miércoles, 28 de febrero de 2007

Salvar el mundo

El prestigioso biólogo norteamericano Edward O. Wilson recibirá el próximo 8 de marzo el premio TED 2007 por su libro La creación, del que brindamos aquí un anticipo. La distinción honra a quienes luchan para preservar la vida en el planeta. Wilson, también ganador del Pulitzer, fue quien acuñó la expresión "biodiversidad".


Carta a un Pastor: saludo inicial
(por Edward O. Wilson)

Estimado Pastor:

Aunque no nos hemos encontrado personalmente, tengo la impresión de conocerlo bastante y me siento autorizado para dirigirme a usted como amigo. En primer lugar, tuvimos la misma formación religiosa, pues me crié en Alabama, en el seno de una familia baptista, congregación cristiana fundamentalista de los Estados Unidos. Respondí al llamado evangélico y fui sumergido literalmente en las aguas. Si bien no comparto ya las creencias cristianas sobre la intervención divina, estoy seguro de que, si nos encontráramos y habláramos sobre nuestras más íntimas concepciones, lo haríamos en un clima de respeto y buena voluntad porque nos unen muchos preceptos de conducta moral. En la medida en que estas cosas puedan todavía influir sobre la cortesía y la gentileza, quizá también tenga importancia el hecho de que los dos nos dediquemos a tareas intelectuales con un espíritu humanitario.

Le escribo para pedirle ayuda y consejo. Desde luego, no hay manera de eludir las diferencias que separan nuestras respectivas cosmovisiones. Usted acepta el carácter trascendental de las Sagradas Escrituras judeocristianas y cree en la inmortalidad del alma. Para usted este planeta es una suerte de estación hacia una segunda vida eterna pues la salvación está garantizada para los redimidos en Cristo.

Yo, en cambio, soy un humanista laico. Creo que la existencia es lo que hacemos de ella en cuanto individuos; que no hay garantía alguna de vida después de la muerte y que el cielo y el infierno los construimos nosotros, en este planeta. No hay para nosotros otra morada. Pienso que la humanidad surgió en la Tierra por la evolución de formas inferiores de vida a lo largo de millones de años; para decirlo sin pelos en la lengua: que nuestros antepasados fueron animales similares a los grandes simios. En mi opinión, además, la especie humana está adaptada física y mentalmente a la vida en la Tierra y no en cualquier otro lugar. No obstante, compartimos un código de conducta ético fundamentado en la razón, la ley, el honor y su sentido innato de la dignidad que algunos atribuyen a la voluntad de Dios.

Usted hablará de la gloria de una divinidad invisible; yo, del esplendor del universo que por fin se nos manifiesta. Usted dirá que Dios se encarnó para salvar a la humanidad; yo diré que Prometeo robó el fuego sagrado para liberar a los hombres. Puede ser que usted haya alcanzado ya la verdad última; yo la busco aún. Es posible que yo esté equivocado o que usted esté en el error. También es posible que los dos veamos sólo parte de la verdad.

¿Acaso estas discrepancias en nuestra cosmovisión nos separan en todo? No lo creo. Tanto usted como yo, como todos los seres humanos, bregamos por alcanzar las mismas metas de seguridad, libertad de elección y dignidad; en suma, por una causa que a nuestro parecer nos excede. Si está de acuerdo, podemos intentar encontrarnos de este lado de la metafísica para encarar el mundo real que compartimos. Lo digo de esta manera porque está en sus manos resolver un enorme problema que me preocupa por demás y que espero que a usted también lo preocupe: le propongo que dejemos de lado nuestras diferencias para salvar la Creación. La defensa de la naturaleza es un valor universal que no proviene de ningún dogma religioso ni ideológico, y que no implica tampoco respaldarlo. Por el contrario, está al servicio de toda la humanidad sin discriminación alguna.

Reverendo: necesitamos su colaboración. La Creación -la naturaleza viviente- está en riesgo. Los hombres de ciencia estiman que si la transformación del hábitat natural y otras actividades humanas destructivas continúan con el ritmo actual, la mitad de las especies animales y vegetales de la Tierra se habrán extinguido o estarán en peligro de extinción al terminar este siglo. Tan sólo las alteraciones del clima harán que el 25% de las especies existentes alcancen esa peligrosa situación en los próximos cincuenta años. Según las estimaciones más conservadoras, la tasa de extinción actual es cien veces mayor que la existente antes de que los seres humanos aparecieran sobre la Tierra, y se prevé que se multiplicará por mil por lo menos en los próximos decenios. Si no conseguimos disminuirla, el costo para la humanidad en riquezas, seguridad ambiental y calidad de vida será catastrófico. Estoy seguro de que ambos opinamos que, por humilde e insignificante que sea, cada especie es una obra maestra de la biología que vale la pena conservar. Cada una de ellas posee una combinación única de rasgos genéticos adaptados con bastante eficacia a un ámbito determinado. Aunque sólo sea por prudencia, debemos actuar rápidamente para evitar la extinción de especies naturales y el consiguiente empobrecimiento de los ecosistemas terrestres, es decir, de la Creación.

Llegado a este punto de la lectura, bien se puede preguntar usted: ¿por qué soy yo tan importante en esta cruzada? Simplemente porque la ciencia y la religión son las fuerzas más poderosas en el mundo de hoy.

Uniéndolas en pro de la conservación biológica, pronto podríamos resolver el problema que se nos plantea. Si hay un precepto moral que gentes de todas las creencias comparten, es que nos debemos a nosotros mismos y a las generaciones futuras un medio ambiente bello, rico y sano. Me sorprende que tantos líderes religiosos -que representan a la gran mayoría de la humanidad en la esfera espiritual- no hayan incluido decididamente la protección de la Creación como parte sustancial de su magisterio. ¿Creen acaso que la ética sólo incumbe al ser humano y que la preparación para la vida ultraterrena es lo único que importa? Aun más desconcertante es la convicción, tan común entre los cristianos, de que se avecina el Segundo Advenimiento y que la situación del planeta, por ende, no tiene demasiada importancia. En todo el mundo hay millones de personas (entre ellos, 60% de estadounidenses según una encuesta reciente) que creen al pie de la letra en las profecías del Libro del Apocalipsis. Muchos de ellos creen que en el lapso de su breve vida llegará el Fin de los Tiempos; Jesús volverá a la Tierra y los redimidos por la fe cristiana ascenderán en cuerpo y alma al cielo, mientras que los otros soportarán tiempos muy difíciles y sufrirán la condenación eterna si mueren sin redención. Como los malditos de las generaciones anteriores, esos condenados morarán en el infierno durante sextillones de años, tiempo suficiente para que el universo se expanda y alcance su muerte entrópica, y también suficiente para que innumerables universos similares nazcan, se expandan y mueran también. Aun así, esa cifra aterradora de tiempo sólo será el comienzo de los tormentos para las almas condenadas al infierno: todo ello por un error de elección religiosa cometido en el lapso infinitesimal que constituyó su vida sobre la Tierra. Para los que creen en esta forma extremista de cristianismo, el destino de diez millones de formas vivientes distintas carece de importancia. Abrigo la esperanza de que concuerde conmigo en que esta doctrina y otras similares no son un mensaje de esperanza y compasión sino de desesperación y crueldad. No nacieron del seno del cristianismo. Cualquiera sea su respuesta a mi ruego, permítame proponer una ética alternativa que, según espero, juzgará aceptable al menos en parte. Nuestro cometido más importante en el siglo XXI consiste en conseguir que todos los seres humanos alcancen un nivel de vida digno protegiendo al resto de las formas vivientes en la medida de lo posible. Hoy en día, la ciencia aporta algunos argumentos a la ética: cuanto más sabemos de la biosfera, tanto más compleja y hermosa nos parece. En este sentido, el conocimiento es como una fuente mágica que se jamás se agota. La Tierra, en especial la frágil película de vida que la cubre, es nuestro hogar, nuestra fuente, origen último de nuestro sustento físico y espiritual.

Sé perfectamente que en la mente de muchos la ciencia y el ambientalismo están vinculados con la evolución, con Darwin y el laicismo. Permítame postergar por ahora las aclaraciones sobre temas tan enmarañados (a los que volveré más tarde) y hacer hincapié en una sola cosa: la protección de la belleza terrestre y de su prodigiosa diversidad de formas vivas debería ser la meta de todos, cualesquiera sean nuestras diferencias en cuestiones metafísicas.

Para exponer mi punto de vista al mejor estilo evangélico, voy a contarle la historia de un joven recién formado como pastor, tan inflexible en su fe cristiana que pretendía resolver toda cuestión moral con la lectura de la Biblia. Cuando visitó esa especie de catedral que es la selva aluvial brasileña, vio en ella la mano de Dios y anotó en su diario lo siguiente: "No es posible dar una idea cabal de los sublimes sentimientos de asombro, admiración y devoción que inundan y elevan el espíritu ante este prodigio". Eso escribió Charles Darwin en 1832, cuando apenas comenzaba el viaje del Beagle, mucho antes de pensar siquiera en la evolución.

EL AÑO DEL CHANCHO

El pasado 18 de febrero se inició un nuevo año para los chinos, y vale la pena colocar aquí algunas notas al respecto. El año que comienza es el año del chancho; su elemento, el fuego. El calendario chino consta de 12 ciclos anuales y cada uno de ellos es significado con un animal (rata, buey, tigre, conejo, dragón, serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y chancho). Además de ello, el zodiaco chino se engarza con cinco elementos (agua, madera, fuego, metal y tierra), que fueron asignados a cada uno de los cinco planetas principales que los chinos de la antigüedad conocieron (Mercurio, Júpiter, Marte, Venus y Saturno, respectivamente). Además de ello, ambos sistemas se engarzan asimismo con el ciclo binario principal: el Yin y el Yang.
"Existe un ciclo binario Yin Yang, que junto al ciclo de los 5 elementos forma un ciclo de 10. Los años pares son yang, y los impares son yin. Cuando se divide el ciclo del zodiaco de los 12 animales en dos, cada zodiaco puede ocurrir solamente en yin o yang: el dragón es siempre yang, la serpiente es siempre yin, etc. Esta combinación crea un ciclo de 60 años, comenzando desde Agua Rata y terminando con Agua Cerdo. El ciclo actual comenzó en el año 1984." (tomado de Wikipedia: Astrología China, CICLOS; para los que quieran enterarse un poco más del zodiaco chino, así como conocer su animal y su elemento, les recomiendo revisar igualmente toda esta página).
Resulta entonces que para los nacidos entre el 22 de enero de 1947 y el 9 de febrero de 1948, es decir, para los que cumplen en este año 60 años, este es un año sumamente especial pues vuelve a repetirse por única vez en su vida la misma situación astrológica que los vio nacer. De la misma manera, es un año sumamente especial para los nacidos entre el 18 de febrero y el 8 de febrero del año que viene, pues estos niños caerán bajo el signo chancho de fuego.

EL CHANCHO DE FUEGO: la combinación ganadora

China se prepara para un "baby boom" en el Año del Cerdo (por Sandra Theumann)
Pekín, 13 feb (EFE).- Las supersticiones del horóscopo chino, que reza que aquellos que nazcan bajo el signo del cerdo serán personas afortunadas y ricas, preocupan a las autoridades del gigante asiático, que vaticinan un "baby boom" en 2007.

(Globos para celebrar la llegada del nuevo año; foto de Claro Cortes, Reuters)

Con la llegada del Año del Cerdo el 18 de febrero, miles de jóvenes parejas se plantean tener un hijo en los próximos doce meses, para asegurarse de que la oportunidad de traer al mundo un retoño afortunado no quede desaprovechada. Este año es importante, además, por la combinación del cerdo con el elemento fuego -uno de los más poderosos entre el agua, la tierra, el metal y la madera-, por lo que hasta aquellos que no pensaban tener un hijo en 2007 se están dando prisa para no perderse la combinación ganadora.
Sin embargo, las autoridades han empezado a mostrar su preocupación por lo que pueda pasar en el futuro, cuando todos esos niños estén en edad de ir al colegio, busquen trabajo o incluso para sus vidas como jubilados. Algo parecido ocurrió en vísperas del año 2000, aplaudido en China como el primer año del siglo XXI y el Año del Dragón -el más propicio del calendario tradicional-, y hoy en día muchos niños tienen problemas para matricularse en las escuelas por falta de plazas.
Tradición, superstición o simplemente "por si acaso", sea cual fuere el motivo del embarazo, estas mujeres están llenando los hospitales de las principales ciudades del país y esperan durante horas en fila para ser atendidas por los médicos. Los efectos de las supersticiones también se están notando en los colegios, ya que muchas jóvenes profesoras se ausentan durante días por motivos de salud, debido a los frecuentes molestias causadas por el embarazo.
El Buró de Sanidad de Pekín prevé el nacimiento de 150.000 niños en la capital china este año, aumento significativo comparado con los 129.000 en 2006, por lo que instó a las futuras mamás a evitar los principales centros de salud de la ciudad para no tener problemas en la atención médica, según el rotativo China Daily.
Wang Yun, profesora de chino de 23 años nacida bajo el signo del cerdo, explicó a EFE que muchas de sus amigas recientemente casadas creen en las tradiciones del horóscopo y se preparan a ser madres antes del final del año lunar del cerdo (el 6 de febrero de 2008). Ella, sin embargo, al no estar casada ni plantearse tener hijos, llevará un fino cinturón rojo -el color de la suerte- con diferentes figuras de cerdos atado a su cintura las veinticuatro horas del día durante los próximos doce meses. Wang reconoció que llevar la cinta roja, tradición que se sigue en el año del animal bajo el cual se nació, "a veces es incómodo para dormir por la noche", pero aseguró que "te protege contra la envidia y el mal de ojo".
Según contó a EFE Chen Yuan, una estudiante de postgrado en Pekín nacida en 1984 -Año de la Rata-, la última vez que fue su año no se puso el cinturón, "pero ahora se ve a la gente usándolo mucho más, en los gimnasios, en la vida diaria", y "puede ser" que cuando le toque otra vez (el ciclo es cada doce años), en 2008, se lo ponga.
Respecto al "baby boom", Chen afirmó que una amiga suya "que no quería tener hijos aún" se ha quedado embarazada este año y, solo por ser el Año del Cerdo, ha decidido no abortar y aprovechar la oportunidad. Chen explicó que hay animales que le gustan más, como la rata, el perro, o el tigre, por lo que no le importaría tener un hijo si coincidiera en dichos años, "pero tampoco lo planearía explícitamente".
Las autoridades chinas han reiterado que mantendrán la política del hijo único para controlar el incremento de la población en el que es el país más poblado del mundo, con más de 1.300 millones de habitantes. Sin embargo, en las ciudades más ricas, las jóvenes parejas ya no están preocupadas con esas restricciones: han ahorrado los suficiente para pagar las multas por el segundo hijo.
Sea el primer heredero o el segundo, una cosa está clara: las mujeres que aún no estén embarazadas y quieran aprovechar esta temporada para traer al mundo un retoño afortunado, deben ponerse manos a la obra cuanto antes.



CODA





















Así se celebra el año nuevo chino en China!

(Adornos en Guangdong, al sureste de China; foto de Claro Cortes, Reuters)


Así se celebró el año nuevo chino en Capón, Lima-Perú!

(foto: Mariana Hare)

sábado, 24 de febrero de 2007

Musicalizando

The Soundtrack of Your Life

Es una tarde soleada de sábado y me provoca escuchar el primer disco de Camera Obscura, Biggest Bluest Hi-Fi. Es un lindo disco; hay algo en la voz de Tracyanne Campbell que simplemente es ideal para una tarde como la de hoy: vengo de ayudar en una mudanza y he decidido tomarme la tarde para mí. No hay nadie en mi casa así que el espacio es mío. El disco corre mientras corren las nubes y a mí se me ocurren miles de cosas... hacer esto (escribirle a algún amigo a la distancia, reordenar mis libros de acuerdo a las necesidades actuales, echarme en el piso, descansar y cantar), hacer lo otro (acariciar a mi gata -la Maga- que ahora me acompaña, ordenar algunos papeles y apuntes que he ido acumulando, pensar en colgar o no colgar un cuadro en la pared), muchos proyectos. Soy una fanática del orden. Digo fanática y no maniática porque no lo hago obsesivamente sino con cariño. Ordenar para mí es como conocer, revisar, volver a conocer, recordar, volverse a ubicar.

Esta semana me he encargado de reordenar mis discos. A mis discos les tengo especial cariño. Son el soundtrack de mi vida. El orden en que los tenía anteriormente era cronológico (el orden cronológico, como el alfabético, son para mí los órdenes más neutros o esquemáticos). Ahora los he reubicado por géneros. Pero siempre es una labor más difícil de lo que parece (más paja de lo que parece!) reagruparlos por géneros, porque hay ciertos grupos que ciertamente no calzan con los géneros y porque los géneros pueden convertirse en cajones estrechos. He tratado de no caer en esas cosas, de modo que he buscado simplemente agruparlos bajo categorías amplias en las cuales quepan diversos tipos. Nada de estrechez, por favor, nada de estrechez. Categorías amplias y móviles donde calcen distintos y diversos géneros y grupos, según yo entienda que tienen aspectos en común. Categorías que me sirvan a mí a ubicar mi música (y a ubicarme a mí dentro de ella). El criterio siempre es personal; las relaciones que se establecen entre los discos (por qué coloco a este grupo al lado de este otro), siempre vienen de uno (“relaciones internas entre los objetos”, las llamaría Wittgenstein). He intentado concentrarme en eso. Y he observado lo siguiente.

1. Hay una gran categoría que la he llamada “clásicos” que es relativamente sencilla de clasificar. Dentro de los clásicos tenemos una rama más folky encabezada por Bob Dylan, Johnny Cash y descendencia; una rama más rockanrollera encabezada por los Beatles y los Rolling Stones; una rama progre (es claro quienes entran aquí); una rama “art rock” donde coloco a David Bowie, Brian Eno y otros camaleónicos de la música; una rama más punky donde se ubican Patti Smith, The Clash, etc.; una rama más pop donde entran, por ejemplo, Abba.
2. Luego vendría, coherentemente, la onda ochentera. Y aquí fue donde empecé a notar las sutilezas (y profundidad) de este asunto, porque me fui imposible separar los discos que componen el bloque ochentero: un bloque que va desde Erasure hasta The Psychedelic Furs, desde Cindy Lauper hasta Clan of Xymox; desde OMD hasta Cocteau Twins; desde Culture Club hasta Siouxsie and the Banshees, pasando por los Smiths, Duran Duran, Echo and the Bunnymen, The Jesus and Mary Chain, Indochina, A-Ha, Depeche Mode, etc. etc. Es decir, desde los sonidos sintéticos hasta la maquinaria más industrial. Desde el Atari hasta las fábricas. No, imposible para mí dividir los ochentas. Siguen siendo en mi constelación personal un bloque variado y polimorfo, pero un bloque al fin y al cabo. Simplemente los puse todos juntos bajo un rubro “80s”.
3. Me topé luego con la era de los noventas y el panorama volvió a cambiar drásticamente, porque así como los ochentas remiten para mí a un bloque, con los noventas se me empezaron a aparecer un sin fin de subgéneros. La cosa empezó a disgregarse radicalmente; y sin embargo, el método que había utilizado para los “clásicos” tampoco funcionaba del todo bien. Me di cuenta pues que la constelación “alterativa” noventera requería de su propia clasificación. Salí del paso de la siguiente manera: a) alternativo – grounge (Pearl Jam, Soundgarden, etc.); b) alternativo – hard rock/post punk (Sonic Youth, Pixies –ven? ustedes creen que los de Sonic Youth y los de Pixies hubieran alguna vez en su vida pensado que entrarían en un mismo género?, y sin embargo para mí son indesligables–, Mr. Bungle, etc.); c) alternativo – post grounge (Better than Ezra, Blind Melon, Collective Soul, etc.); d) alternativo – pop rock (Fountains of Wayne, Spacehog, Weezer, etc.); e) alternativo – brit pop/rock (Blur, James, Pulp, Suede, Stereophonics, etc.); f) alternativo – folk/rock (10000 Maniacs, Chris Isaac, R.E.M., Nick Cave, Mazy Star, The Go-Betweens, etc.); g) alternativo – experimental (la categoría más extraña de toda mi lista) (Björk, Morrissey, Cranes, Galaxie 500, My Bloody Valentine, PJ Harvey, Tori Amos, The Smashing Pumpkins, Placebo, etc. –podrán imaginarse, realmente una conjunción de muchas cosas, pero cosas que para mí van –por algún motivo– unidas).
4. Finalmente, un rubro más con las cosas de ahora (esta categoría recién se está forjando) y uno más de electrónicos.
5. Por otro lado, sigo manteniendo las cosas en español agrupadas juntas (aunque ahí también habría que hacer sus divisiones).
6. Soundtracks tienen su propio espacio. Compilados y recopilaciones (hechos en casa y comerciales) también.

Bueno, este es mi orden. El orden que me salió natural. Y lo más paja de todo esto, aparte por supuesto de irlos escuchando y volviéndolos a descubrir, ha sido darme cuenta, yo mismo, del orden interno (o relaciones internas) que yo les encuentro.
Moraleja: mientras uno mismo encuentre sus propios discos, cualquier orden está bien.

miércoles, 21 de febrero de 2007

The Jayhawks



Hace algún tiempo que quiero hablarles de este grupo. La primera canción que escuché de los Jayhawks, “Stumbling through the dark”, me hizo pensar en lo siguiente: lo viejo puede ser realmente bueno. Ahora he de explicar esta afirmación: “Stumbling through the dark” es una canción cuyo principal atractivo es simplemente ser una muestra extraordinaria y contundente del más puro (y tierno) folk-rock (no del de ahora, sino del viejo, del de siempre: el clásico). No es que los Jayhawks sean viejos. No no no; se trata de una banda que tiene su tiempo ya andando (desde 1985, aunque desde 2003 no se han vuelto a pronunciar) pero cuya producción se ubica entre los 90s y principios del 2000. La canción en cuestión es del 2003, pero bien podría ser de los años 60s. Es hermosa. Original. Sincera y tierna. Posee la cualidad de poder conmover a cualquiera. Y sin embargo, ningún artificio que pueda llamarse “novedoso” la compone. Hay que ser realmente maestros para lograr tanto con tan poco.

El disco que se inicia con esta canción se llama “Rainy Day Music”. Es el séptimo y último disco que hasta el momento ofrece este grupo. El disco confirma la primera impresión que “Stumbling through the dark” te deja en los oídos: el más puro y simple folk-rock de raíces countries (o country-alternativa, como le llaman ahora) se desarrolla, cual clase maestra tanto para aprendices como para expertos, a lo largo de sus 14 temas, explorando todas las posibilidades del género. Tenemos simples y melodiosas canciones, “baladas” (si les quiere llamar así) como “Stumbling through the dark” o “All the right reasons”; canciones más inclinadas hacia el country, como “Save it for the rainy day” o “Angelyne”; muestras del más enérgico rock and roll, bailable por supuesto, como “Come to the river”; canciones fuertes y fugaces, vibrantes como corrientes de viento (de un día lluvioso, por supuesto) como “Tailspin” o “Eyes of Sarahjane”; momentos de lenta tensión como “You look so young”; momentos de inigualable profundidad como “Tampa to Tulsa” o “Will I see you in heaven”.

Todas las posibilidades del género. Todo con los únicos (imprescindibles y clásicos) recursos: guitarras, bajos, batería y algo de harmónica, una genial habilidad para decir lo que se tiene que se decir y una especial sensibilidad para elaborar desde sus raíces el género mismo desde el cual nació el rock (con todas sus variantes) que llega hasta nuestros días. El disco es del 2003, pero bien podría ser de los 60s o pertenecer al futuro. No creo que este disco pueda pasar desapercibido a personas sensibles, ahora, ayer ni nunca. Para mí, quedará definitivamente en la lista de imprescindibles.

The Jayhawks - Stumbling Through The Dark

miércoles, 7 de febrero de 2007

Arcade Fire

The Arcade Fire es un grupo canadiense formado por el matrimonio entre Win Butler y Régine Chassagne, principales compositores y cabezas visibles de este particular colectivo musical, (que se completa con Richard Parry, Tim Kingsbury, William Butler, Sarah Neufeld, Jeremy Gara), un par de fans de la música que un buen día cruzaron sus vidas en Montreal.
The Arcade Fire es un grupo que se asemeja a las guitarras de Joy Division, la emotivita instrumental de Flaming Lips, el tono de voz de David Byrne, el dramatismo y la épica de los primeros Echo & The Bunnymen, lo mejor de Pixies y Talking Heads pero con un aire contemporáneo. Y sobre todo, me permitiría decir que la sombra del "Scary Monster" de David Bowie preside el grupo.
Gracias a su disco debut, Funeral (2004) han logrado convertirse en el grupo favorito de muchos. Es un trabajo melodramático que influenciado por diversos fallecimientos de familiares de la banda -de ahí su nombre- contiene aunque suene a tópico algunas de las piezas más inspiradas de los últimos años. Los canadienses son un soplo de aire fresco que cautiva gracias a unas composiciones que pasan de la conexión Flaming Lips de Neighborhood # 1 (Tunnels) o Wake Up al dramatismo desgarrador de Crown of Love (mi amor crece como un cáncer). De lo inmediato Neighborhood # 2 (Laika) a la emoción que destilan piezas como Neighborhood # 3 (Power Out) o la balada franco-inglesa Une Année Sans Lumière. Se muestran claustrofóbicos Haiti y al momento nos hipnotizan con los ecos orquestales de la increíble In The Backseat, propia de los mejores Sugarcubes.
En una entrevista para Mondosonoro, Win Butler dijo: “Me gusta cosas como ´Brazil´ de Terry Gilliam, obras que tienen las mismas dosis de ironía y drama. Es una película que transmite una idea muy oscura y a la vez tiene toques de slapstick. La mayoría de mis artistas preferidos siguen esas coordenadas, y nosotros lo intentamos, más en directo que en el disco. Hablar de cosas tristes y oscuras de una manera alegre. Es como Woody Allen, que se ríe de todo por muy triste que sea”. Creo que esto demuestra un poco el espíritu del grupo.
No han recibido mucha atención publicitaria, pero sí muchas recomendaciones. David Bowie afirmó que cuando se compró el disco y lo escuchó tuvo que volver a la tienda para comprar 10 cd’s más para regalar a todos sus amigos de lo emocionado que estaba. Franz Ferdinand los escucha y Bono se ha declarado devoto de los canadienses y los tuvo como teloneros en muchos conciertos de su gira “Vértigo 2005”.
El segundo álbum Neon Bible saldrá a la venta el 5 de marzo 2007. Hace tan sólo unos pocos días anunciaron el nombre de su primer single, Black Mirror, que ya se puede escuchar en versión streaming en su página web http://www.arcadefire.com/flash.html (hay que elegir el menu de Win y pulsar sobre el huevo que cae; la canción se cargará después de hacerlo) y que se puede descargar en los foros oficiales de la banda.
Y finalmente, han dado a conocer el listado de su nuevo disco, que es el siguiente:
01. Black Mirror
02. Keep The Car Running
03. Neon Bible
04. Intervention
05. Black Wave Bad Vibrations
06. Ocean of Noise
07. The Well & The Lighthouse
08. Antichrist Television Blues
09. Windowsill
10. No Cars Go
11. My Body is a Cage

martes, 6 de febrero de 2007

El espacio del Corsario

Es maravilloso cuando las cosas toman su propio rumbo. Hace algún tiempo contábamos con la colaboración de nuestro amigo Juan en la columna "Sino Piratas al menos Corsarios", en donde Juan nos comentaba acerca de nuevas películas, haciendo despliegue de su propia mirada y de su propia "pasión". Hace poco, "Sino Piratas al menos Corsarios" construyó su propio espacio de difusión y discusión. Vísitenlo, entusiastas del cine, que encontrarán cosas muy interesantes (por ejemplo, el comentario de Juan respecto de Marie Antoinette).

No es casual lo que está ocurriendo aquí; me provocaría hasta ponerme a escribir algo al respecto. Juan, Mariana y yo compartimos aulas en la especialidad de filosofía de la PUCP. Y los tres, y tantos más, buscamos salir (o sacarla) de alguna manera de allí. La filosofía empieza a tomar las calles... Me da muchísimo gusto.

jueves, 1 de febrero de 2007

THE KILLERS’S TOWN

Don’t you wanna come with me and feel my bones? (track n°8)

He colocado como un punto de mi lista del año 2006 el disco de The Killer, Sam’s Town, y quizá convenga dedicarle unas cuantas palabras. El disco lo compré en noviembre, en este nuevo recinto de la piratería que queda frente al Santa Isabel de Javier Prado (allí, para mi sorpresa, se pueden encontrar cosas interesantes, como por ejemplo las temporadas completas de Dr. House –otro punto en “My List”, track n°9). Noviembre suele ser un mes recargado para mí, a puertas del fin de ciclo, y un día, de regreso de la universidad, en vez de irme de frente a mi casa paré un momento por allí a distraerme, lo encontré y me lo compré. Lo importante en realidad no es cómo lo encontré, sino que una vez que lo hice, el disco empezó a sonar y sonar sin parar en mi radio. Lo puse en el cd-room y no abandonó ese lugar durante unas buenas varias semanas. Imagino que se puede entender a lo que me refiero: cuando uno deja el disco (o mejor dicho, el disco mismo se queda) allí instalado y cada vez que se enciende la radio se enciende con él. El disco, por alguna razón que no me quiero detener a analizar (track n°5: “For Reasons Unknown”), produce una extraña relación con uno mismo: eso es lo que quieres escuchar, así lo hayas escuchado el día anterior, o ese mismo día, o incluso minutos antes. Pues eso me pasó con Sam’s Town en noviembre pasado.

A los Killers ya se los conocía por si primer disco, Hot Fuss (2004). Seguramente todos habrán escuchado esa canción: Somebody told me, that you have a boyfirend, that looks like a girlfriend... con la que se dieron a conocer hace un par de años. Las primeras canciones conocidas no siempre le atinan al espíritu del disco, y en este caso es evidente que no fue así, incluso es probable que esta primera canción que salió al aire en Lima desviara la atención. Generó risas, pero de esas medio burlescas... como diciendo “mira qué gracioso lo que dicen estos chicos sobre el novio que parece una novia”. Hay otras canciones en ese disco que merecen mucha mayor atención. Cuando vuelvo a él, suelo escucharlo de la siguiente manera: pista n°1: “Jenny Was a Friend of Mine”; pista n°2: “Mr. Brightside”; pista n°3: “Smile like You Mean It” (esta dependiendo del estado de ánimo); pista n°6 (la imprescindible): “All These Things that I’ve Done”; las demás, a veces sí a veces no, todo depende del momento. Pero hay ciertas líneas que empiezan a trazarse, que pueden (o no pueden) germinar y tirar para más, seguir desplegándose y enriquecerse (o perderse, estancarse y pudrirse hasta quién sabe cuándo –quizá nunca). Me parece que estas 4 canciones que menciono del primer disco arrojan esas líneas que bien hicieron los Killers en seguirlas en este segundo disco.

En el caso de los Killers estas líneas me remiten a lo que me gusta llamar “carácter glam”. Encuentro (con o sin razón, no me voy a detener a analizar eso ahora) bastante de glam en estos chicos, sobre todo en este disco. Me cuesta decir a qué me refiero con esto de “carácter glam”, pero haré un pequeño esfuerzo solo para insinuar por dónde van mis percepciones. Hay una suerte de recurso por la dramatización, incluso por cierta infantilidad (fíjense, si quieren, en los coros finales del track n°7: “Uncle Jonny”, o en el desarrollo progresivamente dramatesco del track n°4: “Bling (Confessions of a King)”, o en la última canción, track n°12: “Exitlude”)[1], pero sin llegar al drama, sin volverse perdidamente dramático (ni sonsamente infantil). Hay una suerte de dramatización que, bien empleada, funciona de manera genial... ¿Funciona de manera genial en qué, para qué? Me cuesta decirlo, porque no es fácil explicar este tipo de conexiones que uno establece con las cosas (o que ciertas cosas, como la música, establece con uno) (track n°6: “Read My Mind” –mi favorita). Así que voy a decirlo simplemente de manera gruesa. Funciona de manera genial en la transmisión cabal y completa (tan completa que te toma por completo a ti mismo, te abraza, te embarga) de un estado de ánimo. Y aquí tengo, lamentablemente, que hacer dos aclaraciones: 1. Con estado de ánimo no me refiero a un mero sentimiento, no estoy hablando de “subjetivismo”. Estado de ánimo tendría que hacernos pensar, si no estuviéramos tan acostumbrados a no prestarle atención a las palabras, en un estado integral, en un estado en el que uno (con todas sus partes) se encuentra. 2. No es “subjetivismo” en el sentido en que, creo, todos podemos reconocer qué significa estar en un estado de ánimo. Todos sabemos lo que significa, y lo que implica. Todos hemos pasado por ello. Y en ese sentido, lo subjetivo no es meramente “subjetivista”. Pero basta con eso (de lo que estoy tratando de hablar aquí son de mis propias líneas, que habrá que seguir desarrollando).

Vayamos al disco mismo. Para algunos (pienso en mi amigo Gino, por ejemplo) el disco comienza realmente (debería comenzar) en la segunda canción track n°2: “Enterlude”; con ella se inicia un circuito que, cual círculo perfecto, termina con la última canción, track n°13: “Exitlude”. Los nombres propios de estas canciones (y su ubicación) hacen explícita alusión a esto. Pero lamentablemente (para ellos) el disco comienza con la primera canción, track n°1: “Sam’s Town”, que le da nombre al disco además (pequeña cosa; sí, seguramente). Yo prefiero verlo así: “Sam’s Town” está allí como introducción, como guiño, como preámbulo (y qué preámbulo), a la manera en que los epígrafes en los libros de ensayos se colocan para causar cierta impresión o en que algunas películas muestran ciertas imágenes precisas antes de abrir el film para señalar... algo (qué cosa sea este algo, depende...[2]). ¿Y qué hace “Sam’s Town” en específico en este disco? Es una entrada fuerte, vibrante, gritada a toda voz. Es una proclama. Un manifiesto. Una afirmación: somos chicos, jóvenes, cargados de energías (y dudas, búsquedas) y en este momento no nos importa nada más que ser fieles a eso, persistir en la búsqueda, volcar nuestras energías.

Nobody ever had a dream round here / but I don't really mind that it's starting to get to me / Nobody ever pulls the seams round here, / but I don't really mind that it's starting to get to me / I've got this energy beneath my feet / like something underground's gonna come up and carry me, / I've got this sentimental heart that beats / but I don't really mind that it's starting to get to me now / Why do you waste my time? / Is the answer to the question on your mind / And I'm sick of all my judges / so scared of what they'll find / But I know that I can make it / As long as somebody takes me home, / every now and then...

(tendrían que escucharla, la interpretación de Flowers es genial y no dudo que sobre el escenario debe ser mejor aún)

El final nos abre la puerta al universo Sam’s Town: The Killer’s Town. Y aquello que vemos allí, que divisamos a la distancia,

You know I see London / I see Sam's Town / holds my hand and let's my hair down / Rolls that world right off my shoulder / I see London, I see Sam's Town now

es para mí justamente lo que ocurrirá en las siguientes 11 canciones.

Qué sucede con el resto del disco. Las canciones, para mí, elaboran en genial combinación la ambivalencia entre energías e inquietudes de juventud (track n°3: “When We Were Young”). En ese sentido no es una energía impuesta (o impostada) (track n°10: “This River Is Wild”); estos chicos son lo suficientemente valientes como para mostrar (y de qué manera!) sus miedos (track n°11: “Why Do I Keep Counting?”), o los miedos de cualquiera, sin caer, como intento decir, en el mero drama. Y eso, que ya venía anunciándose en el disco anterior[3], es lo que me parece genial del Sam’s Town. Bienvenido sea.


[1] “Cerca de una hora antes del show, Brandon Flowers, cantante y tecladista de la banda... se acerca a un espejo de cuerpo entero para revisar su maquillaje. La banda está por tocar en el Central Park de Nueva York. Tras vender dos millones de copias del álbum debut de los Killers, Hot Fuss (2004), Flowers está en su camarín. Es una noche perfecta. ‘Todos desearíamos estar en otro lugar’, admitió Flowers un rato antes, mirando a lo lejos hacia un árbol que está más allá de la valla que demarca la zona backstage. ‘Pero estamos atrapados aquí. Ahora tenemos que cumplir con nuestro deber’. Y cuidadosamente se aplica delineador con un diminuto pincel: primero el ojo izquierdo, luego el derecho. Después viene la máscara para pestañas, seguida de un rubor brillante en las mejillas. El cabello de Flowers ya está batido, como si lo hubiera peinado la mano de un robot.... ‘Antes usaba mucho más brillo’, dice Flowers. ‘Ahora todo el mundo se maquilla’.” (Mark Binelli, “The Killers. Reyes del rock bailable”, en: Rolling Stone, anuario 2005, p. 63).

[2] Un ejemplo de esto pueden apreciarlo en Marie Antoinette de Sofía Coppola. Véase: infra.

[3] “‘Sigo siendo un devoto’, dice Flowers... ‘No suelo tomar alcohol ni fumar demasiado, y estoy tratando de dejar del todo. Siento que lo que estamos haciendo es muy positivo. Quiero decir: cuando terminamos una noche con ‘All These Things that I’ve Done’ frente a un público de unas 5.000 personas, el mundo ya es un lugar mejor’” (Mark Binelli, “The Killers. Reyes del rock bailable”, p. 64).

miércoles, 31 de enero de 2007

MARIE ANTOINETTE de Sofía Coppola

POR CÉCILE VILLA-GARCÍA
Esta película será descrita y analizada, si no la has visto te recomiendo no leer lo que viene a continuación.


Título: Marie Antoniette / Año: 2006 / País: EUA / Duración: 118 minutos / Reparto: Kirsten Dunst, Jason Schwartzman, Judy Davis, Rip Torn, Asia Argento, Marianne Faithfull, Aurore Clément, Guillaume Gallienne, Clementine Poidatz, Molly Shannon, Steve Coogan, Jamie Dornan, Shirley Anderson / Dirección-Guión: Sofía Coppola (Libro: Antonia Fraser) / Fotografía: Lance Acord / Musica y Soundtrack: Jean-Benoît Dunckel, Nicolas Godin, Jean-Philippe Rameau, Aphex Twins, Squarepusher, Siouxsie and The Banshees, The Cure, The Radio Department, Air, etc. / Productora: Columbia Pictures

Para hablar de una película, hay que hablar de muchas cosas y hay que considerarla desde varios puntos de vista. Un filme es una obra que es ella misma y la división de todas sus partes. Asumiendo un riguroso compromiso con su análisis, su clasificación siempre termina siendo subjetiva.

La primera impresión de una película es su peso bruto, el universo creado como resultado. Para hablar de la tercera película de Sofía Coppola, hay que empezar por el comienzo, que está muy bueno. Porque todos conocemos, más o menos, la vida de Maria Antonieta. La princesa vienesa es llevada a los catorce años a Francia para casarse con un príncipe que solo conoce, como diríamos, por foto. A los 19 se convierte en reina de Francia, para terminar siendo decapitada por el pueblo francés.
Sofía no nos trae una historia que no conozcamos; su meta ha sido retratar, para nosotros, a una mujer más conocida por perder la cabeza que por lo que hizo con ella cuando la tenía aún puesta. Porque esta Maria Antonieta[1] es el modelo de la mujer moderna, vive intensamente todas sus etapas. La inocencia, la pasión, el desenfreno, la maternidad, la dignidad de su prisión y muerte. Con esta propuesta, S. Coppola quiere que vivamos la intensidad que llevó a Marie Antoniette hasta la guillotina.
Hablemos de la apertura del filme. Comienza con el fast-forward de una Reina de Francia en el tope de su desenfreno. Rodeada de lujos y con una sirvienta poniéndole hasta los zapatos. Es la reina que nosotros hemos imaginado como consecuencia de las versiones conocidas de ella y de la monarquía de su época: engreída, inútil y superficial, levantando la mano solo para meterle un dedazo a la cobertura de una magnifica torta. Pero este gesto también es rebelde, nos dice un poco lo aburrida que se encontraba ella en este lugar. Nos mira desafiante, “a ver”, nos dice, “que cosa me puedes decir de mí que pueda importarme… ¡por favor!”

Y luego, volvemos a la pantalla negra donde nos presentan al resto del elenco (por nombre) y nos hemos quedando con la imagen de esa Maria Antonieta, la mujer que llevo a Francia a la ruina y a la Revolución. Esta idea funciona muy bien a mi parecer, nos han presentado a un personaje como los de los The E-True Hollywood Story, y definitivamente entramos a la historia con prejuicio. Pensamos en esta mujer como una celebridad fría, una mujer que le sacó provecho a la corona de Francia para su placer y creemos que esa era su intención desde el inicio.

Pero cuando regresamos de la pantalla negra a la historia, nos encontramos con una niñita de 14 años que se divierte correteando con su perro Maps, mientras es llevada a ver a su madre. Esta madre le dedica pocas palabras: “te vas a casar”, “serás reina de Francia”, “todos confiamos en ti y te estaremos vigilando”. La pobre e inocente criatura recibe el último abrazo su madre y emprende un viaje donde será despojada de todo lo que ella conocía como el mundo: inclusive, a las puertas de Francia, le quitan a Maps. Maria Antonieta es una chica valiente, se come sus lágrimas y da un paso adelante.
Nunca más será quien fue en Viena: un ser celestial protegido de la maldad del mundo. En Francia se dedicarán a desnudarla, poniendo bajo lupa sus debilidades, sin considerar su ignorancia sobre el mundo francés; será atacada una y otra vez por la corte y el pueblo, primero le dirán “la vienesa” y terminara siendo “la reina del déficit”. En contra de eso, no puede hacer mucho más que dedicarse a sí misma. Maria Antonieta jamás ha visto el mundo y no tiene herramientas para defenderse de él.
Es una historia muy larga, la verdad. Explicar el desarrollo de un ser humano a través de sus edades, procesos y etapas, lleva, literalmente, cientos de páginas. Es el problema que se suele encontrar al hacer una película biográfica. Las biografías suelen estar repletas de anécdotas que nos explican al ser humano, pero en las películas no contamos con el espacio necesario. Una película biográfica de 5 horas aburre a cualquiera. En el caso de Maria Antonieta, Sofía ha delineado claramente a 3 mujeres distintas. La niña, la adolescente y la adulta. Tiene que manejar a la vez el tiempo de Francia, que va madurando con el personaje, desde un pueblo que amó a sus monarcas hasta aquel que los decapitó.
La mirada de esta película está siempre dirigía desde la corte hacia la reina, son ellos los que la observan desarrollarse. Nunca, salvo al final en que Versalles es invadido, la reina tiene contacto con su pueblo. ¿Cómo, entonces, podemos conocer el desarrollo de la revolución? Sofía Coppola usa para eso un recurso que a mi personalmente me parece muy interesante, pero no completamente logrado. Coloca retratos de la reina sobre una pared del palacio, llevados por pajes, donde sin falta aparecen pintas con los sobrenombres que el pueblo, rabioso, le pone. Inmediatamente son sacados de la escena por los criados y remplazados por nuevos. Cuando digo que no está totalmente resuelto, me refiero a que si el pueblo está transgrediendo para ser escuchado, lo correcto seria que fuera de una manera mucho más agresiva (en nombre de su revolución corta-cabezas), las pintas de los cuadros parecen subtítulos y las entradas y salidas de los criados son bastante tímidas.
En el fondo es una película de chicas, sobre relaciones interpersonales, sobre la búsqueda de una mujer por su identidad. Nos quedamos en realidad en la mitad, lástima la abusiva corte, lástima la revolución. Creo que la Maria Antonieta de Sofía Coppola hubiera sido una gran artista, una pensadora moderna, una gran madre. La forma en que esta directora nos muestra a su personaje nos dice cuánto la quiere ella misma.
No me satisface el final. Para mí, se ve como una imagen puramente literaria que si bien es hermosa, es un final para un libro y no para una película. “El que un día fue el delicado y lujoso cuarto de una reina, ahora, bañado por los rayos del amanecer, aparece como las ruinas de lo que fue la corte arrasada por el pueblo”.

Autora lista para la discusión de estos y otros asuntos de la película. Este articulo vino de una discusión con las creadoras del gato parlante después de ver juntas dicha película, entonces, espero que entiendan lo que escribo como una opinión y con ningún afán de establecerla una verdad. Me gustaría saber que opinan ustedes, ya sea a favor o en contra de mi opinión y de la película. Espero, con el tiempo y la práctica, mejorar y expresarme con mayor fluidez y mayor atención en los detalles y a lo mejor y peor de las películas que llaman mi atención.
Próxima entrega: 24 Hour Party People, de Michael Winterbottom.
[1] Quiero que se entienda que si hago una descripción de Maria Antonieta, estoy hablando exclusivamente de la que aparece retratada en la película.

viernes, 26 de enero de 2007

Re-ordenando el 2006

"The real voyage of discovery consists not in seeing new landscapes, but in having new eyes" (Proust)


Buenos Aires, Rolling Stones (febrero)



Buenos Aires, U2 (marzo)



La piñata de Morrissey (abril)



Dr. House (mayo)



Un cigarrillo en las alturas... (Colca, agosto)



Cerati (setiembre)



The Radio Dept. (octubre)


(fotos: Mariana Hare)


(foto: Mariana Hare)

The Killers (noviembre)



Boom Boom Kid (diciembre)


(foto: Mariana Hare)


Bartleby y compañía (diciembre)

miércoles, 17 de enero de 2007

CHRISTINA NO COMETIO UN ERROR! (viernes 19/01)

PestaPop! (Electroestupidez) anuncia...
Viernes 19 de enero, 7:30pm:
Presentación del disco homenaje a Christina Rosenvinge con concierto en vivo de: Pestaña, Moon over Soho, Aerolito.
Centro Cultural España (Natalio Sanchez 165 Santa Beatriz) ENTRADA LIBRE

Christina Rosenvinge es una de las más grandes voces del pop Español, desde su época Punk con ELLA Y LOS NEUMATICOS, su pop naif e incomprendido con ALEX Y CHRISTINA, hasta pasar por su encarnacion mas famosa y exitosa CHRISTINA Y LOS SUBTERRANEOS, con la que daría conciertos de 10 mil personas en Perú, y la llevaria incluso al famoso festival chileno de Viña del Mar. Posteriormente, a partir de su tercer cd, se quitaría el membrete de "LOS SUBTERRANEOS" para producir 4 cds impecables (aunque con menos suerte comercial), todos ellos contando con la participacion de Lee Ranaldo y Steve Shelley de los noiserockers norteamericanos SONIC YOUTH, exceptuando su disco acustico FLORES RARAS, descatalogado en su momento y reeditado recientemente en DVD.

En este CD, 16 bandas independientes de pop, indiepop, electropop y electroclash le dan el merecido homenaje a una carrera impecable. Por si fuera poco, el cd incluye una entrevista exclusiva en multimedia, que Christina le dio a el staff de YA ESTAS YA en su reciente y exitosa visita al Perú.

LUGARES DE VENTA: Libreria contracultura (Avenida Larco), Music Prad (Ovalo Higuereta), Moving sound, Enigma discos, Zanahoria discos (GALERIAS BRASIL) y proximamente PHANTOM y VIA MUSIC. Venta directa/delivery: telf 2516186 (Leonardo) 92963611 (Alejandra). PROVINCIA: 30 soles (incluye gastos de envios). EXTRANJERO: 7 dolares o 7 euros (más gastos de envio).

Habrá que escucharlos...

HUMBERTO POLAR conversa con La Culpable (jueves 18/01)

martes, 16 de enero de 2007

Inauguración GALERÍA VÉRTICE (miércoles 17/01)

Miércoles 17 de enero, 7:30 pm, la GALERÍA VÉRTICE se inaugura con la exposición
EMERGENCIA de Harry Chavez

GALERÍA VÉRTICE
Calle Ernesto Plascencia 350 San Isidro; 421-3856
(+info: Arte Nuevo)
(comentario aparte, nótese la propiedad de inaugurar una galería con una exposición titulada emergencia... augura un buen pronóstico -para la individual en particular y la galería en general-)

miércoles, 10 de enero de 2007

¡¡¡Alegría!!! Hemos encontrado una colega

En el "viejo" Gato Parlante me encuentro hoy día con un comentario que quiero copiar aquí.
Emepitri, genial el encuentro...

M. Pitri dijo...
Hola Cristina,
Sinceramente un cague de la risa tu bloggg, mejor dicho "Chevere".
Bueno, me entere del blog porque ayer estaba por La Brasil y vi un polo "El Gato Parlante", que me parecio bravaso, no me lo compre porque pense que era de algun grupo que no manyaba (aunque parecia un toque polo para flaca la verdad, pero taba chevere!), y pues si luego lo escuchaba y era un grupo cagón? Ni de a balas lo usaba...
Asi que hoy me meti mi fiel google, y descucbro que es un blog!!! UN BLOGGG!!! Y uno muy bueno la verdad.
Pero han hecho polos? O te estan pirateando? O pirateaste tu logo de un grupo (talvez monse, no sabre nunca)? Avisame a ver si colaboro y compro, o si voy le meto fosforo a dicho local.
Hablamos!
11:06 AM
He aquí mi respuesta:
Jajaja... qué buena, se agradecen enormemente los comentarios. Sobre los polos de Galerías Brasil, te cuento la historia. El ilustrador/diseñador oficial es Gabriel Alayza; hace unos meses, exactamente en abril, Gabriel fue a imprimir unos polos con sus diseños a Galerías. Se trataba de hacernos un regalo a Mariana y a mí, miembras del blogg. Poco después nos dimos con la sorpresa de que, efectivamente, nos están pirateando...
Pero de todos modos nos gusta la idea del merchandising... veremos pues qué sucede.
Le echaré ahora mismo una mirada a tu blog... pero desde ya creo que me va a gustar y mucho... ya te comentaré. Gracias! Gracias! Gracias!
Así que los remito inmediatamente a la siguiente dirección:

Shine on You Crazy Diamond

Nuestro amigo "The Bos" nos envía el siguiente comentario que yo, sin pedir permiso, me atrevo a copiar aquí...


Según mi modesta opinión, Shine on You Crazy Diamond es la mejor canción del siglo veinte, dado que recoge los más importantes géneros de la música norteamericana. A continuación propongo una división de esta canción que no es la usual, donde se puede apreciar qué géneros están incluidos en qué partes. Si desean conocer la división original, les recomiendo el siguiente link:


http://en.wikipedia.org/wiki/Shine_on_you_crazy_diamond


Shine on You Crazy Diamond


Track 1 (13.30)
00.00 - 02.09: Intro
02.10 - 03.33: Blues / Fade off
03.54 - 05.10: Arpegio
05.11 - 06.25: Blues
06.26 - 07.30: Teclado
07.31 - 08.30: Blues / Fade off
08.42 - 09.44: Letra
09.45 - 10.05: Melodía de la canción
10.05 - 11.07: Letra
11.08 - 13.30: Jazz


Track 2 (12.15)
00.00 - 02.25: Jamming
02.25 - 04.33: Rock
04.34 - 04.55: Melodía de la canción
04.56 - 05.59: Letra
06.00 - 06.21: Arpegio
06.22 - 08.49: Kid A
08.50 - 12.15: Outro

Operativo EMPLEADA AUDAZ

En los últimos días he recibido de varias personas este correo... Decido colgarlo aquí sin ningún interés vinculado simplemente porque me parece que es una movida que se está dando en nuestra ciudad y valdría la pena ver qué resulta de ella y en qué termina.


OPERATIVO EMPLEADA AUDAZ

El domingo 28 de enero (último domingo del mes) una multitud de personas uniformadas como trabajadoras del hogar ingresarán en la playa de uno de los balnearios más exclusivos de Asia. ¡ACOMPÁÑANOS! ¡Trae a tus amigas y amigos!
¿Cómo participar? Envia un correo con tu nombre, apellidos, teléfono, distrito y talla a marperez@dhperu.org. Nos pondremos en contacto contigo para indicarte el punto de encuentro y hacer las coordinaciones necesarias. Fecha límite para inscripciones: 17 de enero.
¿Quién organiza? La acción está impusada por la Mesa contra el Racismo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. La Mesa es una red integrada por instituciones como APRODEH, Amnistía Internacional, la Casa de Panchita (institución que apoya a las trabajadoras del hogar), el GIM (Grupo Impulsor contra el racismo y toda forma de discriminación), la Federación de Estudiantes de la Universidad Agraria y numerosos voluntarios de todo el país.
¿Por qué lo hacemos? Es de conocimiento público que en varios de los exclusivos balnearios de Asia las trabajadoras del hogar y el resto del "personal de servicio" tienen prohibido bañarse en el mar hasta las 7 de la tarde (cuando ya se ha puesto el sol). Además, pese a que por ley las playas son de todas las peruanas y peruanos, las personas que no son socias de los clubes no pueden ingresar a bañarse. Estas y otras prácticas convierten a los balnearios de Asia en los bastiones de la discriminación étnica, social y cultural imperantes en el Perú. El Operativo Empleada Audaz se ha diseñado como una protesta lúdica y pacífica que servirá para llamar la atención pública y promover la reflexión sobre la discriminación en el Perú, impulsando la construcción de una sociedad más justa y equitativa.
¿Cual será la organización logística? Nuestro equipo de prensa convocará a medios de comunicación para tener la mayor repercusión. Se contratarán micros para llegar a Asia y regresar, organizando varios puntos de encuentro en Lima. Se proporcionarán uniformes de trabajadoras del hogar a las mujeres, y mandiles o uniformes de seguridad a los hombres. Para asegurar que se nos permita el ingreso en la playa se está coordinando con la Fiscalía de Cañete (porque impedir el ingreso a la playa es un delito).
¿Quienes pueden participar? Pueden participar todas las personas interesadas en el tema, cualquiera que sean sus rasgos físicos o condición. La idea es que nuestra actividad refleje la diversidad existente en el Perú. Además, para dar mayor visibilidad a la acción, se está coordinado con algunos personajes públicos y del mundo del espectáculo para que participen en la iniciativa.

lunes, 8 de enero de 2007

Kant después de Danto (porque lo prometido es deuda)

SEMINARIO DE PROBLEMAS DE FILOSOFÍA DEL ARTE 3
PUCP Escuela de Graduados. Especialidad de Filosofía
Profesora: Kathia Hanza (2006 – II)


Del “abismo inabarcable” a la universalidad del juicio estético

1. Preámbulo

El término “abismo inabarcable” lo tomo de Kant, pero me parece que bien puede servir para describir la situación actual respecto del arte: una situación marcada por una radical pluralidad, tal como la caracteriza Arthur C. Danto, en donde “todo está permitido”[1]. Hoy por hoy, decir que en el arte contemporáneo “todo es posible” o “todo vale” es casi como una declaración de hecho (sino un lugar común), parece que no hay nada que hacer al respecto. Algunos puristas y no tan puristas en materia artística podrán continuar preguntándose “¿es esto arte?” y, sin embargo, más allá de aquella pregunta, el arte contemporáneo continuará, al parecer, en esa dirección: desbocándose en las más variadas prácticas, haciendo suyos los más diversos motivos y medios, haciéndose, cada vez, si cabe, más plural. Creo que bastarán unos pocos ejemplos para indicar a qué me refiero (si hiciesen falta más, en materia de artes visuales el libro de Danto abunda en ellos): hoy en día alguien como Matthew Barney, en “The Order. Cremaster 3”, puede convertir el Guggenheim Museum en una suerte de universo dantesco cargado de simbolismo donde, para cumplir una tarea iniciática, tiene que ganar una extraña carrera a nada menos que a Richard Serra, “arquitecto del universo”. Todo esto es reproducido en una secuencia fílmica de 31 minutos que es nada menos que una minúscula parte de su gigantesco proyecto “The Cremaster Cycle”[2]. Eso por el lado, si queremos llamarlo así, del arte conceptual. A su vez tenemos, por ejemplo, la figura de Tracy Emin, quien expuso en la Tate Gallery en 1999 su obra “My Bed”, que consistía, literalmente, en su propia cama desarreglada y sin tender, con algunos preservativos usados y prendas íntimas manchadas de sangre encima. Esta pieza formó parte de la lista de escogidos para el premio Turner de ese año[3]. Esto por el lado del llamado “arte confesional”. En cuanto a las artes plásticas y visuales, faltaría por supuesto mencionar ejemplos de arte minimal, de arte mediático (hasta del nuevo “arte web”), de los diversos modos de apropiación que emplean hoy en día los artistas, de las performance, de las distintos tipos instalaciones e intervenciones en espacios públicos, etc. etc. etc. Pero quiero dar paso aquí a otro tipo de ejemplos. En literatura, por ejemplo, escritores como Enrique Vila-Matas o José Carlos Somoza se “atreven” hoy en día a inventarse, el primero, una “conspiración” o sociedad secreta Shandy de la cual formaron parte, allá en el año 1924, Marcel Duchamp, Walter Benjamin, César Vallejo, Geogia O’Keefe, entre otros[4]; o a narrar, el segundo, una suerte de doble historia, una “oficial” que consiste en la traducción de un supuesto papiro anónimo griego llamado La caverna de las ideas, y otra “real”, a notas al pie (¡se atreve a usar notas al pie en una novela, y para narrar una historia!), en la que el autor/traductor nos trata de hacer llegar mensajes en clave y de alarma en los que revela cómo él mismo va envolviéndose (y envolviéndonos) en la trama que está traduciendo[5]. Y esto solo por mencionar a escritores de habla hispana. En cuanto al terreno de la música, ¡cómo olvidar, por ejemplo, aquella canción con que The Beatles cierra el segundo disco de su “White Album” (1968), llamada “Revolution 9”![6] O, por poner un ejemplo más actual, cómo no acordarse de la última canción del disco “Vauxhall and I” (1994) de Morrissey, llamada “Speedaway”, en la cual la melodía se mezcla y termina cediéndole paso al sonido de cierras eléctricas[7]. Y esto solo poner algunos de mis ejemplos favoritos... En fin, la lista podría seguir; en materia artística nos sobran ejemplos para mostrar que, efectivamente, a estas alturas, todo está permitido: no hay límite para la creación artística[8].

Pero volvamos al “abismo inabarcable”. El término es de Kant[9], decía, y sin embargo me parece que sirve adecuadamente para retratar la situación del arte contemporáneo: es tan absoluta la variedad de técnicas, medios, recursos, etc. de las que se sirven los artistas, y tan diversas y heterogéneas las prácticas artísticas que conviven hoy en día (al lado de los ya consagrados clásicos de todo tiempo), que a la hora de tratar de abordar un tema tan general y a la vez tan complejo como el arte nos enfrentamos, hoy más que nunca, con un “abismo inabarcable”. Cualquier cosa que digamos al respecto quedará corta para abarcar tan tremenda proliferación y pluralidad de la producción artística contemporánea.

Pero el término también sirve para designar otro aspecto del arte no tan evidente como el anterior y, sin embargo, tan esencial a él como la misma pluralidad de la que somos hoy en día espectadores. Se trata de aquella cualidad que posee cualquier obra de arte, sea la que sea y del tipo que sea, de afectarnos, conmovernos (en el sentido de des-colocarnos), trastocarnos, en suma, de conectarse con uno mismo o llamar nuestra atención de una manera enteramente especial (y, me animo quizá apresuradamente a decir, solamente posible a través del arte). Allí también hay un “abismo inabarcable”: la obra de arte, sea la que sea, abre un espacio de relación con nosotros en el cual muchas, muchísimas cosas suceden y a tan diversos niveles que resultan difíciles de asir. La obra de arte, cuando cumple su función, se conecta con nosotros de un modo tan especial que resulta realmente complejo de articular, casi (si es que no completamente) imposible de explicar. Inabarcable. Es de este otro “abismo” del cual yo quiero hablarles, de la mano de Kant, en este ensayo.

Podría preguntárseme: ¿por qué Kant? Y una primera respuesta, la más sencilla que se me ocurre de inmediato, es: porque Kant, querámoslo o no, fue en un importante cierto sentido el iniciador de la disciplina estética, y siempre es conveniente volver a las fuentes cuando nos vemos envueltos en periodos de controversia como el que estamos viviendo ahora en torno al arte[10]. Pero Kant, ciertamente, no parece hablar de arte... Ni el título ni el índice del libro que tiene sobre el tema, la Crítica de la facultad de juzgar (CFJ), hacen mención alguna a la cuestión del arte. Y, más sospechoso aún, Kant no parece saber nada de arte, o al menos del arte que aquí nos interesa... Dentro de la CFJ son pocas las veces en que habla directamente de “arte”, prefiere hablar de “gusto”, “belleza”, términos que hoy en día nos resultan más bien obsoletos; y en los casos en que lo hace, la belleza artística queda siempre relegada a un segundo plano frente a la belleza de la naturaleza. Nada, pues, más alejado de la pluralidad del arte contemporáneo. Pues bien, considero que justamente en esto consiste la ventaja de Kant. Y labor mía en este ensayo será precisamente explicar por qué.

El asunto para mí, lo planteo de una vez, es el siguiente: cómo hablar del arte de un modo consistente pero sin caer en “charlatanería”. Hasta donde yo soy capaz de ver, hay, por lo menos, dos tipos de “charlatanería” de los que habría que cuidarse. Hay una, la más común y frente a la cual creo que todo filósofo del arte trató de levantarse, que consiste en la postura que dice que, como el arte es una cuestión enteramente subjetiva, “cualquier cosa” se puede decir al respecto de él[11]. A esta postura la llamaré “subjetivista”. Pero hay otra, de la cual quizá recién ahora seamos concientes, que consiste en pretender que se puede decirlo todo respecto del arte. A esta otra postura la llamaré “cientificista” o “conceptualista”.

Qué ocurre. Contra el primer tipo de “charlatanería” se levanta una línea de trabajo filosófico y crítico respecto del arte que apuesta, conciente o inconscientemente, por una suerte de conceptualización en el arte o una suerte de mirada que pretende responder a la pregunta qué es el arte o qué significa el arte, una suerte de mirada “científica” o “cientificista”, si se me permite la expresión simplemente con el propósito de mostrar el punto que quiero sacar a luz. Promotor absoluto de esta línea de trabajo fue Hegel, y su figura más representativa en nuestros días es Danto. Ambos colocan el problema del arte a un nivel científico (el primero) y conceptual (el segundo). Hegel dice, por ejemplo, en la misma Introducción de sus Lecciones sobre la estética: “El arte nos invita a la consideración pensante, y no por cierto con el fin de provocar arte de nuevo, sino de conocer científicamente qué es el arte”[12]. La inquietud primordial es, pues, aquí, conocer científicamente (filosóficamente) qué es el arte. Danto, por su parte, con una inspiración filosófica similar, señala: “Este es entonces el panorama: hay alguna clase de esencia transhistórica en el arte, en todas partes y siempre la misma, pero únicamente se revela a sí misma a través de la historia... La crítica consiste entonces en penetrar estos disfraces y alcanzar esa pretendida esencia”[13]. La idea, aquí, es penetrar en los distintos disfraces de los que el arte se sirve hoy en día para alcanzar aquel significado (o concepto) encarnado o enmascarado correspondiente a la esencia del arte. Ambas preguntas, “qué es el arte” y “qué significa el arte”, parecieran, de algún modo, trazar una distancia entre aquello que es el arte (la pretendida esencia) y nosotros, que buscamos saber qué es, qué significa, el arte. Y el problema está precisamente en que, ante preguntas como esas, pareciera que ninguna respuesta, aún no siendo incorrecta, fuera suficiente[14]. Algo siempre se nos escapa.

Pues bien, frente a este segundo tipo de “charlatanería”, decía, Kant tiene una enorme ventaja. Su ventaja consiste simplemente en que él no tiene, en ningún momento, que responder a ese par de preguntas tan complicadas. Su acercamiento al tema del arte es por entero distinto: él no parte del arte mismo (digamos: de la producción artística misma), sino de la experiencia estética. Lo que le interesa investigar a él no es qué es el arte, sino qué sostiene la capacidad de enjuiciar estéticamente, o dicho con otras palabras, qué sostiene la capacidad de sentirse conmovido, afectado, involucrado de tal modo que uno se ve impulsado a emitir un juicio estético. Lo que para nosotros es, hoy en día, el problema del arte, para Kant vamos a decir que es el problema del juicio estético. La ventaja de abordar la cuestión del arte a partir del problema del juicio estético consiste justamente en que permite ver el asunto desde el punto de vista de la relación que el arte establece con nosotros, y no como algo (un objeto, una obra, un determinado modo de creación y producción) que se enfrenta (y se opone) a nosotros.

2. Volviendo a Kant [15]

Voy ahora a enunciar de frente las dos pistas planteadas por Kant a las que quiero volver. La primera tiene que ver con esto que voy a llamar “giro subjetivo” del que parte este autor para elucidar la cuestión estética; la segunda, con el postulado propio de Kant que dice que la estética no proporciona ningún conocimiento. Ambas están íntimamente relacionadas (casi me resulta imposible desvincularlas) y se encuentran planteadas de manera concisa en las dos versiones de la Introducción de la CFJ, de modo que serán esos los textos a los cuales me remitiré a lo largo de esta exposición.

Resumamos. Kant distingue claramente: a) el sistema del conocimiento racional (aquello que puede ser conocido racionalmente, que en Kant equivale a decir que puede ser conocido lógicamente o por medio de conceptos), de: b) la crítica de la razón, cuya labor, previa e imprescindible, consiste en examinar la posibilidad del conocimiento pretendido[16]. En síntesis, antes de lanzarse a elaborar el compendio del conocimiento humano, la crítica ha de encargarse, con su fino análisis, de delinear los límites precisos del conocimiento posible y legítimo por la razón humana, algo similar a limpiar el terreno de las absurdas ilusiones que podrían hacernos creer que nuestro conocimiento racional llega más lejos de lo que en realidad puede llegar. La crítica es, así, imprescindible para cuidarse de aquellas “charlatanerías” que ya mencioné anteriormente. Con esto Kant ha delimitado, de entrada, un primer ámbito de investigación: como se tratar de una de las Críticas, a dónde nos estamos adentrando es en la arquitectura de la razón: plano subjetivo del conocimiento; no en la materia del conocimiento. Lo que se examina es el funcionamiento de la razón a la hora conocer justamente para delimitar los procesos legítimos de conocimiento.

Pues bien, la primera versión de la Introducción de la CFJ nos presenta el siguiente panorama: si miramos la división desde el punto de vista crítico, la “facultad de conocimiento superior” o “facultad de pensar” se presenta como siendo tripartita (y aquí voy a emplear los términos de Kant): hay una “facultad del conocimiento de lo universal” –el entendimiento–, una “facultad de subsunción de lo particular bajo lo universal” –la facultad de juzgar– y una “facultad de la determinación de lo particular por lo universal” –la razón. Sin embargo, desde el punto de vista sistemático (en cuanto al sistema del conocimiento), existen solo dos dominios: el de la naturaleza y el de la libertad[17]. Para decirlo de forma esquemática: la Crítica de la razón pura establece las fuentes de todo conocimiento de lo universal y suministra las leyes de la naturaleza. Es decir, se enfoca en la legitimidad de nuestro conocimiento científico y apunta a la naturaleza como su dominio. La Crítica de la razón pura saca a la luz cómo toda experiencia de (o experimentación con) la naturaleza es posible debido a que el entendimiento, de manera a priori, “determina” (establece, legaliza, ordena, esquematiza, en suma, hace posible para su comprensión) su objeto. Esto lo hace el entendimiento a través de las categorías y su resultante son las leyes de la naturaleza (como por ejemplo la causalidad), que quedan establecidas por conceptos. La Crítica de la razón práctica, por su parte, establece las fuentes de toda determinación de la voluntad y suministra las leyes de la libertad. Su dominio es el ámbito de la libertad y apunta a la legitimidad de los juicios práctico-morales. En el caso de la moral, lo que tenemos es que la voluntad “determina” (establece, pone en marcha) libremente un curso de acción. Esa determinación no se da de manera caótica o arbitraria, sino que sigue ciertos preceptos o principios, también a priori, que quedan cifrados en las ideas de la razón (que en un plano objetivo vienen a ser las leyes de la libertad, por más contradictoria que pueda sonar esa expresión sacada de su contexto). Con eso tenemos colmados los dos únicos dominios del conocimiento humano: por un lado, el entendimiento proyecta (“determina”) su objeto (la naturaleza) y extrae de él todo el conocimiento posible por medio de conceptos; por otro, la razón proyecta (“determina”) su objeto (la libertad) y establece en él todo el conocimiento posible por medio de ideas. Lo que tiene que ver con el conocimiento, entonces, tiene que ver con esta actividad determinante o legisladora de la razón humana: se determina un objeto (se dice qué es él, a qué esfera corresponde, se lo ubica dentro de un determinado esquema) justamente para poder conocerlo adecuadamente.

Y aquí comienzan las curiosidades de la CFJ; dice Kant: “Pero la facultad de juzgar es una facultad de conocimiento tan especial, y carente de toda independencia, que no da, como el entendimiento, conceptos, ni da, como la razón, ideas de algún objeto, porque no es más que una facultad para subsumir bajo conceptos que vienen dados de otra parte”[18]. La facultad de juzgar es tan especial, que a ella no le corresponde ningún dominio propio (carece de toda independencia). Kant ha descubierto así una “facultad de conocimiento superior” a la que, curiosamente, no le corresponde ningún dominio... es una facultad de conocimiento que no tiene de dónde extraer conocimientos. Podría pensarse, pues, que es una facultad, en ese sentido, inútil. Como no tiene un ámbito propio de acción, no tiene un dominio de objetos propio, no proporciona ni conceptos (como el entendimiento) ni ideas (como la razón). Es decir, no suministra leyes de ningún tipo (¡no tiene ni de dónde extraerlas ni a dónde aplicarlas!). La facultad de juzgar trabaja, pues, en el vacío (en un abismo). Y sin embargo es una facultad “completa” en la cual Kant ve la necesidad de dedicarle toda una crítica.

La cuestión está justamente en que la facultad de juzgar no determina ningún objeto[19]. En esta frase tan en apariencia sencilla, se juega todo lo especial que hay en la facultad de juzgar. Que no determine ningún objeto quiere decir, en Kant, principalmente dos cosas: en primer lugar, que al no tener objetos propios, es una facultad que solo trabaja a favor de ella misma (a favor del sujeto, a favor de uno mismo). En segundo lugar, que no proporciona conocimientos objetivos, leyes, es decir, que no puede hacerse con ella una “ciencia”, no prescribe reglas, no da fórmulas. Lo cual quiere decir, a su vez, que se trata de una facultad que actúa espontáneamente y que no puede predecir (en el sentido de adelantar en qué consisten o qué ocurrirá con sus objetos) ni predecirse (en el sentido que no puede adelantarse qué cosa la despertará). Veámoslo.

a) Giro subjetivo. “La filosofía, como sistema doctrinario del conocimiento de la naturaleza así como de la libertad, no recibe con esto ninguna parte nueva, pues la representación de la naturaleza como arte es una simple idea que sirve de principio a nuestra indagación de la misma y, por consiguiente, nada más que al sujeto”[20]. Lo que hace la facultad de juzgar es “representar a la naturaleza como arte”. Esta representación es una “simple idea” que solo sirve al sujeto en su indagación.

¿Qué quiere decir representar a la naturaleza como arte? Mirar a la naturaleza como arte quiere decir, en breve, representárnosla como algo coherente. Frente a la multitud y exuberante variedad de seres y formas que la naturaleza despliega ante nosotros, el hombre no puede hacer otra cosa más que pensar que ella guarda cierta coherencia[21]. Ciertamente esto lo hace también el entendimiento cuando opera científicamente: supone una coherencia o regularidad en la naturaleza; la naturaleza misma le confirma esta regularidad en la experiencia; esa regularidad es cifrada en leyes como la de la causalidad. La tremenda diferencia[22] consiste en que, en el caso de la facultad de la juzgar, esa coherencia nunca se ve confirmada, nunca sabemos qué es o en qué consiste, no podemos tener experiencia cabal de ella porque no se puede tener experiencia de la naturaleza toda, es un objeto imposible para nosotros; de ahí que no podamos tener “conocimiento” de él. Y sin embargo, aún así, tenemos (de hecho lo hacemos) que representárnosla como coherente[23]. Esa representación, entonces, en el caso de la facultad de juzgar, es simplemente un supuesto (una “simple idea”), pero un supuesto necesario (“que sirve de principio”) para nuestra indagación.

¿Qué nos lleva a proyectar una representación semejante?

Kant va a introducir ahora una sutil distinción. Habíamos dicho, con Kant, que desde un punto de vista crítico la “facultad de conocimiento superior” o “facultad de pensar” se divide en tres partes (el entendimiento, la facultad de juzgar y la razón). Ahora podemos ver cómo hablar de “facultad de conocimiento superior” puede inducir a confusión debido a que la facultad de juzgar no produce conocimientos. Siendo, pues, coherente consigo mismo, Kant va a empezar a hablar ahora no de “facultad de conocimiento superior” sino de “facultades del ánimo humano”. Se trata, a mi entender, de lo mismo, pero Kant busca ser preciso con los términos. Tal como hemos visto, las “facultades del ánimo humano” se van a dividir en tres: 1. la facultad de conocimiento (el entendimiento); 2. el sentimiento de placer y displacer (la facultad de juzgar); 3. la facultad de desear (la razón)[24].

Pues bien, ¿qué fundamenta esa representación? ¿qué nos lleva a proyectar una representación semejante? El fundamento lo vamos a encontrar, precisamente, en este sentimiento de placer y displacer. Y aunque pueda parecer trivial decir que los juicios estéticos se basan en el sentimiento (y hoy en día, quizá, aun más), esta afirmación de Kant encierra varias cosas realmente importantes y quizá no tan evidentes. La facultad de juzgar se basa en esta referencia al sentimiento de placer y displacer; en esta referencia encuentra la facultad de juzgar su fundamento. Como esta representación de la naturaleza como arte no tiene un correlato objetivo (¡no puede tenerlo!, y creer que lo tiene es una de esas ilusiones que invitan al hombre moderno y contemporáneo a pretender poder “decirlo todo”), pero es, sin embargo, una representación necesaria, su justificación o fundamento (tiene que haber algún fundamento si hablamos de necesidad) no puede estar en otra parte más que en el sentimiento del sujeto. Y este es un sentimiento, dice Kant, “de placer”.

Kant anota esto de la siguiente manera: “mirar algo con placer, o de otro modo conocerlo con placer, no es una mera referencia de la representación al objeto, sino una receptividad del sujeto”[25]. Tratemos de ver qué es lo que Kant quiere señalar aquí. A mi modo de ver, lo que sucede aquí es que hay una relación o conexión inmediata, que es fundamental, entre la representación (del objeto) y el sentimiento (del sujeto); y que antes de producir algún tipo de conocimiento (o teoría, o crítica, o discurso filosófico, etc.), esta relación produce “placer” (o displacer). Hablar de placer aquí puede sonar obsoleto, o puede incluso no dar directamente en el punto. Pero esa es la palabra que utilizó Kant y pienso que habría que tratar de ver a qué quería referirse con ella[26].

b) Juicio estético. Creo, pues, que queda insinuado en qué sentido el juicio estético no es un juicio de conocimiento: “precisamente porque todas las determinaciones del sentimiento no son más que de significación subjetiva, no puede haber una estética del sentimiento como ciencia”[27]. Concentrémonos ahora en el fundamento de los juicios estéticos.

“Mediante la denominación del juicio estético sobre un objeto se muestra, pues, de inmediato que una representación dada bien puede ser referida a un objeto, pero en el juicio (estético) no se entiende la determinación del objeto, sino del sujeto y su sentimiento”[28]. Habíamos dicho que aquí lo fundamental es esta relación o conexión inmediata entre la representación (del objeto) y el sentimiento (del sujeto). El juicio estético ciertamente está emparentado con (o dice algo sobre) un objeto en la medida en que es la representación de un objeto la que la activa la facultad de juzgar. Pero lo que interesa en el juicio estético no es esta referencia al objeto, sino su referencia al sujeto, y más aún, a su sentimiento: eso es lo específico del juicio estético. Creo que a lo que apunta Kant aquí es, en el fondo, a que el juicio estético “pretende” o “pareciera” decir algo respecto solamente de un objeto (una cosa, una obra de arte, un paisaje de la naturaleza, etc. etc.), y en ese sentido “pretende” o “pareciera” ser un juicio objetivo (determinante), y sin embargo, en el fondo, el juicio estético es principalmente un juicio subjetivo[29]: un juicio que es del sujeto, que expresa un “sentimiento de placer” del sujeto respecto de una cierta representación o configuración. Expresa un “sentimiento de placer” en el sentido de manifestar una conexión esencial y principalmente afectiva, que ha de expresarse mediante el discurso, pero que no por ello deja de ser específicamente subjetiva.

Es, pues, en esta referencia al sentimiento del sujeto donde se concentra para Kant todo lo significativo y peculiar de lo “artístico”: “la facultad de juzgar reflexionante procede, pues, con fenómenos dados... no de manera esquemática... sino artísticamente, según el principio, universal, mas al mismo tiempo indeterminado, de una ordenación conforme a fin de la naturaleza en un sistema, por así decirlo, en favor de nuestra facultad de juzgar...”[30]. La facultad de juzgar procede no de manera esquemática, es decir, no de manera científica o con vistas al conocimiento, sino artísticamente: al juicio estético no le interesa (¡no es su función!) “determinar” un objeto (decir qué cosa es) sino reflexionar en torno a él: dejar abierto ese espacio de relación, tan esencial y a tantos niveles posible, a partir del cual siempre hay algo más que se puede decir. Este “principio” artístico tiene que quedar, como dice Kant, indeterminado.

3. Sacando a la luz

Este “principio artístico” es también, al mismo tiempo dice Kant, universal. En realidad, grosso modo, todo el desarrollo de la CFJ va a consistir precisamente en examinar esta pretensión de validez universal del juicio estético[31]. Yo no pienso llegar tan lejos en este ensayo; simplemente, amparándome en el hecho de que Kant efectivamente tuvo la intuición de que esta pretensión estaba justificada (y por ello elaboró una crítica de la facultad de juzgar), quiero sacar a la luz algunas pistas que se desprenden de esta concepción de la estética.

Universal, independientemente de que examinemos la CFJ toda, tendría que significar algo así como que es válido para todos; que no se trata de simple arbitrio, que no es una cuestión meramente subjetivista. Lo que quiero hacer notar aquí (nuevamente, independientemente de que examinemos la CFJ completa, y independientemente de si estamos de acuerdo o no con la postura kantiana) es el esfuerzo por parte de Kant de delinear la forma coherente de hablar de algo subjetivo, más no por ello de manera subjetivista. Esto, de por sí, ya anota a favor de tratar de abordar el tema del arte (y del arte contemporáneo) desde una perspectiva que no merme el carácter subjetivo, afectivo, en esta sensibilidad inherente a la creación y producción artística.

Pero volvamos a lo de universal. Me parece que cuando Kant habla en esos términos a lo que se refiere es a las condiciones subjetivas de posibilidad del juicio estético. De algún modo eso ya lo había insinuado al ubicar a la facultad de juzgar como una de las partes de nuestra “facultad de conocimiento superior” o de las “facultades del ánimo humano”. Para decirlo de manera breve: todos y cada uno de nosotros cuenta con esta facultad, posee la capacidad de vincularse a este nivel estético o artístico con lo que nos rodea. Eso no quiere decir, en absoluto, que todos tengamos que estar de acuerdo en nuestras apreciaciones estéticas; no creo que eso sea, en absoluto, lo que insinúan las palabras de Kant. Más bien pienso que es una vinculación bastante anterior y, si se quiere llamar así, elemental: al tener todos la facultad de poder conectarnos estéticamente con el mundo, lo que se saca a la luz es justamente esta relación, nexo, tránsito peculiar que somos capaces de entablar con nuestro entorno... esta sensación o sentimiento esencial de sintonía, este simple y profundo saber que este mundo puede ser nuestro. Es un abismo inabarcable inherente a nuestra condición[32].

Para explicarme, y para ir concluyendo también, voy a tratar de trasladar lo dicho al terreno del arte contemporáneo.

Kant dice que la facultad de juzgar no determina ningún objeto. Podemos leer esto como que no hay ningún objeto específico que calce “correctamente” con algún cierto esquema de lo que debe ser arte. Es decir, cualquier cosa puede ser arte (¡ja! tremenda intuición de Danto, como vemos, esto de decir que cualquier cosa puede ser hoy en día arte). Pero esto no quiere decir que, efectivamente, cualquier cosa sea arte, sino que hoy en día cualquier cosa puede ser arte mientras mantenga esta característica o poder peculiar de afectarnos de un modo sumamente especial. Por otro lado, Kant dice también que lo estético no es susceptible de producir o convertirse en ciencia. Esto podemos leerlo como que no puede haber una fórmula, un conjunto de reglas que nos diga cómo debe entenderse el arte. Todo se decide en este conectarse (o no conectarse) de la obra con nosotros, que es como decir que todo se decide en lo que la obra es capaz (si es que lo es) de decirnos a cada uno de nosotros mismos. Y ciertamente es difícil hacer aflorar al discurso esa relación; es difícil hablar de los sentimientos, y más aun hacerlo de modo coherente. Sin embargo, parece que no podemos dejar de hacerlo. Kant, aquí, nos da una opción digna de considerarse. Y a mí sinceramente me sorprende pues, realmente me sorprende y me admira la actualidad de Kant.


Dice Danto en un video documental sobre Andy Warhol que uno ve la Brillo Box y no le queda más que pensar. La obra nos invita a pensar. Es cierto. Lo mismo sucede, o me sucedió a mí en todo caso, por ejemplo con esta novela de Vila-Matas llamada Bartleby y compañía: nos invita, en este caso, a pensar en las posibilidades mismas de la escritura. Pero hay algo más: hay algo que nos lleva a decir “No puedo contarte enteramente de qué se trata. Tienes que verlo por ti mismo” (en arte, cine, música, literatura, teatro, arquitectura, etc. etc...). Eso, de eso se trata. Yo he tratado de poner distintos y diversos ejemplos al inicio de este ensayo, pero en el fondo, si de algo ha servido que los coloque allí, es para decirles: vayan y véanlos (escúchenlos, léanlos... en fin, siéntalos) ustedes por sí mismos, y luego conversemos.

[1] “El nuestro es un momento de profundo pluralismo y total tolerancia, al menos (y tal vez solo) en arte. No hay reglas” (Danto, Arthur C., Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia, traducción de Elena Neerman, Barcelona/Buenos Aires/México: Paidós, 1999, p. 20). Cf. ibid., pp. 35, 59, 65-66, 112-113, entre otras.

[2] Le tomó poco más de una década a Matthew Barney (San Francisco, EE.UU., 1967) realizar su proyecto “The Cremaster Cycle”, dividido en 5 episodios. Es una pieza, o “ciclo”, difícil de abarcar por su monumental carga mítica y simbólica. Al verlo, uno se queda con la sensación de estar ante algo realmente grande... pero algo que no podrá nunca descifrarse plenamente. “The Cremaster Cycle” fue finalmente inaugurado en el Guggenheim Museum en febrero del 2003. Barney realizarían luego, junto a su esposa Björk, la película “Drawing Restraint 9” (2004), película que fue transmitida en Lima en mayo del 2006 en una única función en el Centro Cultural de España. Menciono esto porque esta es la única pieza de Barney que, con mucho esfuerzo, ha llegado “oficialmente” a nuestra ciudad, y sin embargo, una obra como “La muerte de Eros” (2003), video de 22 minutos del videoartista peruano Diego Lama, muestra, a mi parecer, resonancias de la obra de Barney, sobre todo en cuanto al protagonismo de elementos simbólicos y la pulcritud en la técnica.
[3] Se dice que la cama de “My Bed” de Tracy Emin (Londres, Inglaterra, 1963) fue precisamente la misma cama donde la artista pasó un periodo de fuerte depresión. Otra obra importante de Emin es “Everyone I Have Ever Slept With 1963-95”, que consiste en una carpa en cuyo interior se encuentran bordados los nombres de todas las personas con quienes alguna vez Emin durmió, incluidos compañeros sexuales, familiares con quienes trasnochó en su infancia, su hermano mellizo y sus dos embarazos perdidos. A fines del año pasado, el artista peruano Enrique La Cruz, en su exposición “Retrospectiva” (Sala Raúl Porras Barrenechea, 2005) (exposición que incluía, entre otros, fotografías, acumulación de objetos personales y un vídeo en el que sobre un fondo eminentemente blanco el artista declaraba públicamente que era homosexual), hacía mención directa a Tracy Emin en la primera pieza que uno se encontraba al entrar en la sala de exposición, señalando así su adherencia a la propuesta de Emin. Asimismo, Eliana Otta incluyó en la muestra colectiva “El amor... ahhh” (Sala Raúl Porras Barrenechea, 2006) una cama pequeña, como para una niña, cubierta por un cubrecama de motivos infantiles, sobre la cual el diario personal de cuando Otta tendría unos 12 años abría sus páginas y nos invitaba a echarnos cómodamente y revisarlo. En esa misma exposición, Sharon Lerner proyectaba un vídeo en el cual, tras un fondo blanco, diversas muchachas respondían a preguntas como “¿crees en el amor?”; o Ana Barboza colgaba una colcha hecha por ella misma en la técnica patch-work en la cual había bordado sus inquietudes respecto de un nuevo amor. Todas ellas son egresadas del año 2005 de la Facultad de Artes plásticas de la PUCP. Menciono esto para mostrar que la figura de Emin no está tan lejos de la producción artística actual de nuestra ciudad.
[4] Me refiero a la obra de Enrique Vila-Matas (Barcelona, España, 1948) titulada Historia abreviada de la literatura portátil, publicada por primera vez en 1985, que podría perfectamente leerse como un texto histórico o documental, de no ser porque estamos ante un texto de ficción. Otro libro sumamente interesante y sugerente de Vila-Matas es Bartleby y compañía (2000). Aquí, el supuesto autor del texto es un personaje jorobado que se siente íntimamente cercano a Bartleby, personaje del relato homónimo de Herman Melville, y decide elaborar un diario (a modo de notas a pie de páginas) en el que hace un recuento de todos aquellos escritores que padecieron el síndrome Bartleby o “literatura del No” (hay muchísimos y de los más variados: Juan Rulfo, J.D. Salinger, Arthur Rimbaud, Juan Ramón Jiménez, Wittgenstein...): tomar la decisión de no escribir. ¡Todo esto sin dejar de ser una novela!
[5] Se trata de la obra de José Carlos Somoza (La Habana, Cuba, 1959) titulada, tal como el papiro griego que supuestamente está traduciendo, La caverna de las ideas, publicada por primera vez en el año 2000.
[6] Donde lo único que se repite constantemente y hasta el cansancio durante al menos los primeros 4 minutos es la frase “number nine... number nine... number nine...”, mientras que “detrás” se está produciendo toda una revolución en la melodía.
[7] Steven Patrick Morrissey (Manchester, Inglaterra, 1959), fundador de la legendaria banda de los ochentas The Smiths, que ahora trabaja en solitario. La canción a la que me refiero no tiene nada de violenta ni del tipo de vibraciones que caracterizan al heavy metal, como podría pensarse por el recurso de las cierras eléctricas, y sin embargo este recurso ciertamente funciona en esta canción, a mi parecer, más que bien. Otro tema de Morrissey digno de mención aquí es su versión de la canción “Moonriver”, también del año 1994.
[8] Danto habla de cómo los artistas presionaron de tal modo los límites en que el arte se constreñía que estos finalmente cedieron, se desplomaron. Esto ocurrió para Danto aproximadamente en la década del setenta, figura capital de este proceso fue Andy Warhol. Cf. Danto, Arthur C., o.c., pp. 35-37.
[9] Específicamente aparece en: Kant, Immanuel, Crítica de la facultad de juzgar, Introducción, BXIX/AXIX, p. 87; en adelante: CFJ, seguido de la numeración original y del número de página (la paginación corresponde a: Kant, Emmanuel, Crítica de la facultad de juzgar, traducción, introducción y notas de Pablo Oyarzún, Caracas: Monte Ávila, 1992). Sobre el papel del “vacío” en el proyecto crítico de Kant pueden verse las primeras páginas de: Vallaeys, François, “¿Por qué leer a Kant hoy?”, en el libro de artículos próximo a publicarse titulado Por qué leer filosofía hoy (Lima: Fondo Editorial de la PUCP, en preparación).
[10] Kant reconoce en el juicio estético una “facultad superior de conocimiento” (así se expresa, por ejemplo, en la primera versión de su Introducción, cf. CFJ, 7, p. 28), con lo cual abre para la estética un ámbito propio, e igual de digno, como parte de la crítica de la razón pura. Lo que interesa señalar de esta expresión es el uso del adjetivo “superior” referido a la facultad de juzgar estética.
[11] Digo que me parece que todo filósofo del arte (o al menos los que yo he podido revisar) trató de levantarse contra esta postura porque, de acuerdo a ella, en el fondo, simplemente no hay nada que discutir, porque no se puede discutir, respecto del arte. La experiencia del arte es así intransferible e incomunicable, es una cuestión enteramente de “gusto” u “opinión” personal. Hegel, por ejemplo, se levantó radicalmente ante esta posición al sostener que el arte es una cuestión de contenidos objetivos: “Lo que ahora suscitan en nosotros las obras de arte es, además del goce inmediato, también nuestro juicio, pues lo que sometemos a nuestra consideración pensante es el contenido... La ciencia del arte es por eso en nuestro tiempo todavía más necesaria...” (Hegel, G.W.F., Lecciones sobre la estética, traducción de Alfredo Brotóns Muñoz, Madrid: Akal, 1989, p. 14). Nótese que ese “goce inmediato”, aunque sea mencionado, no es lo que más le interesa a Hegel. La capacidad de elaborar una ciencia sobre el arte no descansa en ese goce sino en el contenido de la obra de arte. Por su parte, Danto, en Después del fin del arte, desea “identificar qué principios críticos hay cuando no hay más relatos, y donde, en un sentido cualificado, todo es posible”, justamente para levantarse contra cierto tipo de trabajo crítico que consistía en “decir qué era bueno y qué no, basado siempre en el ojo como una clase de séptimo sentido...” (Danto, Arthur C., o.c., p. 20, 112).
[12] Hegel, G.W.F., o.c., p. 14; cursivas añadidas. En el inicio de la Introducción de las Lecciones sobre la estética, Hegel es tajante respecto de: 1. Al objeto de sus lecciones (el arte) no le es adecuado el nombre de “estética”, “pues ‘estética’ designa más exactamente la ciencia del sentido, del sentir” (ibid., p. 8). El “sentir”, ese “goce inmediato”, no es, pues, en absoluto objeto de su estudio; más aún, ese aspecto estorba para sus objetivos. 2. Al delimitar la estética que es objeto de sus lecciones, dice: “con esta expresión excluimos al punto lo bello natural” (ibid.). Con esto Hegel marca distancia directa con Kant desde la primera página de sus Lecciones, como si en Kant se concentrara aquella postura subjetivista contra la que hay que levantarse.
[13] Danto, Arthur C., o.c., p. 51; cursivas añadidas. Danto también sitúa el principal objeto de sus críticas en la línea de crítica de arte inaugurada por Kant, principalmente en la figura de su colega Clement Greenberg, y dedica, en Después del fin del arte, dos capítulos (el capítulo 4: “El modernismo y la crítica de arte puro: la visión histórica de Clement Greenberg” y el capítulo 5: “De la estética a la crítica de arte”) para desligar su propuesta de la de estilo kantiano. No pretendo aquí, en absoluto, tanto en el caso de Hegel como en el de Danto, desmerecer el valor de sus aportes a la filosofía del arte. Pienso que ambos son fundamentales en el desarrollo de esta disciplina. Lo único que pretendo decir es que a ambos “algo” se les escapa al querer cifrar la cuestión del arte en términos exclusivamente científicos, el primero, y conceptuales, el segundo. El problema que veo yo no está en hacer del arte una cuestión científica o conceptual, sino en pretender reducir la cuestión del arte estrictamente a esos términos.
[14] El caso paradigmático me lo proporciona, probablemente en contra de sí mismo, Danto: su afán por dar una respuesta a la cuestión respecto de la esencia del arte nunca parece quedar plenamente satisfecho. Sus respuestas buscan ser, en este sentido, esenciales (dar cuenta de qué es el arte) y sin embargo la experiencia artística se muestra siempre, y sobre todo hoy en día, mucho más amplia, “inabarcable”, como si no fuera susceptible de ser enteramente cifrada en esos términos.
[15] En lo que sigue, voy a seguir una pista de interpretación “negativa”. Esta pista fue planteada por Julio del Valle y consiste en ver el modo “negativo” o “por oposición” mediante el cual Kant construye sus definiciones en la CFJ (por ejemplo: ¿qué es un juicio estético? Un juicio estético es un juicio no-lógico).
[16] La CFJ se inicia así: “Si la filosofía es el sistema del conocimiento racional por medio de conceptos, ya con ello se la diferencia de modo suficiente de una crítica de la razón pura, la cual ciertamente contiene una investigación filosófica de la posibilidad de un conocimiento semejante, pero no pertenece como parte del sistema, sino que ante todo proyecta y examina la idea de este” (CFJ, primera versión de la Introducción, 2, p. 23).
[17] Cf. ibid., 7, p. 28.
[18] Ibid., 7-8, p. 28; cursivas añadidas.
[19] Este tipo de juicios que “no determinan ningún objeto” Kant los llama juicios reflexionantes (para distinguirlos, precisamente, de los juicios determinantes que son los que él ha examinado en la Crítica de la razón pura y en la Crítica de la razón práctica). A ellos corresponden los juicios estéticos.
[20] Ibid., 9, p. 30; cursivas añadidas.
[21] Tratemos de imaginar por un momento qué sucedería si ella no guardara ninguna coherencia de ningún tipo: viviríamos a merced del caos, no habría continuidad de ningún tipo en nuestra experiencia del mundo, no podría construirse nada, ni siquiera podría darse un paso y caminar con tranquilidad o siquiera hacer alguna afirmación respecto de algo. Quizá mis ejemplos no sean del todo buenos, pero lo que quiero señalar es que para que cualquier tipo de experiencia sea posible ha de pensarse ante todo que hay una mínima coherencia. Es un supuesto, o una representación como la llama Kant, tan pero tan básico y elemental, que ni siquiera puedo imaginar cómo sería el caso contrario.
[22] “Siempre hay una gran diferencia entre, por una parte, las representaciones en cuanto que, simplemente referidas al objeto y a la unidad de la conciencia de este, pertenecen al conocimiento... y, por otra parte, su referencia no más que al sujeto, en que ellas son por sí mismas fundamentos para conservar su propia existencia en este y, en tal medida, con consideradas en relación con el sentimiento de placer y displacer” (ibid., 10, p. 31; cursivas añadidas). En el primer caso (de la ciencia), la representación se conecta con el sujeto por medio del entendimiento, subsume la representación dentro del concepto de un objeto. Como sabemos que esa representación corresponde a un determinado objeto, podemos conocer a dicho objeto mediante su representación. En el segundo caso (el de la facultad de juzgar), la representación se conecta con el sujeto, pero como no hay ningún objeto de conocimiento que le corresponda, esa representación es referida al sentimiento de placer y displacer (tema sobre el cual hablaremos más adelante).
[23] Parece esto algo de lo más sencillo, tan elemental que es de lo más sencillo. No lo es, y Kant mismo se esfuerza en hacérnoslo ver. Frases como “la naturaleza toma el camino más corto”, “no hace nada en balde”, “es rica en especies y parsimoniosa en los géneros” (cf. ibid., 15, p. 34), etc. etc., ¿qué quieren decir? ¿qué hay detrás de ellas? Lo que traslucen es que nos comportamos frente a la naturaleza como si ella estuviese gobernada por un entendimiento que desconocemos, pero por un entendimiento al fin y al cabo; como si, a la base de tanta y tan exuberante variedad y pluralidad, hubiese una unidad que nos es desconocida, pero que unifica a fin de cuentas (cf. CFJ, Introducción, BXXVIII/AXXVI, BXX/AXX, pp. 92, 87). Cuando vemos a la naturaleza como arte, dice Kant, lo que hacemos es solamente fundar “una máxima para la facultad de juzgar a fin de observar según ella la naturaleza y mantener con esto cohesionadas sus formas” (CFJ, primera versión de la Introducción, 9, p. 30). No es esta una labor para nada sencilla, “piénsese solo en la magnitud de la tarea (dice Kant): hacer, de las percepciones dadas de una naturaleza que contiene una multiplicidad en todo caso infinita... una experiencia coherente” (CFJ, Introducción, BXXXV/AXXXIII, p. 95). A este postulado Kant lo va a llamar “conformidad a fin sin fin” (sin fin porque de ese fin nunca tendremos conocimiento) término importantísimo de la CFJ y, por lo demás, también sumamente ambiguo sacado de su contexto.
[24] Cf. CFJ, primera versión de la Introducción, 10, p. 31. Sutilezas y exquisiteces terminológicas, lo sé, pero serán necesarias para lo que viene. Por otra parte, nótese cómo con este cambio en la terminología, el sentimiento de placer y displacer viene a formar parte de la facultad de pensar. El sentimiento es un modo pensar.
[25] Ibid., 28, p. 44; cursivas añadidas.
[26] Respecto de esto, no es para nada casual que Kant dedique varios parágrafos de la CFJ (§§ 3-4, 7, pp. 123-126, 129-130) para explicar que no se trata aquí de un simple agrado o apetencia. La relación que se establece mediante el sentimiento de placer o displacer es mucho más fundamental, incluso casi viseral, que un simple agrado o complacencia con un objeto.
[27] CFJ, primera versión de la Introducción, 28, p. 44; cursivas añadidas.
[28] Ibid., 29, p. 44; cursivas añadidas.
[29] Creo que esta concisa oración, que Kant coloca al inicio de la primera versión de la Introducción de la CFJ, es un buen resumen de todo lo que aquí se ha tratado: “Allí donde unos objetos de la naturaleza sean a veces juzgados sola y simplemente como si su posibilidad se fundase en el arte... los juicios no son ni teóricos ni prácticos, en cuanto no determinan nada acerca de la índole del objeto ni del modo de producirlo, sino que a través de ellos la naturaleza misma es juzgada, pero meramente por analogía con un arte, y ello en referencia subjetiva a nuestra facultad de conocimiento, no en referencia objetiva a los objetos mismos” (ibid., 6, p. 27).
[30] Ibid., 19, p. 37.
[31] “la posibilidad de un juicio estético... fundado en un principio a priori de la mera reflexión... si puede probarse que está efectivamente autorizado a pretender validez universal, requiere completamente de una crítica de la facultad de juzgar” (ibid., 57, p. 63).
[32] Y qué mejor forma que el arte, en cualquiera de sus formas, para desplegarla. Aquí me veo tentada (y voy a caer en esa tentación, aunque eso pueda desviar un poco la atención) de utilizar un ejemplo que le gusta mucho a mi madre. En uno de sus libros favoritos aparece este ejemplo: “También tenemos herramientas de esta fecha, aproximadamente el año 500.000 a.C., herramientas prácticas. Si los monos pudieran manipular una piedra y romperla, las herramientas serían de este tipo. Pero hay una herramienta en particular que, para mí, representa la emergencia de una especie de conciencia humana; el nacimiento, podría decirse, de la vida espiritual, que ningún animal podría haber inventado. Esta herramienta, también del 500.000 a.C., fue hallada en las riberas del Támesis. Es más larga de lo que habría sido útil, unos quince o veinte centímetros. Lo que Robinson Jeffers, el poeta de California, llama ‘la belleza divinamente superflua’, está aquí” (Campbell, Joseph, Los mitos en el tiempo, traducción de César Aira, Buenos Aires: Emecé, 2000, pp. 12-13; cursivas añadidas). ¿Por qué hacer una herramienta práctica más larga de lo que habría sido útil? (nótese que aquí no estamos ante una obra de arte “oleada y sacramentada”, sino ante una herramienta práctica que tuvo una utilidad específica). Quiero sugerir, y por ello coloco a pesar de todo este ejemplo, que en la respuesta a esta pregunta puede encontrarse todo el sentido de la cuestión estética, y que, sin embargo, es una respuesta que nunca podría ser completada o dada por cancelada. Nunca podría responderse del todo.