miércoles, 27 de diciembre de 2006

Las geografías de SUFJAN STEVENS

Cristina 24/07/2006

“Todo es posible de la mano de Sufjan Stevens: el folk se convierte en pop, el pop en country, el country en coros y trompetas y las trompetas en un vodevil de ojos llorosos y bocas abiertas en las que conviven Louis Armstrong, John Wayne Gacy (más conocido como el payaso asesino: treinta y tres víctimas), antiguas visiones del futuro o el propio Sufjan convertido en un personaje más de su quijotesca saga musical: hacer un disco por cada uno de los estados de Estados Unidos” [1].

Así es, Sufjan Stevens tiene ante sí una tarea monumental, que si la lleva a cabo (y esperamos que así sea), entonces los afortunados seremos nosotros. Componer un disco por cada uno de los estados de Estados Unidos... puede sonar a una forma de hacer propaganda a un país que cada vez más cae en descrédito ante los ojos del mundo entero. Pero en el caso de Sufjan Stevens el asunto es realmente muy distinto: recorrer el espacio vital que uno habita (lo que antiguamente se conocía con el nombre de "patria"), la geografía, las historias, los mitos, leyendas, las calles, edificios abandonados, los sonidos e imágenes propios de cada lugar... en un intento (inevitable al fin) de recorrer el propio mundo interior, de leerse y encontrarse, pero también de inventarse y reconocerse en todas aquellas historias y ficciones que se van creando en la imaginación a la par que descubriendo en el entorno.

Así, Sufjan Stevens inicia su travesía lógicamente en el estado que lo vio nacer: Michigan. Greetings from Michigan, del 2003, es el primer título del proyecto 50 States. Pero la historia musical de Sufjan Stevens comenzó bastante antes. Nacido en la ciudad de Detroit, Michigan, para cuando el joven Sufjan llegó a la universidad ya era un músico autodidacta muy hábil con el oboe, el banjo, la guitarra, el bajo, la batería, el piano y muchos otros instrumentos, demasiados como para mencionarlos uno por uno. En algún momento por ahí también empezó a cantar, aunque al parecer en aquellos tiempos sus amigos no lo alentaban a que lo siguiera haciendo. De esa época también datan sus primeras y laboriosas composiciones, dedicadas, por ejemplo, a los nueve planetas o a los doce apóstoles. Paralelamente leía a William Blake, William Wordsworth y William Faulkner. Durante los años de universidad, a Sufjan el mundo se le mostraba grande y desalentador. Aún inseguro de sí mismo y de su lugar en el mundo, su música, que vino a sonar como un conjunto de instrumentos de viento medievales, se parecía al combate de agitadas espadas, la lucha interior del joven Sufjan consigo mismo. Durante su último semestre en la universidad, Sufjan escogió y reunió una selección de estas canciones para producir su primer disco, A Sun Came (reeditado en 1999) bajo el sello Asthmatic Kitty Records, el sello discográfico casero que iniciaran Sufjan y su padrastro Lowell. Se hicieron una centena de copias que rápidamente fueron olvidadas.

Sufjan se mudó luego a Nueva York y convivió con otros tres amigos de la universidad en un departamento del distrito financiero de la ciudad. Desde allí Sufjan se movilizaba en bicicleta hacia el New School of Social Research, donde se había inscrito en el programa de maestría para escritores. En esos momentos retomó un viejo proyecto: la composición de una colección de canciones programáticas y sinfónicas relativas a los animales del zodiaco chino. Estas composiciones no tenían letra, solo eran combinaciones de oleajes de platillos, agitaciones del oboe y zumbidos ambientales del órgano, todo esto acompañado de ciertos beats techno generados por computadora y algo de ruido digital. El resultado de este emprendedor proyecto no fue muy favorable tampoco. Envió algunas copias a la prensa, pero ellas solo cayeron en oídos confundidos. En un rapto de entusiasmo, Sufjan dejó una copia en una tienda de discos de Nueva York, "Other Music", solo para encontrarla dos semanas después en la sección de discos usados, a precio reducido. Sufjan tomó esto como un cumplido; su disquera no. "Escribe canciones", insistió su padrastro, "algo con letra y melodía".

Sufjan volvió entonces a los libros, especialmente a los suyos propios: un conjunto de historias no terminadas, de bosquejos de personajes que había empezado a construir de niño. A partir de ellos, Sufjan empezó a recomponer sus deformes e inconclusas ficciones en audaces canciones. Aquí y allá, en viajes de fin de semana, en momentos de tiempo libre, Sufjan cargaba siempre con sus composiciones, grabando canciones en casas de personas amigas, en sótanos de edificios, en graneros, en salas de ensayo. El vibráfono de Massachussets, el órgano eléctrico en Nueva Jersey, el piano de cola del esposo de su hermana al norte de Michigan; nota por nota, palabra por palabra, todo empezó a cuajar como un cósmico big bang. El resultado fue un exuberante y orquestado viaje de carreteras a través de la geografía de Michigan, "El estado del Gran Lago" (The Great Lake State), desde la ciudad hasta las playas invernales del Lago Superior. "¡Esto sí está bueno!", dijo su padrastro, "¡Suena realmente bien!". Decidieron hacerlo público, a la vez que hacían de su sello una verdadera disquera (consiguieron distribuidores, publicistas, agentes, maquilladores, etc.). Así salió a la luz Greetings from Michigan, un disco donde los recuerdos de Sufjan sobre su estado natal se llevan gran parte del protagonismo. Las cosas empezaron a verse bien, a salir bien. La gente empezó a prestar atención. Los críticos empezaron a guardar sus afilados cuchillos. "Other Music" lo puso en la sección de nuevos lanzamientos, ¡y en el estante superior! Sufjan empezó a sentirse valiente y confiado, en sí mismo y en su sitio en el planeta Tierra.
"¡Pero esto es solo el comienzo!", proclamó entonces en voz alta, "¡Es solo la punta del iceberg!". Encontrando motivación en folletos turísticos, en mapas de carreteras y en el espíritu de Walt Whitman, Sufjan empezó a intimar con otros estados, con los sonidos de otros estados... el verdadero sueño americano, algo mucho más grande y significativo que el himno nacional... una gran sinfonía épica de 50 movimientos... Dios mío ayúdanos.

Una vez que el clamor patriótico fue disminuyendo, las inquietudes musicales de Sufjan empezaron de pronto a centrarse en los misterios de Chicago, estimulado probablemente por los recuerdos de su rebelde temprana adultez en la ciudad de Illinois. Durante el invierno de 2004, Sufjan pasó cuatro meses en completo aislamiento, leyendo libros y biografías, memorizando poemas de Carl Sandburg, riéndose y temblando con las novelas de Saul Bellow. Recuperó viejas correspondencias con viejos amigos, estudió guías turísticas, indagó en distintos chat rooms... con todo esto montó un nuevo material. Se dio cuenta de que en realidad toda investigación (como esta que él, queriendo o sin querer, ya había iniciado) debe comenzar con la propia imaginación e intuición, y debe siempre apoyarse en (y nunca perder de vista) las convicciones del corazón. Así como su primer punto de llegada había sido naturalmente su ciudad natal, la intuición de Sufjan guió su siguiente paradero: el lugar donde su carácter se había formado. De ese largo y solitario invierno el resultado fue algo valiente, llamativo y maduro que contenía la tierna interpretación de la propia imaginación de Sufjan. Cuando todo estuvo dicho y hecho surgió Come On Feel The Illinoise (2005). Con él, Sufjan sintió irrevocables cambios tomando lugar en su cuerpo, como una segunda pubertad. Sus horizontes se ampliaron, su mente se aceleró, su corazón empezó a latir con discreta y paciente percusión a un ritmo tan fluido y lleno de esperanza como el río Chicago [2].

Y ciertamente después de oír Come On Feel The Illinoise hay que sentirse agradecido de que haya tantos estados en EE.UU. y de que Sufjan Stevens esté tan loco de quererle dedicar a cada uno un disco tan genial como este.

[1] Reseña del disco Come on Feel the Illinoise a cargo de Enrique Ramos para Mondosonoro.com.
[2] Datos biográficos tomados de la página de Sufjan Stevens en
AsthmaticKitty.com.