botón de la cámara. Ale, quicker than a ray of light, se hace la beautiful stranger con el asunto, cantando Die Another Day, o sea que me tuve que bancar el asunto solito. Por suerte el steward de la zona también era un beautiful stranger, jaja, y estaba peor de la borrachera que nosotros, o sea que todo bien. Las fotos, bien oscuras, no se ve ni un carajo, muchas gracias. Sin el poder de la súper cámara descartable, empieza Like a Prayer, en una versión medio rapeada -igual, extraordinaria-, Madonna sin la camiseta negra, ahora con un polo blanco sin mangas ("Brits do it better"), gritando "London, this party's just beginning!!". Todos en el Arena bailando como descocidos, hasta que arrancó un solo de Imagine de Lennon. 6 encendedores prendidos en todo el lugar. Después de otro solo, empieza el beat de Bitter Sweet Symphony de The Verve, y poco a poco se funde -con una imagen difuminada de Londres atrás- con la guitarrita genial de Don't tell me. Los 5 pounds del sombrero finalmente cobran sentido.

Un par de canciones extrañas, cuarto y último cambio de ropa, y sale un piper con gaita y kilt, bailarines con tambores, Madonna con un palo y un kilt de tartan verde y blanco, y poco a poco van armando el ritmo de Get into the groove, el mejor reinvention remix de la noche. Siguió Papa Don't Preach, y de ahí un Crazy for you para el olvido -dedicado a los fans, alucinen. Bien, pero bien barata. Se vuelven a apagar las luces, y cuando todo ya era siesta en La Isla Bonita, aparece una bola de espejos en una pantalla enorme, se prenden miles de escaleras, y empieza el beat de "Do you wanna boogie woogie?" Music, haciendo a la burguesía, a los rebeldes, a las gordas del costado adictas al spandex, y a los que viajan miles de kms para verla. Ya por último, deeper and depper del otro lado del borderline, Holiday, con millones de papelitos en el aire, y Madonna et troupe bailando sobre una pasarela circular que sobrevolaba la mitad del estado. Desde ahí, ta ta Madonna. El concierto no fue de la magnitud de los de DWT, de hecho faltó la Madonna de Like a virgin meneando la ruflada en una cama, y definitivamente sobró la conciencia humanitaria y política -que la verdad le aparece un toque tarde, cuando las críticas a Bush son un seguro lugar común. Pero en fin, el espectáculo igual fue extraordinario, la mujer ya no es ni de cerca una Like a virgin, y la opinión pública inglesa todavía anda dividida con respecto a Blair, o sea que vale. Ab-so-lu-te-ly no regrets. Aunque domesticada por el cineasta y la mística hebrea, sigue tan camaleónica como siempre, bailando de la puta madre, voz igual de ronquita pero mejorada, más guapa que nunca y adicta todavía a Christian Lacroix. La experiencia de tenerla a 30m vale cada pence invertido; uno sale y sigue pensando, después de verla, que que paja es ser Madonna. (En clave filosófica: sigue siendo la respuesta a la pregunta ontológica -y odontológica, porque esos incisivos superiores separados son su trademark.)