miércoles, 27 de diciembre de 2006

Escuchando...

Cristina 13/09/2006

Estoy escuchando el último disco de Cerati. Preparándome para el concierto de mañana. Recién hoy día compré el disco ahí en el quiosco famoso en el paradero de la universidad. No fue casualidad, no lo compré al salir de la universidad... lo compré al llegar. Ya lo tenía pensado.

Me está gustando el disco, por más críticas negativas que haya leído. Me está gustando.

Para mí el asunto siempre ha sido cómo hablar de la música. Cómo, cómo, cómo. La música sin lugar a dudas es algo que me encanta, algo que me llena de un modo en que solo otras pocas cosas pueden hacerlo. La sensación es intensa y la experiencia sobrecogedora. Algo en lo que me siento cómoda, en casa. Acompaña, ayuda, pone melodías y palabras donde yo no puedo o donde no imaginé. Te coge por sorpresa, y aún así estás en casa. Te estimula, y aún así es algo tuyo. De todos, pero íntimamente tuyo. Cómo hablar pues de algo así.

Y Cerati responde (pista número 6) todavía queda tánto por decir (tánto, así con tilde).

Me está gustando el disco. Ya vendrán luego las revisiones y el análisis, el repaso necesario por la discografía de Cerati, la ubicación espacio-temporal de esta última entrega. Y probablemente no sea lo mejor de Cerati. Quién sabe. Igual, ahorita eso no importa. Ahorita lo que importa es que el disco está gustando y que las ganas para verlo mañana se siguen acumulando. Y está gustando así, de ese modo casi irracional, instintivo. Simplemente está gustando, me está tocando, no podría decir por qué. Probablemente pueda hacerlo luego, pero el no poder hacerlo en estos momentos es lo que importa.

Sigo escuchando el último disco de Cerati, preparándome para el concierto de mañana. Ahí vamos! Y que todo salga bien y que sea una noche... larga y feliz.


The Secret Life of Words

Por Juan Gonzales (13/09/2006)
La vida secreta de las palabras (The Secret Life of Words) / 2005
Isabel Coixet[1] nos trae otra gran historia escrita y dirigida por ella. Hace un par de años pudimos ver en los cines La vida sin mí [2], la historia de una joven mujer que es madre y esposa y que se entera de que sufre una enfermedad terminal, situación que la enfrenta a sus temores y afectos, la enfrenta a la vida y paradójicamente le permite encontrarla. En aquella ocasión (como en esta) contó como actriz protagónica con la genial Sara Polley.
Coixet como pocos tiene la habilidad de llevarnos a través de los secretos de Hanna (Sara Polley), una pequeña y tímida obrera que sufre de sordera, que por azar y destino termina de enfermera de Jeff (Tim Robins), un trabajador accidentado (se encuentra sufriendo de ceguera temporal y múltiples quemaduras) de una plataforma petrolera que se encuentra a portas de ser clausurada. La relación entre enfermera y paciente va adquiriendo mayores matices, permitiendo que se desenvuelvan los silencios y por ende los secretos de ambos. Sara Polley nos entrega una actuación soberbia, no exagera ni esconde nada, nos acerca el dolor de su personaje más de lo que uno desearía tenerlo, realmente convierte el silencio en palabras. Robins como siempre estupendo, con una actuación cuidada, da el soporte ideal para la actuación de Polley. Las conversaciones, en apariencia anodinas, nos abren paso a los temores y miedos de ambos personajes, y esto solo se logra gracias a las actuaciones de Polly y Robins.La plataforma petrolera en abandono, como espacio cerrado, se nos muestra como el lugar ideal para que aquellos que buscan estar solos no solo logren asimilar sus culpas o el peso de sus recuerdos, sino que les permita lograr ser libres. Las pequeñas historias en paralelo nos acercan a los puntos centrales de la película, ayudan a ver el rol del silencio en nuestras vidas: cómo el silencio nos acerca o nos aleja, cómo sirve no solo para ocultar sino para mostrar. Otro punto relevante es la banda sonora, precisa, que no solo es fondo, sino que da forma al relato y lo complementa.
Coixet permite que el relato se nos muestre, no lo fuerza; las escenas y diálogos que al comienzo se nos hacen extraños terminan siendo aclarados por completo. Lo que en un inicio puede parecer dramatismo, exageración, se nos termina presentando como el tono adecuado para narrar esta historia. Lo que en otros directores sería un dramón, en las manos de Coixet es una historia sensible que toca y que transforma a la persona que la ve. La niñez, los libros, los recuerdos, los viajes, la tristeza, el amor y el desconsuelo hilvanan esta historia. La vida secreta de las palabras es un relato complejo, dulceamargo, de emociones aunque contenidas muy fuertes, un verdadero ensayo sobre la memoria, el perdón, el olvido y la posibilidad de sobrevivir a la muerte, así como la fuerza del amor para transformarlo todo. A no perdérsela.
[1] Quien este año presento en Madrid 84 Charin Cros Road, la hermosa novela epistolar de Helen Hanff. Para saber más sobre ella y su alterego Miss Wasabi, visitar su web.
[2] Si no la ha visto, simplemente nos queda decir véala.

BRIAN JUNGEN

Mariana 02/09/2006


Brian Jungen (British Columbia, 1970), uno de los artistas canadienses jóvenes más reconocidos en los últimos tiempos es, sin lugar a dudas, el artísta que más me impresionó de mi reciente visita al país del norte. Alrededor de 40 obras, entre dibujos, esculturas e instalaciones, muestran la capacidad de transformación que ha logrado este creador con utensilios de consumo, los cuales convierte en evocativos objetos cargados de humor y significación. Por lo que, sus obras expresan una manera diferente de leer el contexto y la identidad cultural. Tanto los trabajos iniciales de Jungen, las instalaciones recientes de gran escala como sus conocidos Prototypes for New Understanding (1998-2005), demuestran su versatilidad creativa. En este último caso, por ejemplo, Jungen construye con zapatillas deportivas Air Jordan de Nike máscaras, crea animales y figuras supernaturales desde elementos ceremoniales de la cultura aborigen Inuit hasta iconos de la cultura pop como Darth Vader y Opyimus Prime.


Con estás máscaras nos enfrenta a un inmediato cuestionamiento de categorías como: étnico, autenticidad y producción en serie, ya que en todo momento busca en su obra reflexionar sobre las posibles relaciones entre la cultura indígena y lo que llamamos hoy "cultura global". Talla sobre bates de beisball, hace esculturas con azafates, bancas de plástico, hace cojínes o "rocas lunares" con pelotas de basquet, talla coolers; hace de todo. Me impresionaron también los tres esqueletos de dinosaurio que construyó con sillas de plástico (esas que hay en todos los patios).


De todos los Museos que ví, la major muestra fue esta. Si pueden averiguen sobre él en internet y estemos atentos a ver si algún día llega su trabajo a Lima.

MADONNA, Fans Only (por Pablo Rosselló)

Creo que nos habíamos hecho la idea de un mega súper concierto tipo el del DWT de Detroit; en realidad, el Wembley Arena es como un estadio de basket-hockey, techado, no tan grande. Calculo unas 20 mil personas. Parece que ahora que a Madonna le ha entrado la onda de la kabbalah, de los cuentos para niños, y ahora que canta cosas como "I sleep better at night, I feel closer to the light", su nota ha pasado a ser la de los conciertos de cámara, con poca gente, y con una onda retro conciliadora con sus primeros años. Llegamos temprano, Alejandra y yo, six pack en mano desde Holborn, la primera estación -a diferencia de los metros gringos, donde no te dejan ni tomar café, acá el tube es corcho libre. Ocho estaciones después ya estábamos completamente into the groove, sombrero de cowboy rosado -con corona de homecoming queen incrustrada- en la cabeza, haciendo la cola. Todo muy ordenado, very Britishly fashioned, entramos y voila el mismo elenco que podría verse en el Jockey Plaza: gays polo manga cero, harta tía, gays, y uno que otro enamorado desubicado y malhumorado que estaba probablemente pagando la ida al soccer game del fin pasado.
Más chelas, bien al lema de Let's get inconscious honey, de irnos con el circo y de tratar de no guardar tanta información en la memoria. Al costado de nosotros, una vieja con su hijo quinceañero en una euforia inexplicable. Uhmm, mum, you're baby's got a secret. Contagiados con la euforia, sintiéndonos like touched for the very first time, se apaga de pronto todo, el griterio es absoluto, y arranca un juego de luces y pantallas por los que vendería un par de años de vida para volver a ver. Madonna, vestida de rojo en estilo medio Tudor, sentada en un diván, aparece en fast forward sobre la pantalla, con unos lobos en otras que se sobreponen sobre el ecran central. No saben lo espectacular. Al fondo, su voz en off, explicando algo que podía ser metafísica para dummies como un statement político. En fin, se apagan ya todas las luces, el sintetizador con Vogue arranca, y Mrs. Ritchie, striking the yoga pose, sube hacia la mitad del escenario, en una plataforma levadiza, bien al corse plateado, apoyada sobre la cabeza, y lo mismo con todo el troupe de Luis XIV que va subiendo alrededor.

Lo que sigue ya no me lo acuerdo tanto, pero creo que vino primero Nobody Knows Me, que la cantó sobre una rampa movible, letra proyectada en las pantallas, y luego Frozen, con la que me fui al baño porque la vejiga pedía time out. Regresé justo para un medley de Hollywood, y -primer cambio de vestuario- reaparece toda vestida de militar con American Life. Bailes con escopetas, imágenes de Baghdad hoy apareándose con la bandera americana. Nosotros pensando, you're pushing it into the borderline, tía, que este no es tu rollo. Mejoró la cosa cuando cogió el micro, "Good evening London, hallo boys! Do you believe in love? 'Cause I have something to sing about it, and it goes... something like this". Después de expressing herself, otro medley, este sí genial, de Bedtime Story, con tres acróbatas de cabeza en unos columpios, totalmente Cirque du Soleil.
Tercer cambio de ropa -síntoma de que ya está mayorcita, pues- y de ahí un turn back in time a la época de Dick Tracy con Hanky Panky. Camiseta negra con polka dots blancos, mini falda roja rayada, y nothing like a good spanky sobre un taburete de circo y luces de vaudeville atrás. Termina la canción, coge de nuevo el micro, y anuncia que desde que abandonó su substitute for love, juró nunca más cantar la canción que seguía, o sea que or you commit to sing it with me o no va. Material girl en una versión rara, mostra, bien fuerte; ella guitarra en mano, casi chillando que the boy with the golden card, always Mr Right.

Ya todos estábamos one day out of life, cuando de pronto Ale me pregunta al oído "Who-o's tha-at girl??" Volteo, y veo a una chiquitita, no muy bonita, pero si bien gordita, vestida de policía, con un security al lado, esposas colgando, tres hileras más abajo, tratando de decirnos algo. Todo el Block C mirándonos, pequeño microepisodio fóbico. Parece que no se podían tomar fotos, y nosotros hacía media hora como unos artríticos con el botón de la cámara. Ale, quicker than a ray of light, se hace la beautiful stranger con el asunto, cantando Die Another Day, o sea que me tuve que bancar el asunto solito. Por suerte el steward de la zona también era un beautiful stranger, jaja, y estaba peor de la borrachera que nosotros, o sea que todo bien. Las fotos, bien oscuras, no se ve ni un carajo, muchas gracias. Sin el poder de la súper cámara descartable, empieza Like a Prayer, en una versión medio rapeada -igual, extraordinaria-, Madonna sin la camiseta negra, ahora con un polo blanco sin mangas ("Brits do it better"), gritando "London, this party's just beginning!!". Todos en el Arena bailando como descocidos, hasta que arrancó un solo de Imagine de Lennon. 6 encendedores prendidos en todo el lugar. Después de otro solo, empieza el beat de Bitter Sweet Symphony de The Verve, y poco a poco se funde -con una imagen difuminada de Londres atrás- con la guitarrita genial de Don't tell me. Los 5 pounds del sombrero finalmente cobran sentido.

Un par de canciones extrañas, cuarto y último cambio de ropa, y sale un piper con gaita y kilt, bailarines con tambores, Madonna con un palo y un kilt de tartan verde y blanco, y poco a poco van armando el ritmo de Get into the groove, el mejor reinvention remix de la noche. Siguió Papa Don't Preach, y de ahí un Crazy for you para el olvido -dedicado a los fans, alucinen. Bien, pero bien barata. Se vuelven a apagar las luces, y cuando todo ya era siesta en La Isla Bonita, aparece una bola de espejos en una pantalla enorme, se prenden miles de escaleras, y empieza el beat de "Do you wanna boogie woogie?" Music, haciendo a la burguesía, a los rebeldes, a las gordas del costado adictas al spandex, y a los que viajan miles de kms para verla. Ya por último, deeper and depper del otro lado del borderline, Holiday, con millones de papelitos en el aire, y Madonna et troupe bailando sobre una pasarela circular que sobrevolaba la mitad del estado. Desde ahí, ta ta Madonna. El concierto no fue de la magnitud de los de DWT, de hecho faltó la Madonna de Like a virgin meneando la ruflada en una cama, y definitivamente sobró la conciencia humanitaria y política -que la verdad le aparece un toque tarde, cuando las críticas a Bush son un seguro lugar común. Pero en fin, el espectáculo igual fue extraordinario, la mujer ya no es ni de cerca una Like a virgin, y la opinión pública inglesa todavía anda dividida con respecto a Blair, o sea que vale. Ab-so-lu-te-ly no regrets. Aunque domesticada por el cineasta y la mística hebrea, sigue tan camaleónica como siempre, bailando de la puta madre, voz igual de ronquita pero mejorada, más guapa que nunca y adicta todavía a Christian Lacroix. La experiencia de tenerla a 30m vale cada pence invertido; uno sale y sigue pensando, después de verla, que que paja es ser Madonna. (En clave filosófica: sigue siendo la respuesta a la pregunta ontológica -y odontológica, porque esos incisivos superiores separados son su trademark.)

COCO ROSIE. En la casa de mis sueños

Cristina 19/08/2006

Quiero agradecer de todo corazón a mi amiga Claudia por haberme presentado a inicios de este año un grupo del cual yo no había escuchado nada, y créanme que por ello me estaba perdiendo de mucho. El grupo en cuestión se llama Coco Rosie, compuesto por dos hermanas norteamericanas que, reunidas en París y sin mayores pretensiones, sacaron el ante año pasado su disco debut, La maison de mon rêve. La maison de mon rêve es un disco de lo más tierno. Basta con escuchar la primera canción para sentirse íntimamente comprometido con esta propuesta. Las canciones siguientes son ya inevitables... el disco corre y no hay nada que uno pueda hacer para detenerlo. Tengo noticia de que el año pasado sacaron su segundo disco, Noah’s Ark. Lamentablemente, este aún no llega a mis manos y oídos. De todos modos, les seguiremos la pista.
Para que se den una idea de quiénes son estas chicas, aquí les copio una entrevista hecha en el 2005 por Xavi Sánchez Pons para Mondosonoro.com.

Dos hermanas se juntan por casualidad en París y deciden grabar unas canciones. Poco tiempo después ofrecen un concierto en un cumpleaños de un amigo y el capo de Touch And Go las escucha a través de su teléfono móvil y decide ficharlas. ¿El resultado? La maison de mon rêve (Touch And Go/Green Ufos, 04), uno de los debuts más emocionantes y estimulantes del pasado año. Hablamos con las hermanas Casady –ambas guapísimas– Bianca (Coco) y Sierra (Rosie) poco antes del excelente concierto que ofrecieron el pasado mes de noviembre en la sala barcelonesa de La Paloma junto a Antony –que acaba de firmar uno de los discos del 2005, el inmenso I Am a Bird Now. Mi principal curiosidad es saber cómo, casi sin quererlo, se han convertido en uno de los grupos de moda dentro del panorama folk underground mundial. ¿Cómo lo llevan?
Sierra: Creo que nos lo tomamos de forma diferente. Para mí es una completa sorpresa y me sorprende constantemente que la gente entienda a su manera lo que hacemos. Ese es uno de mis grandes sueños: ser capaz de hablar a la gente a través de mi música y la verdad es que no sé si algún día me acostumbraré a eso, es increíble.
Bianca: Es una gran sorpresa para mí también. He trabajado en otras disciplinas artísticas, tenía un grupo de amigos artistas con los que me sentía muy a gusto y me respetaban, con los que hacía cosas y siempre pensaba que todo eso que creaba no saldría de nuestro pequeño círculo. Porque igual lo que hacíamos era un poco inaccesible, pero estoy muy contenta al ver que hemos hecho algo muy puro y honesto sin la intención de sacarlo a la luz.

La cuestión es que al final se editó y coló en la mayoría de listas de los mejor del año. La culpa de todo la tiene Touch And Go, el sello que apostó primero por ellas. Un disco tan conmovedor y especial como La maison de mon rêve debe tener una historia especial también. Ahí va la leyenda.
Sierra: Yo estaba estudiando en París y fue una coincidencia que Bianca viniera a verme. Solo estaba de paso, vino a verme a mi casa para saludarme durante un día, y ese día se convirtió en seis meses. Y la verdad es que fue una verdadera sorpresa.
Bianca: Hubo varias etapas entre la creación del disco y su publicación. Nosotras ni lo intentamos. Y un amigo nuestro de Brooklyn nos pidió si queríamos tocar tres canciones en su fiesta de cumpleaños, y fue todo un reto. Le dijimos que sí pero no teníamos ni idea de cómo lo íbamos a hacer. Y nuestro amigo, durante nuestro mini-concierto, llamó al jefe de Touch And Go y nos escuchó a través del teléfono, le gustamos y se ofreció para editarnos un disco. Fue algo inesperado.

Y vaya sorpresa, Coco Rosie, que nació como un proyecto casero e íntimo sin motivaciones comerciales, consigue subir a la superficie gracias a su personal mezcla de folk, electrónica casera, guiños a Billie Holliday y espíritu lo-fi. Menos es más, reza el dicho.
Sierra: Era solo un divertido juego, era algo muy fresco que grabábamos para nosotras, de una manera muy barata y un sonido muy lo-fi. Nos lo pasábamos increíblemente bien y estábamos un montón de horas grabando canciones sin la intención de editarlas.
Bianca: Empezó como algo divertido y luego se convirtió en una cosa más seria. Pero, a pesar de eso, continuó siendo divertido. Solamente teníamos unos auriculares, así que los partimos por la mitad para compartirlos (risas), y tratábamos de sonar perfectas con ese equipo tan rudimentario. Nos lo tomábamos muy en serio, nos perdíamos en la creación de cada canción, nos tirábamos horas.
Buena culpa de su éxito la tienen las canciones que forman La maison de mon rêve, una colección de instantáneas sonoras plagadas de sonidos extraños, percusiones imposibles, arpas y voces agudas y operísticas situadas en Haití, Nueva York, París y Tahití, que hablan sobre un Jesucristo que únicamente las ama a ellas o sobre un viernes perfecto gracias al amor, y que destacan, pese a su belleza, por un peso generalmente amargo. Se lleva la palma la canción que cierra el álbum, un caramelo envenenado titulado "Lyla", inspirada en parte en la protagonista de la durísima y estupenda película del sueco Lukas Moodysson sobre el mundo de la prostitución de menores titulada Lilya 4-Ever.
Bianca: Sí, es verdad, pero la letra de esa canción es una combinación de cosas que estaban pasando a la vez. Primero leí un artículo sobre el negocio de la prostitución infantil en la Europa del Este y luego vi la película. Además en nuestro vecindario de París hay un montón de jóvenes prostitutas. El personaje de la canción sí que está basado en el del filme, pero el resto pertenece a las otras cosas que he explicado antes. La canción es una especie de nana para ese personaje que es tan joven e inocente.

Las geografías de SUFJAN STEVENS

Cristina 24/07/2006

“Todo es posible de la mano de Sufjan Stevens: el folk se convierte en pop, el pop en country, el country en coros y trompetas y las trompetas en un vodevil de ojos llorosos y bocas abiertas en las que conviven Louis Armstrong, John Wayne Gacy (más conocido como el payaso asesino: treinta y tres víctimas), antiguas visiones del futuro o el propio Sufjan convertido en un personaje más de su quijotesca saga musical: hacer un disco por cada uno de los estados de Estados Unidos” [1].

Así es, Sufjan Stevens tiene ante sí una tarea monumental, que si la lleva a cabo (y esperamos que así sea), entonces los afortunados seremos nosotros. Componer un disco por cada uno de los estados de Estados Unidos... puede sonar a una forma de hacer propaganda a un país que cada vez más cae en descrédito ante los ojos del mundo entero. Pero en el caso de Sufjan Stevens el asunto es realmente muy distinto: recorrer el espacio vital que uno habita (lo que antiguamente se conocía con el nombre de "patria"), la geografía, las historias, los mitos, leyendas, las calles, edificios abandonados, los sonidos e imágenes propios de cada lugar... en un intento (inevitable al fin) de recorrer el propio mundo interior, de leerse y encontrarse, pero también de inventarse y reconocerse en todas aquellas historias y ficciones que se van creando en la imaginación a la par que descubriendo en el entorno.

Así, Sufjan Stevens inicia su travesía lógicamente en el estado que lo vio nacer: Michigan. Greetings from Michigan, del 2003, es el primer título del proyecto 50 States. Pero la historia musical de Sufjan Stevens comenzó bastante antes. Nacido en la ciudad de Detroit, Michigan, para cuando el joven Sufjan llegó a la universidad ya era un músico autodidacta muy hábil con el oboe, el banjo, la guitarra, el bajo, la batería, el piano y muchos otros instrumentos, demasiados como para mencionarlos uno por uno. En algún momento por ahí también empezó a cantar, aunque al parecer en aquellos tiempos sus amigos no lo alentaban a que lo siguiera haciendo. De esa época también datan sus primeras y laboriosas composiciones, dedicadas, por ejemplo, a los nueve planetas o a los doce apóstoles. Paralelamente leía a William Blake, William Wordsworth y William Faulkner. Durante los años de universidad, a Sufjan el mundo se le mostraba grande y desalentador. Aún inseguro de sí mismo y de su lugar en el mundo, su música, que vino a sonar como un conjunto de instrumentos de viento medievales, se parecía al combate de agitadas espadas, la lucha interior del joven Sufjan consigo mismo. Durante su último semestre en la universidad, Sufjan escogió y reunió una selección de estas canciones para producir su primer disco, A Sun Came (reeditado en 1999) bajo el sello Asthmatic Kitty Records, el sello discográfico casero que iniciaran Sufjan y su padrastro Lowell. Se hicieron una centena de copias que rápidamente fueron olvidadas.

Sufjan se mudó luego a Nueva York y convivió con otros tres amigos de la universidad en un departamento del distrito financiero de la ciudad. Desde allí Sufjan se movilizaba en bicicleta hacia el New School of Social Research, donde se había inscrito en el programa de maestría para escritores. En esos momentos retomó un viejo proyecto: la composición de una colección de canciones programáticas y sinfónicas relativas a los animales del zodiaco chino. Estas composiciones no tenían letra, solo eran combinaciones de oleajes de platillos, agitaciones del oboe y zumbidos ambientales del órgano, todo esto acompañado de ciertos beats techno generados por computadora y algo de ruido digital. El resultado de este emprendedor proyecto no fue muy favorable tampoco. Envió algunas copias a la prensa, pero ellas solo cayeron en oídos confundidos. En un rapto de entusiasmo, Sufjan dejó una copia en una tienda de discos de Nueva York, "Other Music", solo para encontrarla dos semanas después en la sección de discos usados, a precio reducido. Sufjan tomó esto como un cumplido; su disquera no. "Escribe canciones", insistió su padrastro, "algo con letra y melodía".

Sufjan volvió entonces a los libros, especialmente a los suyos propios: un conjunto de historias no terminadas, de bosquejos de personajes que había empezado a construir de niño. A partir de ellos, Sufjan empezó a recomponer sus deformes e inconclusas ficciones en audaces canciones. Aquí y allá, en viajes de fin de semana, en momentos de tiempo libre, Sufjan cargaba siempre con sus composiciones, grabando canciones en casas de personas amigas, en sótanos de edificios, en graneros, en salas de ensayo. El vibráfono de Massachussets, el órgano eléctrico en Nueva Jersey, el piano de cola del esposo de su hermana al norte de Michigan; nota por nota, palabra por palabra, todo empezó a cuajar como un cósmico big bang. El resultado fue un exuberante y orquestado viaje de carreteras a través de la geografía de Michigan, "El estado del Gran Lago" (The Great Lake State), desde la ciudad hasta las playas invernales del Lago Superior. "¡Esto sí está bueno!", dijo su padrastro, "¡Suena realmente bien!". Decidieron hacerlo público, a la vez que hacían de su sello una verdadera disquera (consiguieron distribuidores, publicistas, agentes, maquilladores, etc.). Así salió a la luz Greetings from Michigan, un disco donde los recuerdos de Sufjan sobre su estado natal se llevan gran parte del protagonismo. Las cosas empezaron a verse bien, a salir bien. La gente empezó a prestar atención. Los críticos empezaron a guardar sus afilados cuchillos. "Other Music" lo puso en la sección de nuevos lanzamientos, ¡y en el estante superior! Sufjan empezó a sentirse valiente y confiado, en sí mismo y en su sitio en el planeta Tierra.
"¡Pero esto es solo el comienzo!", proclamó entonces en voz alta, "¡Es solo la punta del iceberg!". Encontrando motivación en folletos turísticos, en mapas de carreteras y en el espíritu de Walt Whitman, Sufjan empezó a intimar con otros estados, con los sonidos de otros estados... el verdadero sueño americano, algo mucho más grande y significativo que el himno nacional... una gran sinfonía épica de 50 movimientos... Dios mío ayúdanos.

Una vez que el clamor patriótico fue disminuyendo, las inquietudes musicales de Sufjan empezaron de pronto a centrarse en los misterios de Chicago, estimulado probablemente por los recuerdos de su rebelde temprana adultez en la ciudad de Illinois. Durante el invierno de 2004, Sufjan pasó cuatro meses en completo aislamiento, leyendo libros y biografías, memorizando poemas de Carl Sandburg, riéndose y temblando con las novelas de Saul Bellow. Recuperó viejas correspondencias con viejos amigos, estudió guías turísticas, indagó en distintos chat rooms... con todo esto montó un nuevo material. Se dio cuenta de que en realidad toda investigación (como esta que él, queriendo o sin querer, ya había iniciado) debe comenzar con la propia imaginación e intuición, y debe siempre apoyarse en (y nunca perder de vista) las convicciones del corazón. Así como su primer punto de llegada había sido naturalmente su ciudad natal, la intuición de Sufjan guió su siguiente paradero: el lugar donde su carácter se había formado. De ese largo y solitario invierno el resultado fue algo valiente, llamativo y maduro que contenía la tierna interpretación de la propia imaginación de Sufjan. Cuando todo estuvo dicho y hecho surgió Come On Feel The Illinoise (2005). Con él, Sufjan sintió irrevocables cambios tomando lugar en su cuerpo, como una segunda pubertad. Sus horizontes se ampliaron, su mente se aceleró, su corazón empezó a latir con discreta y paciente percusión a un ritmo tan fluido y lleno de esperanza como el río Chicago [2].

Y ciertamente después de oír Come On Feel The Illinoise hay que sentirse agradecido de que haya tantos estados en EE.UU. y de que Sufjan Stevens esté tan loco de quererle dedicar a cada uno un disco tan genial como este.

[1] Reseña del disco Come on Feel the Illinoise a cargo de Enrique Ramos para Mondosonoro.com.
[2] Datos biográficos tomados de la página de Sufjan Stevens en
AsthmaticKitty.com.

DAVID HERSKOVITZ

Mariana 15/07/2006

No hay ateos en los huecos de los soldados en combate porque el terror de la muerte los lleva a reconocer que hay un mundo invisible, circundante a nosotros, que se compenetra con nuestra realidad diaria.
Hoy fui a ver la muestra antológica de David Herskovitz (1947-2006) en el ICPNA, lamentablemente mañana es el último día. Es una de las mejores exposiciones que he visto en Lima en los últimos años. Sin duda, recorrer esta exposición significa todo un viaje emocional del que no se puede salir ileso. Pese a mi esfuerzo, hay experiencias que no se pueden explicar con palabras.
Luis Eduardo Wuffarden, de agenciaperu.com escribio el siguiente artículo.
Al cabo de una vasta trayectoria y en plena madurez productiva, David Herskovitz (Indianápolis, 1925) no deja de ser reconocido hoy como una de esas grandes individualidades que marcan una suerte de "corriente alterna" en la evolución de las artes visuales peruanas a lo largo del siglo XX. Incorporado a la escena artística local desde 1960, este notable pintor de origen norteamericano construye su obra a partir de la lenta maduración de un vigoroso lenguaje figurativo, que resulta inusual entre los artistas de su generación. No obstante ser coetáneo estricto de los primeros pintores abstractos del país y de los vanguardistas norteamericanos -afiliados sucesivamente a la action painting, al pop y al minimal art- Herskovitz ha mantenido durante todos estos años una fidelidad irrenunciable a la pintura como espacio de representación y a una tónica expresionista heredada de los orígenes mismos de la modernidad que, a su vez, invoca remotos precedentes en el arte occidental.
Aunque es sabido que Herskovitz recibió las primeras clases de arte siendo niño en China, en un sentido estricto su período formativo transcurre en Nueva York durante los años de la posguerra, entre 1945 y 1950. Se verá influido entonces por maestros como Reginald Marsh y Harry Sternberg, quienes seguían adscritos al realismo social y urbano dominante en el arte norteamericano de los treinta, bajo el clima cultural de la Gran Depresión. Al iniciar su vida profesional, a comienzos de los cincuenta, la decidida opción figurativa asumida por Herkovitz se desarrollaría al margen de las corrientes de vanguardia que condujeron al triunfo del expresionismo abstracto y al protagonismo de Nueva York como nuevo centro del arte occidental.
Esa postura, marginal en su propio medio, influyó para que el joven pintor se trasladara por primera vez al Perú a mediados de 1960, atraído por las referencias dadas por un hermano suyo, quien le aseguró "un mundo pintoresco, de gran interés para su sensibilidad de artista". Ello se vio reflejado en dos grandes conjuntos de temas peruanos, producto de sus viajes por el interior, que presentó en la sala del Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Lima en 1960 y 1961. A raíz de la muerte de su primera esposa -la pintora peruana Hilda Zegarra Ballón- en 1962, su pintura se orientará hacia una mayor hondura reflexiva de aspiración espiritualista que se patentiza en la serie de "pinturas negras" de 1963, pero sobre todo en el ciclo de los "sacerdotes", exhibido en la sala del Instituto de Arte Contemporáneo en 1965, con el que concluye su primera estancia limeña. Se trata de una suerte de retratos imaginarios, en los que la parafernalia litúrgica que envuelve al personaje prima sobre cualquier caracterización individual.
Después de una estancia de casi cinco años en los Estados Unidos, Herskovitz emprenderá en 1970 su retorno definitivo al Perú. Este tránsito se expresa en el ciclo pictórico de los "carniceros", iniciado en el barrio neoyorkino del Bronx, donde vivía, y concluido en Lima durante los primeros años setenta. A partir de entonces, Herskovitz consolida su relación con el medio artístico local, en el contexto de una vuelta masiva a la figuración por parte de los pintores peruanos. También alcanza la madurez de su estilo personal, que cobrará un definido aliento narrativo, a diferencia de los personajes y "retratos" de su producción anterior. El desnudo y la sexualidad explícitos cobrarán primera importancia, junto con los temas bíblicos, políticos y las escenas urbanas. Todo ello resuelto sobre formatos de dimensiones "heroicas", con una factura impetuosa de agresivo cromatismo y abultadas texturas, que tomaba como punto de partida una suerte de "azar controlado", en relación paradójica con la tradición de la action painting asimilada para sus propios fines.
Durante los años ochenta, el expresionismo gozará de inusitada vigencia en el arte peruano de un decenio marcado por la violencia política y por el protagonismo de una nueva cultura urbano popular. Tanto las generaciones jóvenes de artistas como la crítica de este período favorecieron el reconocimiento público de Herskovitz, quien pasaría a ser la figura emblemática para un sector importante de la pintura figurativa peruana. Entre tanto, la capacidad experimentadora del artista lo condujo, a partir de 1982, en busca de una tercera dimensión para su lenguaje pictórico. Surgirían así sus cajas, retablos y las construcciones tridimensionales que completaron el gran ciclo de Verdún, realizado entre 1985 y 1986 para conmemorar uno de los episodios más sangrientos de la historia contemporánea. De inmediato, la serie "En el laberinto" (1987) encerraba, en su crispado lenguaje formal, un claro contrapunto localista en el que el artista reflexiona sobre la violencia en el Perú y homenajea a sus víctimas. Su trabajo oscilará desde entonces entre la temática dolorosa de "El hospital" (1980), por momentos en clave autobiográfica, y el optimismo encarnado en el conjunto ecléctico alrededor de la Oda a la Alegría de Schiller (1989), con el que concluye el decenio. A partir de 1993, la actividad del artista se desarrolla en el marco de una vida discretamente retirada, que discurre entre la ciudad Arequipa y su campiña.
El importante Premio Tecnoquímica, concedido en 1996, fue la última ocasión en que se pudo apreciar una visión panorámica de su carrera, y comprobar que su instinto de pintor se mantenía intacto. Diez años después, la presente muestra antológica intenta recapitular, a través de sus grandes hitos, el carácter religioso -en un sentido amplio-, pero sobre todo la aspiración trascendente de una personalidad artística tan singular como la de Herskovitz, cuya obra entera traza un puente imprescindible entre lo peruano y lo universal, al tiempo que se erige ante nosotros como una enriquecedora y memorable épica de la contemporaneidad.

BANSKY ¿terrorismo artístico o una nueva filosofía del arte?

Mariana 12/07/2006

Bansky es un artista que hace graffitis, es conocido por muchos aunque nadie le haya visto la cara. En su web se pueden encontrar sus trabajos, los cuales expresan una marcada crítica al consumismo y al estilo de vida actual. Tiene una orden de captura por colgar sus obras en los museos más importantes del mundo, es conocido como "el terrorista del arte".
En el British Museum, en la sala de arte rupestre, colgó una piedra sobre la que dibujó un hombre prehistórico empujando un carro de supermercado. En el Tate Museum colgó un óleo que mostraba una escena rural con árboles y flores atravesada por una cinta blanca en la que se leía la palabra "Police" escrita con letras azules, debajo, Bansky colocó una tarjeta explicativa que decía: "Bansky 1975. El crimen ha arruinado el campo. Esta nueva adquisición es un bello ejemplo del estilo neo post-idiotic. Nada se sabe de este artista cuya obra está inspirada por el cannabis y la televisión". En el Natural History Museum expuso su obra de una rata embalsamada que lleva una mochila en el lomo y lentes de sol en la cabeza; en The Metropolitan Museum of Art, un óleo de una mujer con un vestido blanco que parece ser de época con una máscara anti gas en el rostro; en el MOMA, una sátira de una sopa Campbell y un soldado que podría ser de la época de Napoleón con un aerosol en la mano, entre otros.
También "atacó" el muro israelí con nueve imágenes de stencil en Ramala. Extremadamente controversial por su ilegalidad, la muralla de 680 kilómetros, hecha de muros de cemento y rejas, construida sobre territorios palestinos pretende modificar unilateralmente los límites de 1967, llamados la "línea verde". Israel afirma que es necesaria para defender al país de ataques suicidas mientras que los palestinos afirman que es un intento de Israel para adueñarse de los sectores más fértiles de la región.
Esta pequeña nota que recuenta algunas de las actividades de este artista tiene como fin dejar abierta esta pregunta ¿estas acciones son terrorismo artístico como le denominan algunos o es un nuevo intento de recurrir al impacto público para difundir su filosofía?



A los 60 años, murió SYD BARRETT, el legendario fundador de Pink Floyd

Mariana 12/07/2006

Por Roque Casciero (Página/12)



Pocas figuras en la historia del rock han encarnado el mito del genio enloquecido y torturado como Syd Barrett, legendario fundador de Pink Floyd, quien falleció el viernes pasado en su casa de Cambridge, Inglaterra, por causas aún no determinadas (se habla de complicaciones de la diabetes y de cáncer). Es que Barrett fue una supernova que brilló intensamente durante un breve período y en 1968, producto de su frágil salud mental, combinada con dosis extremas de ácido lisérgico, abandonó la banda y se convirtió en un recluso. Solo salió para grabar sus dos álbumes solistas y, extrañamente, para visitar a sus ex compañeros de Pink Floyd, que registraban "Brilla tú, diamante loco" en su honor. Pero Roger Waters y David Gilmour tardaron en reconocer al joven bello y creativo en ese tipo gordo y con la cabeza rapada. Así de mal había quedado el autor de "See Emily Play", la primera canción de Pink Floyd que llamó la atención del mundo del rock.

El 6 de enero pasado, Roger Keith "Syd" Barrett había cumplido 60 años. Lo único que se sabía de él era que se dedicaba a pintar y, tras la muerte de su madre, a destruir sus obras terminadas. De vez en cuando aparecía alguna foto que lo mostraba convertido en un señor calvo, de mirada huidiza, que iba un par de veces al día a comprar cigarrillos y el Daily Mail. A veces accedía a ver algún documental sobre él mismo o firmaba ejemplares escogidos de un libro con imágenes suyas de los 70. Todavía mostraba signos de la paranoia que lo forzó a dejar Pink Floyd, pero era amable con quienes charlaban con él sobre temas cotidianos. Se dice que solía pasar varias horas de cada día sentado, mirando la puerta trasera de su casa.

Nada contrasta tanto con esa imagen como la del artista visionario que en 1965 había formado una banda junto al bajista Roger Waters, el baterista Nick Mason y el tecladista Rick Wrigth y la había bautizado juntando los nombres de dos de sus artistas de blues favoritos: Pink Anderson y Floyd Council. En poco tiempo, Pink Floyd se convirtió en una banda importante para el Swinging London y se presentaba seguido en el UFO Club, sitio clave para el rock psicodélico. El productor Joe Boyd (que luego trabajaría con Nick Drake e Incredible String Band) grabó "Arnold Layne", el primer single del cuarteto, que hablaba de un hombre que robaba ropas de mujer para travestirse. La canción llamó la atención del sello EMI, que firmó contrato con el grupo. "See Emily play", de 1967, fue el primer hit de la banda, que ese mismo año editó su primer álbum, The Piper at the Gates of Dawn. De las once canciones del disco, una llevaba la firma de Waters y dos las de todo el grupo: el resto era Barrett puro. Y no solo era el compositor principal, sino también el guitarrista que experimentaba con pedales novedosos y que usaba un encendedor metálico sobre el diapasón para extraerle sonidos distintivos a su Fender Esquire. Su sentido del tempo también era bastante particular, hecho que se exacerbó cuando su mente comenzó a fallar. The Piper... se grabó en los estudios Abbey Road, al mismo tiempo que los Beatles le daban forma a The Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. La mágica combinación de elementos psicodélicos hizo del debut de Pink Floyd una pieza única e irrepetible incluso para la propia banda, que tomó otros rumbos (más exitosos, por cierto) tras la partida de Barrett.


El disco llegó al top 10 y la banda a ganar cada vez más fans, pero el comportamiento de su líder era cada vez más inestable: el LSD no hacía sino complicar sus problemas mentales. En los conciertos, Syd ya era una molestia: a veces directamente no tocaba una nota y otras daba signos de enajenación. Waters recuerda que, durante la primera gira norteamericana de Pink Floyd, en el camarín del Cheetah Club de Santa Monica, Syd pidió un frasco de gomina y se lo volcó en la cabeza. Mientras el fijador se derretía y él se veía como si su piel estuviera en estado de descomposición, salió al escenario. En los programas de televisión no hacía la mímica requerida en las canciones y no contestaba cuando le hacían alguna pregunta.

De vuelta en Inglaterra, la banda incorporó un segundo guitarrista, David Gilmour, porque nunca se sabía si Barrett iba a presentarse o no. Le insistían para que fuera a tratarse, pero él no prestaba atención. Pasaba la mayor parte del tiempo mirando a la nada. Y un día de enero de 1968, camino a un show en Southampton, los miembros de Pink Floyd decidieron no pasar a buscar a Barrett. Se suponía que seguiría ligado a la banda como compositor, pero en el segundo álbum del grupo, A Saucerful of Secrets, solo había una canción firmada por él: "Jugband blues".

Después de compartir vivienda con el fotógrafo Mick Rock, quien se ocuparía de la imagen de la tapa de su primer disco solista, Barrett se mudó a un departamento en Earls Court, Londres, al que solo entraban sus ocasionales novias y los amigos más íntimos. Barrett había pintado de azul y rojo los listones de madera del piso (sin haber limpiado antes: se veía la basura bajo la pintura), salvo en el rincón en el que había depositado un colchón y un equipo de audio. De ese departamento salió para grabar, en 1970, sus dos discos solistas: The Madcap Laughs y Barrett. En ambos contó con la ayuda de sus ex compañeros de Pink Floyd: el primero fue producido por Gilmour y Waters, el segundo por Gilmour y Wright. Son dos trabajos de difícil acceso, pero que marcaron a artistas como David Bowie, Graham Coxon (ex Blur), Julian Cope y Robyn Hitchcock. Opel, publicado en 1988, es una recopilación de grabaciones inéditas de aquellas sesiones de 1970, y también el final de la discografía oficial de Barrett (aunque también puede contarse un maravilloso disquito con unas Peel Sessions). También fueron escasísimos los conciertos que hizo el cantante desde entonces, como solista (con la ayuda de Gilmour) y luego con una efímera banda llamada Stars.

En 1974, un atormentado Syd regresó a la casa de sus padres y nunca volvió a grabar o a presentarse en vivo. Cada tanto retornaba a Londres por un tiempo, hasta que en 1981 se recluyó definitivamente en el nuevo hogar de su madre, también en Cambridge. Prefería pintar y ocuparse del jardín, mientras sus ex compañeros se convertían en estrellas de una dimensión que a Barrett solo lo habría puesto más paranoico. En la misma casa que habitó durante los últimos veinticinco es donde Syd Barrett falleció "pacíficamente", según su hermano Alan. Es difícil que la muerte aumente el mito del artista torturado y genial más que lo que lo hizo su propio abandono del mundo. Es que no importa lo breve de su legado: para miles de admiradores en todo el mundo, el diamante loco nunca dejará de brillar.

DANIEL JOHNSTON. Un regreso y una despedida

Mariana 12/05/2006
Averiguando sobre el último disco de Daniel Johnston encontré este artículo donde anuncian su despedida de los conciertos.


Una de las más grandes figuras del underground americano se despide de los escenarios presentando las canciones de su último trabajo (Lost And Found) al tiempo que publica un escueto repaso a una carrera que se remonta a los primeros ochenta. Genio y figura hasta la sepultura, Daniel Johnston ha decidido decir adiós a su actividad en directo. Mucho tendrán que ver en ello sus últimos achaques de salud (el tejano estuvo ingresado el pasado mes de diciembre). Pero, como todo buen vaquero, nuestro singer songwriter favorito está decidido a morir con las botas puestas. Razón por la que acaba de iniciar una nueva gira presentando las canciones de su último álbum: Lost And Found (Sketchbook/Houston Party, 2006). Álbum que llega menos de medio año después de la publicación de Fear Yourself (Sketchbook/Houston Party, 2005). Y que coincide en el tiempo con la puesta en circulación del recopilatorio Welcome To My World (High Wire Music, 2006), vano intento de resumir en apenas veintidós canciones una carrera discográfica amanecida a comienzos de los ochenta en cintas de casete y que consta de una treintena de lanzamientos.

Daniel Johnston también ha sido noticia en las últimas semanas por el estreno comercial de The Devil And Daniel Johnston, documental centrado en la vida y obra de este cantautor con fijación por los Beatles, Beach Boys y el Capitán América. La película fue nominada a los Oscar y premiada en el pasado festival de Sundance. A todo lo anterior deberíamos sumar el concierto-homenaje que tuvo lugar recientemente en Londres con la participación de admiradores como Mark Linkous de Sparklehorse (productor de Lost And Found), Jad Fair o Vic Chesnutt; y las dos exposiciones de sus pinturas y dibujos que se están celebrando actualmente en Nueva York. Para concluir que, muy a su pesar, Daniel Johnston está de moda.
En cuanto a Lost And Found, este es un disco que no defraudará a sus seguidores. En él siguen presentes sus dibujos, su voz a punto de resquebrajarse (Squiggly Lines), su habitual sinceridad y expresividad, y esa capacidad para hacernos partícipes de su aniñada felicidad a través de canciones sencillas, descarnadas y cargadas de historias contadas de manera tan ácida como irónica: acerca de lo bien que le sienta la maría (Rock This Town), sus perennes problemas con el amor (Try To Love, History) o los recurrentes Beatles (The Beatles). Para ello emplea rock lo-fi (Rock This Town), psicodelia, tonadas íntimas a piano y violín (Try To Love), ritmos hip hop acompañados de trompetas (The Beatles), dejes surferos (Lonely Song), country con slide y escobillas (County Song) y aires hawaianos (It’s Imposible). Lost And Found será puesto a la venta el próximo 2 de mayo. Un mes más tarde, Daniel Johnston ofrecerá un único concierto en la Península en un día muy señalado: 06/06 Barcelona – Sala Apolo. (Zigor Cavero 27/4/2006)

NICK DRAKE – Pink Moon

Mariana 12/05/2006


Realmente hay pocos discos de la historia de la música que tengan ese halo de misterio y de grandeza que rodea al último trabajo de Nick Drake. Realizado cuando el autor apenas contaba con 24 años, y tras el fracaso comercial de sus dos anteriores discos, en este último álbum nos encontramos al Nick Drake más puro y desnudo de toda su carrera. Once temas, poco más de 28 minutos de un folk-rock genuinamente británico, interpretados directamente por Nick Drake en la primera sesión de grabación, que van convirtiéndose según lo escuchamos en parte de nuestra propia historia. Once temas desnudos frente a nosotros, mostrándonos a un Drake casi destruido, perdido y con miedo. A menudo la gente se plantea si el disco tendría la misma coherencia si Drake siguiese vivo. Es una pregunta difícil de responder, pero ciertamente el álbum habla sobre la muerte, eso es evidente, y lo hace de un modo descarnado, como si esta fuese algo inevitable y contra lo que no tiene sentido luchar. Cada nota parece recordarnos eso, la pérdida y la tristeza de esta, pero una tristeza contenida por la melancolía, nada grandilocuente.

Y si una canción podía iniciar un álbum así, esa es sin duda Pink Moon. Una de las joyas que nos esconde la historia de la música es esta composición sencilla, fruto de la voz de Drake, su guitarra y unos ligeros toques de piano. Todo ello en una melodía clara, con una letra sin complicaciones pero de una sensibilidad increíble. Esa "Luna Rosa" que es la muerte y que nos atrapará a todos, nos introduce en el mundo de un artista maldito que mira a la cara a su propia destrucción. De hecho el propio Drake dijo después de este trabajo que no le quedaba nada más que grabar, que podría escribir para otros, pero que no quería seguir grabando.
Pero si algo acaba de hacer grande al disco, más que grande enorme, es cómo tras el inicio con esa obra maestra consigue seguir adelante, y mostrarnos una y otra vez los límites creativos de Drake. Place to be, con su toque melancólico y esa grandiosa frase inicial ("When I was younger, younger than before"); Road, con esa guitarra simplemente grandiosa y ese ritmo un poco más subido, cercano a lo progresivo, tan adecuado al título de la canción... Todos los temas van uniéndose para darnos un fresco vivo de la mente de un autor en un momento crítico.
Y es que todos y cada uno de los cortes son realmente imprescindibles. Wich will, con una interpretación vocal impresionante y llena de sentimiento es otra de las cumbres de la grabación. Esa pena, contenida entre las notas de la guitarra acústica de Drake, parece salirse de los altavoces en todo momento, invadiéndonos. Y para continuar el tour-de-force por esa existencia torturada nos encontramos con Horn, una pequeña delicatessen instrumental que nos da el descanso necesario con su minimalismo para lo que aún nos queda por delante.
Y por delante nos quedan algunas de las piezas más duras de Drake. Things behind the Sun es uno de los momentos centrales del disco, situada además en el centro del mismo, de modo muy adecuado. Una de las letras más complejas del álbum nos sirve como puerta hacia el miedo al mundo que atenazaba en ocasiones a Drake, en un ejercicio de liberación de sus demonios interiores realmente increíble. Tras esta nos encontramos con otra de las muchas maravillas de este Pink Moon: Know. Basada totalmente en la habilida con la guitarra de Drake y en una melodía muy clara, tal vez siga la línea anterior de Road, si bien aquí la letra directamente pasa a depender de un modo innegable de la mera presencia de Drake. Aún así este no deja de sorprendernos, y las pocas frases del tema son realmente magníficas.
Y tras ese nuevo momento de relax volvemos al Drake más roto, más destruido en su interior con la desgarradora Parasite. Una reflexión dura sobre su propia condición, incluyendo uno de los estribillos más terriblemente descorazonadores de la historia de la música. Aquí estamos ante otro de los momentos fundamentales del disco, y posiblemente un punto de inflexión en el mismo, el momento en que los demonios de Drake ya parecen estar casi totalmente expresados, cuando el autor ya puede relajarse.
Y así en Free ride nos encontramos con una vuelta al estilo de Road o Know, una canción menos dura, pero igualmente bella, que parece haber sido realizada para que suene en un largo viaje a bordo de un coche. La melancolía en esta ocasión es casi americana en esencia, pareciendo querer llevarnos a viajes a lo largo de inacabables campos donde la vista se pierde en el horizonte. Y todo ello sin abandonar un cierto sentimiento de pérdida, de abandono, pero en esta ocasión todo parece estar más controlado, más civilizado. Y lo mismo ocurre en Harvest Breed, donde el sentimiento de pérdida absoluta de la letra, una letra de absoluta desesperación, se ve contrastada con una música más alegre de lo habitual. Esto crea un contraste que, lejos de resultar chocante, se convierte en un valor más de la corta canción, dejando un sentido de epifanía que solo puede guiarnos al último tema del disco, que no es otro que el momento luminoso del mismo.
From the morning se erige entonces en el momento más positivo del álbum, en una especie de coda final donde, tras el paseo por su infierno personal, el autor parece encontrarse de nuevo con la belleza del mundo. Un final poético y totalmente adecuado para un disco único, que termina con un toque positivo que consigue que cuando acabe hayamos visto la redención de un artista.
Tal vez en consecuencia con su última creación Nick Drake murió apenas dos años después, cuando ya había cumplido los 26, por una sobredosis de medicamentos, aunque nunca se sabrá si fue un suicidio o algo accidental. Lo que es cierto es que esto no ayuda sino a acrecentar su mito y a que miremos de un modo distinto la tristeza y melancolía que impregnan todo su último trabajo. Pero de todos modos, independientemente de lo que pasara en su futuro, lo cierto es que Drake había creado en Pink Moon una obra maestra, uno de los mejores discos que se hayan realizado nunca. Lo que siempre nos quedará será su música, y en Pink Moon esta era simplemente sublime.

THE PROPOSITION

Mariana 12/05/2006

Nos encontramos ante la tercera incursión en bandas sonoras que firma Nick Cave. Tras Ghosts Of The Civil Dead (1989) y To Have And To Hold (1996) , llega The Proposition, western ambientado en la Australia del siglo XIX, que cuenta con el guión del propio Cave y para cuya música ha contado como aliado con el Bad Seed y miembro de Dirty Three, Warren Ellis. Dieciséis temas que lejos de recordar al habitual lirismo del australiano, se mueven por parajes oscuros, fantasmales e inhóspitos. Ecos de blues, toques de folk, fragmentos de himnos de iglesia, canturreos y quejidos, acompañan a las percusiones, pianos, los loops de violín y las voces de Cave. The Proposition incluye desde esbozos (“Road to Banyon”), a lamentos hechos canción en clave gospel (“Moan Thing”). Pasa del carácter quejumbroso de temas como “Down to the Valley” a la oscuridad de las tres partes de “The Proposition” o los ambientes axfixiantes de “The Rider” (también sus tres versiones). Y se asoma a lo evocador (“Martha’s Dream”), para terminar con un el bálsamo de paz compuesto por “The Rider Song” y “Clean Hands. Dirty Hands”.
TÍTULO: The Proposition / PRODUCTORA: First Look Studios / AÑO: 2006 / DURACIÓN: 104 min / DIRECTOR: John Hillcoat / REPARTO: Guy Pearce, Ray Winstone, Danny Huston, John Hurt, David Wenham, Emily Watson / GÉNERO: Drama / SINOPSIS: Ambientada en los años ochenta, esta película se abre en medio de una enloquecida lucha armada entre la policía y una banda de fueras de la ley. Charlie Burns (Guy Pearce) y su hermano Mikey son capturados por Capitán Stanley (Ray Winstone). Se les busca, junto con su hermano psicópata Arthur (Danny Huston), por un brutal crimen. Stanley le hace a Charlie una proposición, aparentemente imposible, en un intento de poner fin al ciclo de violencia sangrienta.
Emily Watson interpreta a la esposa de Stanley, Martha Stanley; John Hurt interpreta a el caza-recompensas Jellon Lamb y David Wenham interpreta a Eden Fletcher, el poderoso terrateniente local.

La estirpe de la luna – por Christian Ferrer

Mariana 12/05/2006
Encontré este ensayo en internet y me pareció interesante. Aquí va.

Hay seres cuya existencia entera está afectada por la Luna. Nick Cave es uno de esos seres lunares. No es la luz, sino la oscuridad la que concede vigor y pensamiento a estos hombres. La luna es un sol para la noche y sus criaturas: irradia un poder mágico, denso y aurático. Y hay mariachis que le cantan salmos retorcidos a modo de retribución: canciones negras y cuerpos poseídos sobre el escenario de pequeñas discotecas. Remedios para licántropos. Quizás. La luz lunar se corresponde con el único músico de rock contemporáneo cuyas obsesiones religiosas lo colocan en una tierra de nadie donde Dios aún amonesta y persigue a la descendencia de Caín. No es poco en un mundo en el cual los rockeros constituyen ya un nuevo modelo de bienpensantes bien pagos: una peste institucional. Transgresión y capital es una de las parejas consagradas del primer mundo. Cave no está "contra" sino fuera de la ley. Casi anacrónica, su rebelión está dirigida contra la creación misma. En cierto modo, es un personaje inaccesible a la pesadilla social, aunque sufre la pesada cruz del mal que asuela su propia alma. Nick Cave es un pecador, más no un integrante de la nueva ciudadanía progresista que pretende mejorar a la humanidad. Un amotinado espiritual antes que un reformista social.Los héroes y personajes de Cave no son los revolucionarios o los desprotegidos, sino los rechazados, los sufrientes, los perseguidos y los emocionalmente torpes. Algunos prontuarios: el condenado a muerte, el negro linchado, el predicador lunático, los solitarios de la gran ciudad, la troupe del circo, el "hombre buscado vivo o muerto", el pecador impenitente, la asesina pasional, el borracho desesperanzado, los hombres taciturnos y ariscos, las mujeres fatales o condenadas. Un retablo de misántropos y almas perdidas. Las grandes metrópolis aturden y desesperan a estos convidados al aquelarre de los extraviados, pero la luna piadosa desliza un hacha vengativa entre sus dedos. En las canciones de Cave la ciudad es un gran basural, una ciénaga donde fermentan pecado y dolor; y el hogar, un sitio donde no se es bienvenido. Odre reseco a cuya piel están cosidas fauces insaciables, la ciudad necesariamente nos transforma en criminales o, cuanto menos, en seres sufrientes y agresivos que se defienden replicando con humor tétrico y sarcástico a la indiferencia o el desprecio de las satisfechos. En el cielo "los santos están borrachos y las carrozas de los ángeles chocan entre sí" y en las calles "piquetes de linchamiento y escuadrones de la muerte" escrutan los semblantes "mientras nacen bebés sin cerebros todo el tiempo y la muerte nos asalta desde cada puerta".Tampoco en el amor hay salvación. El amor es un virus que el demonio inocula en la piel. En los ojos de las mujeres está cincelada una lápida y sus cuerpos son tumbas abiertas. Cave comparte con Baudelaire la misma concepción de la urbe y del amor. Si el progreso promete mayor corrupción y el matrimonio evoluciona como una carie, la salvación parece residir únicamente en la incitación a ejercer la piedad y en alusiones repetidas al juicio final que anunciaría la purificación de las ciudades. Nick Cave, como buen teólogo negativo, es un moralista. El Cristo crucificado en sus canciones es una metáfora de nuestra condición de espantapájaros que resisten la tormenta, la muchedumbre o la ley ("todos los martillos están hablando / todos los clavos están cantando / y una sociedad de prostitutas clava agujas en una imagen de mi"). Es el vía crucis del cuerpo sufriente en las grandes capitales del siglo XX el tema obsesivo de Cave. ¿Un rockero religioso? En su casa natal de Warracknabeal, pueblo australiano con un solo bar, sus padres leían la Biblia cotidianamente. Las heridas de los personajes de Cave se niegan a cerrar, su dolor aporta al cuerpo una suerte de agudeza crítica. Esos cuerpos atraviesan un pantano. Sus pies son raíces sedientas. La oscura savia transportada a la mente es negra y espesa, similar al agua del manantial viciado del que manó. Cave define a la vida como un "tren de resignación que avanza sobre raíles de dolor". La memoria es el maquinista ciego incapaz de olvidar, de purgarse. El sufrimiento penetra lentamente en el cuerpo, calándolo, esculpiendo estrías y grabando moretones en la piel.Pero hay un antídoto: cantar, como un ademán de resistencia, una protesta indignada ante el naufragio espiritual. Cave canta con los órganos, en cada una de sus interpretaciones expresa una desesperación estremecedora o una especie de insanía inquietante. Pero la música no transporta su alma a ningún paraíso artificial. En alguna canción escribió que "la música arranca la sangre". Se sabe que el cuerpo de Cave fue durante años una ciudadela sitiada. Un cuerpo tomado desde dentro por un veneno pálido que remaba en la corriente sanguínea. Un prisionero sin voluntad de fuga, pero a la vez un reo cuyo torso y boca se retorcían en el escenario confrontando la enfermedad social con una de las voces más perturbadoras de la música actual. En su mente brilla la luna heroinómana. Cave recogía los despojos que el cuerpo sufrido segregaba en la garganta. Eso es una voz liberadora. Pues la música arranca la sangre.Los espíritus regidos por el sol continúan linajes distintos a los que guían a los seres lunares. No es difícil reconocer en la obra de Cave las influencias de un tardoromanticismo de índole maldita. Baudelaire seguramente, pero también, antes, el Goya de los Caprichos y los Desastres de la guerra. Cave ha interpretado canciones de Bob Dylan, de Leonard Cohen y de Neil Young, no casualmente músicos impregnados por diversos matices de religiosidad. Por momentos, el uso recurrente que hace Cave del lenguaje bíblico lo asemeja a un pastor ya muy baqueteado. Pero él, al igual que Goya, sólo quiere retratar algunos atributos de la naturaleza humana contemporánea: la necesidad, la crueldad de las multitudes, la iniquidad entendida como pecado -y no como pésima distribución de recursos económicos-, la cobardía moral, la resignación destructora de la alegría, la ineficacia de la oración para salvarse. Se trata de una visión de la vida a la vez religiosa y pesimista, romántica y nihilista. Cave es de los que se pasan el día cavando la propia tumba, pero con la mirada puesta en las puertas todavía cerradas del Hotel de Dios, donde "todo el mundo estará ciego / y no se verá un letrero en la puerta principal que diga / "se prohibe la entrada a indios y negros" / donde todo el mundo tendrá un cielo / y no verás garabateando en la pared del lavado / "deja que Rosy te haga ver el paraíso, llama al 686-844". El rock no es para Nick Cave una forma de vida ni un objetivo político-cultural ni un estilo generacional: es un medio para expresar esas urgencias espirituales. En los últimos quince años, Cave se ha valido de diversos géneros (el punk, el rock industrial, el blues, la balada, la letanía, el country): ha utilizado la música como un bálsamo potente que alivia el peso que amenaza quebrar la clavícula de sus personajes, tratándolos con ira despreciativa y con emocionada misericordia. Es su modo de conjurar la suciedad del alma y la corrupción social, entonando lamentos negros a la hora en que sale la luna.

HOWE GELB y sus bandas

Mariana 10/05/2006

Howe Gelb es un músico que no ha parado en los últimos veinte años. Durante las dos últimas décadas ha editado veintisiete álbumes con Giant Sand, doce en solitario, cuatro con The Band Of Blacky Ranchette y uno con OP8; 44 trabajos en total sin contar singles, colaboraciones con grupos de colegas, recopilatorios, etc. A continuanción reseño algunos discos básicos:
Confluence (Howe Gelb; 2001) es la continuación de Hisser, el álbum que en 1998 publico el sello V2. Este álbum es una nueva llave maestra para su música, este disco es una elegía a la memoria de su viejo amigo y colaborador de Rainer Ptacek, el cual falleció un año antes. Aunque Confluence retiene la atmósfera íntima de su predecesor, el resultado final es más dinámico y recuerda más a la exuberante improvisación de Giant Sand, también con gran personalidad. "Recording is best used as a pretty good reason to hang with the family of friends globally scattered", recuerda Howe. Llevando este credo a su corazón, Howe grabó estas canciones en diferentes lugares y con la inestimable ayuda de sus numerosos y talentosos amigos. Un viaje a Bristol le brindó la jugosa colaboración con John Parish (PJ Harvey), el cual ya había trabajado en el álbum de Giant Sand Chore of Enchantment (también en Thrill Jockey). De vuelta a Estados Unidos, Howe graba con Kevin Salem en su estudio de Nueva York. Y en Arizona, Howe pasa mucho tiempo con Craig Shumacher en los Wavelab Studios, produciendo su sobrio y bello homenaje al "Can't Help Falling in Love" de Elvis. Además, se hicieron más grabaciones como resultado del gratificante encuentro con las chicas del grupo Candy Prune, y por supuesto con sus colegas de Giant Sand: Joey Burns y John Convertino, además de otras grabaciones procedentes de furgonetas, cuartos de baño y "college radios" de América y Europa. Así pues, muchos ríos lo han llevado hasta aquí, y este disco es su confluencia.
Cover Magazine (Giant Sand; 2002). Notas de Howe: "Creo que es necesario un tiempo de reciclaje. Hay demasiado material por ahí fuera. Quizás incluso el ozono sufra por los montones de compositores, y sus emisiones, que flotan lentamente y se enmarañan allá en la atmósfera. Este disco tenía que ser liviano. Está grabado, en su mayoría, en directo en el estudio, con la intención de ver dónde estábamos (John, Joe y yo) con cada uno, en cada momento". 1. El Paso (Robbins)/Out on the Weekend (Young). "Bueno, un día nos dimos cuenta de que ambas canciones compartían estructura de acordes. Cuando lo intenté casi estaba equivocado, pero tan cerca de lograrlo que forcé su edición. Después de aplicarles la cirugía, me dí cuenta de que las letras de ambas reflejaban similar envoltorio. ¿Por qué el chico triste hacía las maletas? ¿Por qué dirigirse a L.A.? ¿Qué problemas dejaba en Tejas?" 2. Johnny Hit and Run Pauline (Doe, Cervenka). "Los X fueron un importante grupo para nosotros en los 80 de Tucson. Tuvimos el sentido común de telonearles entonces. Dejo la pista aquí solo con una acústica con un switch A/B para el ampli, añadiendo por encima un poco de white noise de la radio, y salpicando con Polly (PJ Harvey) por probar. Específicamente, cuando me dí cuenta de lo joven que ella sería en 1980, y añadiendo que no los había escuchado nunca, supe que habría una especie de fundición triangular interesante." 3. Iron Man (Iommi, Butler, Ward, Osbourne). "Una de las mejores canciones nunca escritas y, singularmente, estupenda para reinterpretarla. Escuché a los chicos de Libre de Grase, y sentí el inmenso deseo de tocar el piano con ellos. Toda vez metidos en el ajo, Ozzy se convirtió casi en una obsesión. Después de la sesión un tanto obtusa, me dí cuenta de que el desagüe de mi baño podría encajar perfectamente por encima. ¿Ves cómo se mezcla con las congas?" 4. Human/Lovely Head (Goldfrapp, Gregory, Norfolk, Locke/Goldfrapp, Gregory). "John Parish me dio un disco en el que estaba tocando cuando estábamos de gira. Era Goldfrapp. Me metí con el disco en la litera durante unos cuantos kilómetros (no es que esas literas no sean muy distintas de un ataúd, pero sí cercanas a una banda sonora). Tania Bowers, del grupo, me mandó un cd con música propia (Via Tania) y, sin decirle nada a John y Joe, mientras grabábamos la canción ponía sus canciones aquí y allí con una mano en el walkman, y otra en el piano. Bonita mezcla." 5. The Beat Goes On (Bono). "En algún lugar de España, un colega puso, mientras nos conducía a un festival, esta versión de Buddy Rich y su hija de doce años. No pude quitármela de la cabeza. John, Joe y yo nos portamos como profesionales en el estudio, una mañana entera, y entonces pillamos en una sola toma esta interpretación, y cogimos el resto del día libre." 6. Plants and Rags (Harvey, Ellis). "Conocí a Polly a través de John Parish. Ellos me ayudaron cuando intentaba montar un disco tributo a mi amigo Rainer Ptacek, por aquel entonces aquejado de cáncer. Ni siquiera lo conocieron a tiempo, y siempre les querré por eso. Desde entonces creció el enamoramiento por los giros de toda una Polly…" 7. Wayfaring Stranger/Fly Me to the Moon (Cash/Howard). "Esta es una de las primeras canciones que Rainer me enseñó en los 70. Estaba, junto a él, dentro de mí. Supongo que va y viene por mis dedos desde entonces. También fue la primera sesión de la grabación, con los micros sin ajustar bien del todo. Pero, ¿cómo se puede controlar dicha cosecha? Tarde, por la noche, cuando todos se habían ido, Craig y yo estábamos empezando a torcernos un poco, cuando Neko Case, Kelly Hogan, y toda su troupe desembarcaron con su equipo, para su inminente sesión. Timing perfecto. Estaban tan cansados por el viaje que, más que nunca, todo tuvo sentido." 8. Red Right Hand (Cave). "La esposa, de nuevo. Ella me hizo aprenderme esta. Es tan buena… ¿Qué puedo decir? Podría ser construida como un cuento de Navidad, extrañamente encubierto, sobre San Nicolás acechando por los campos." 9. King of the Road (Miller). "Esta me asaltó en Chicago, momentos antes de un concierto de Fin de Año con Calexico. Ja. No sé qué significa, por otra parte." 10. I'm Leaving Now, Adios (Cash). "Johnny y Merle cantando el uno al otro. ¿Quién podría resistirse? Gran manera de dejarse llevar." 11. Blue Marble Girl (Gelb). "Supongo que esto es una versión por el hecho de estar en un disco en solitario, y no en uno de Giant Sand. Esa tarde se grabó en un gran camión, en Oslo, donde estábamos abriendo para el tour de Polly. Desde que Calexico empezaron las giras, reuní esta banda con las chicas francesas de Candie Prune (aka Andice Rupen), y las buenas gentes de Grandaddy. Una lágrima se me cae al recordarlo…" 12. The Inner Flame (Ptacek). "Lo mismo, pero esta vez con las canciones que Rainer escribió durante su último año en este planeta. La familia reinventada, y capturado, esta vez, en Noruega." 13. The Beat Goes On (Bono). "Lo primero que hicimos fue este show en una radio de Bruselas, durante aquella gira con Polly. No teníamos ni idea de qué hacer, así que los chicos empezaron a golpear las cervezas, y las chicas a hacer gorgoritos. Todos con muy buenos augurios."
El primer álbum (homónimo) de THE BAND OF BLACKY RANCHETTE se editó en 1983, con 400 dólores. A Heartland (1986) siguió; tres años después Sage Advice y finalmente Still Looking Good To Me (2003), que no es tanto un vehículo para explorar en las raíces del country como un camino que le permite a Howe Gelb rodearse de un grupo de amigos con talento. "Fuimos todos juntos a tocar esta música del oeste porque nos encanta. Éramos jóvenes y temerarios… intentando liberar cada elemento de los viejos discos de country que creíamos que eran tan mayúsculos", comenta Gelb. En este disco colaboran entre otros: Neko Case, Richard Buckner, Kurt Wagner (Lambchop), M. Ward, Cat Power, The Sadies and Jason Lytle (Grandaddy), Calexico... Además de máximo responsable de este proyecto es líder de Giant Sand, aficionado a confundir a los fans con sus rápidos giros musicales, utilizando varios efectos diferentes a la vez sobre voces diferentes, modificando partes de una canción varias veces dentro de la misma canción… Gelb tiene una facilidad interminable para preguntar "¿y si…?" que da a su música elegancia y originalidad. Él es un espíritu libre que guía a los alegres BAND OF BLACKY RANCHETTE. Still Looking Good To Me ha sido grabado en carros, estudios, vestíbulos… por citar solo algunas localizaciones. En este momento histórico de desarrollo tecnológico, los ingenieros pueden perfeccionar cada nota y los conciertos pueden ser mucho más potentes merced a las sinfonías generadas por los ordenadores. La tecnología puede simular casi cualquier cosa, pero nunca podrá contestar la chispa y energía de un buen jam.
En The Listener (Howe Gelb; 2003) late una vitalidad muy especial, fruto de su estancia en Dinamarca, donde vivió con su esposa durante medio año en el 2002. Al igual que sucediera con su predecesor, The Listener se grabó en varios lugares, desde Estados Unidos, pasando por Dinamarca o Italia. El álbum lleva la impronta de Howe, una mezcla de post-folk más americana a la que ahora, también, se suman elementos de free-jazz. El disco cuenta con numerosos colaboradores de lujo como John Convertino (compañero de filas en Giant Sand) que toca la batería en varios temas, como en el soberbio instrumental que abre el álbum, Glisten, con un piano alucinante, Brett Spars que canta con Howe y toca el piano en Moons Of Impulse o Henriette Sennenvaldt, en un mano a mano en la canción Torque (Tango de la Tongue), una de las piezas enormes de este disco.
Para este Is All Over Map (Giant Sand; 2004), Howe Gelb ha contado con la colaboración de nombres de la talla de Vic Chesnut, Scout Niblett y John Parish. De Gelb y de este último disco ha dicho Mr Parish: "Algunas veces ocurre cuando escuchas una canción por primera vez que te engancha tanto que te es imposible creer que no había existido siempre, Classico del nuevo álbum de GIANT SAND es un ejemplo perfecto. Las letras de Howe en Classico y a lo largo de todo el disco son únicas, van desde la carcajada sorda al dolor conmovedor pasando por las situaciones más estrambóticas. Si solo se le permitiera a una persona en el mundo seguir haciendo canciones, ese debería ser Howe Gelb".



Entrevista a Howe Gelb en España (2004)

¿Vives en Tucson, como los Supersuckers antes de emigrar a Seattle, para poder vestir más a menudo sus ropas de cuero? Tucson es una pequeña ciudad localizada en el sur de Arizona, más o menos a 160 kilómetros al sur de Phoenix y a 96 kilómetros al norte de la frontera con México. Está situada en un valle plano y desértico rodeado de áridas y ásperas montañas. Aquí tenemos un clima que oscila desde lo tibio hasta lo caluroso. El desierto que rodea a la ciudad está repleto de gigantescos cactus que superan los diez metros de altura. Puedes conducir tu automóvil a través de verdaderos bosques de cáctus. También te podría hablar de la ciudad de Tombstone. Ciudad y campo. Unos amigos visitaron Tombstone este verano pasado. Se halla a hora y media en automóvil de Tucson, a través del desierto y las cordilleras, que todavía mantienen numerosos ranchos ganaderos. Es un auténtico pueblo minero del Viejo Oeste, mejor conocido como el del ‘Gunfight at the OK Corral’ (Duelo en OK Corral). La calle principal fue restaurada de manera idéntica a cómo era en 1881, cuando Wyatt y Virgil Earp, junto con Doc Holiday, mataron a Billy Clanton y a los hermanos McLaury. También se puede visitar ‘Boot Hill’, la tumba de Clanton y los McLaury. Como puedes ver, soy un buen guía de Tucson y alrededores, je, je, je. ¿Eres un chico de campo o un hombre de ciudad? Soy un hombre de campo en la ciudad, excepto cuando soy un hombre de ciudad fuera del campo. La verdad es que en Tucson me encuentro muy a gusto. Es un sitio muy especial para mí. Las cosas que aquí ocurren tienen su ‘intríngulis’, con el desierto, las noches, que son muy especiales, el viento, el cielo abierto… Bueno, en general, dicen que en Arizona ocurren cosas que seguramente no ocurrirían en otros sitios. ¿Por ejemplo? Circulan muchas leyendas antiguas, misterios… Realmente, el influjo del desierto resulta algo evidente. Aunque, por otro lado, también me considero un hombre de ciudad, ya que hace muchos años viví en Nueva York y me relacioné con el ambiente artístico y musical que predominaba allí en los años 80. ¿Dejarías alguna vez el desierto? Arizona ha sido y es algo maravilloso para mí. No me gustaría hablar mal de este lugar después de todas las sensaciones y experiencias que saco de aquí. Artísticamente, ¿te consideras un artista minimalista? En tu nuevo álbum recuerdas a los últimos Lou Reed y Nick Cave. Sí, puede ser. En ocasiones procuro que mis canciones no tengan demasiados artificios en sí, pero otras veces me gusta ‘vestirlas’. Juego mucho con los temas. Está muy bien que te recuerden a Lou Reed y Nick Cave: son dos artistas que hacen cosas interesantes dentro de la música. ¿Qué diferencia existe entre componer con el piano y la guitarra? Bueno, sinceramente, el piano es como un mueble que quiere ser movido, que quiere que lo trasladen de un sitio a otro. En cambio, la guitarra es un instrumento que nunca está seguro de lo que quiere. Curiosa explicación. Sí, muchas veces la guitarra solo desea estar colgada de uno mismo. Son dos instrumentos que utilizo mucho para mis composiones y a ambos les otorgo un tratamiento diferente. Investigo con ellos, los acaricio, los toco… ¿Eres consciente de que, seguramente, nunca serás un artista famoso, al menos, en su faceta comercial? La fama siempre me ha sonado como algo que acarrea demasiados problemas. ¿Por qué? Me divierto siendo perezoso. Mi mayor problema es que debo trabajar duro para seguir siendo un vago. Bruce Springsteen es un artista muy grande y muy comercial. Y el caso es que yo llevo componiendo canciones casi los mismos años que él y tengo muchos discos publicados, tanto en solitario como con Giant Sand y el grupo The Band Of Blacky Ranchette, por el cual han pasado y van pasando los mejores músicos del sonido ‘americana’ que ha habido y que habrá. También he colaborado con PJ Harvey, John Paris, Christin Hersh, Cat Power… ¿Qué clase de público acude a verte? Siempre pienso que es parecido en todos los lugares, hasta que me doy cuenta de que en realidad no lo es, je, je, je… Ya sabes, en Estados Unidos hay muchos sitios diferentes y variados para tocar. En ocasiones suelo actuar en teatros, otras veces lo hago en clubes, en salas… En abril también ofrecí varios conciertos con el grupo Wilco por Estados Unidos. El ruido de la sangre. ¿Qué importancia das a las letras de tus canciones? Para mí, tanto la música como las letras tienen la misma importancia y la misma entidad. Van unidas. Pero puedes estar seguro de que las palabras nunca muestran nuestras sensaciones y nuestros sentimientos, sino que se sitúan como un vecino cercano a esos sentimientos. ¿Y la música? La música es algo que se percibe desde que nuestros oídos fueron formados en el vientre de nuestra madre: el golpeteo de los latidos del corazón, el ruido blanco de la sangre al circular por el cuerpo, el murmullo de algo que habla y se expresa por debajo de nuestra piel, el alboroto de una aspiradora… Todo eso conforma nuestra primera música y resulta más sensitivo de lo que las palabras puedan ser nunca.