jueves, 1 de febrero de 2007

THE KILLERS’S TOWN

Don’t you wanna come with me and feel my bones? (track n°8)

He colocado como un punto de mi lista del año 2006 el disco de The Killer, Sam’s Town, y quizá convenga dedicarle unas cuantas palabras. El disco lo compré en noviembre, en este nuevo recinto de la piratería que queda frente al Santa Isabel de Javier Prado (allí, para mi sorpresa, se pueden encontrar cosas interesantes, como por ejemplo las temporadas completas de Dr. House –otro punto en “My List”, track n°9). Noviembre suele ser un mes recargado para mí, a puertas del fin de ciclo, y un día, de regreso de la universidad, en vez de irme de frente a mi casa paré un momento por allí a distraerme, lo encontré y me lo compré. Lo importante en realidad no es cómo lo encontré, sino que una vez que lo hice, el disco empezó a sonar y sonar sin parar en mi radio. Lo puse en el cd-room y no abandonó ese lugar durante unas buenas varias semanas. Imagino que se puede entender a lo que me refiero: cuando uno deja el disco (o mejor dicho, el disco mismo se queda) allí instalado y cada vez que se enciende la radio se enciende con él. El disco, por alguna razón que no me quiero detener a analizar (track n°5: “For Reasons Unknown”), produce una extraña relación con uno mismo: eso es lo que quieres escuchar, así lo hayas escuchado el día anterior, o ese mismo día, o incluso minutos antes. Pues eso me pasó con Sam’s Town en noviembre pasado.

A los Killers ya se los conocía por si primer disco, Hot Fuss (2004). Seguramente todos habrán escuchado esa canción: Somebody told me, that you have a boyfirend, that looks like a girlfriend... con la que se dieron a conocer hace un par de años. Las primeras canciones conocidas no siempre le atinan al espíritu del disco, y en este caso es evidente que no fue así, incluso es probable que esta primera canción que salió al aire en Lima desviara la atención. Generó risas, pero de esas medio burlescas... como diciendo “mira qué gracioso lo que dicen estos chicos sobre el novio que parece una novia”. Hay otras canciones en ese disco que merecen mucha mayor atención. Cuando vuelvo a él, suelo escucharlo de la siguiente manera: pista n°1: “Jenny Was a Friend of Mine”; pista n°2: “Mr. Brightside”; pista n°3: “Smile like You Mean It” (esta dependiendo del estado de ánimo); pista n°6 (la imprescindible): “All These Things that I’ve Done”; las demás, a veces sí a veces no, todo depende del momento. Pero hay ciertas líneas que empiezan a trazarse, que pueden (o no pueden) germinar y tirar para más, seguir desplegándose y enriquecerse (o perderse, estancarse y pudrirse hasta quién sabe cuándo –quizá nunca). Me parece que estas 4 canciones que menciono del primer disco arrojan esas líneas que bien hicieron los Killers en seguirlas en este segundo disco.

En el caso de los Killers estas líneas me remiten a lo que me gusta llamar “carácter glam”. Encuentro (con o sin razón, no me voy a detener a analizar eso ahora) bastante de glam en estos chicos, sobre todo en este disco. Me cuesta decir a qué me refiero con esto de “carácter glam”, pero haré un pequeño esfuerzo solo para insinuar por dónde van mis percepciones. Hay una suerte de recurso por la dramatización, incluso por cierta infantilidad (fíjense, si quieren, en los coros finales del track n°7: “Uncle Jonny”, o en el desarrollo progresivamente dramatesco del track n°4: “Bling (Confessions of a King)”, o en la última canción, track n°12: “Exitlude”)[1], pero sin llegar al drama, sin volverse perdidamente dramático (ni sonsamente infantil). Hay una suerte de dramatización que, bien empleada, funciona de manera genial... ¿Funciona de manera genial en qué, para qué? Me cuesta decirlo, porque no es fácil explicar este tipo de conexiones que uno establece con las cosas (o que ciertas cosas, como la música, establece con uno) (track n°6: “Read My Mind” –mi favorita). Así que voy a decirlo simplemente de manera gruesa. Funciona de manera genial en la transmisión cabal y completa (tan completa que te toma por completo a ti mismo, te abraza, te embarga) de un estado de ánimo. Y aquí tengo, lamentablemente, que hacer dos aclaraciones: 1. Con estado de ánimo no me refiero a un mero sentimiento, no estoy hablando de “subjetivismo”. Estado de ánimo tendría que hacernos pensar, si no estuviéramos tan acostumbrados a no prestarle atención a las palabras, en un estado integral, en un estado en el que uno (con todas sus partes) se encuentra. 2. No es “subjetivismo” en el sentido en que, creo, todos podemos reconocer qué significa estar en un estado de ánimo. Todos sabemos lo que significa, y lo que implica. Todos hemos pasado por ello. Y en ese sentido, lo subjetivo no es meramente “subjetivista”. Pero basta con eso (de lo que estoy tratando de hablar aquí son de mis propias líneas, que habrá que seguir desarrollando).

Vayamos al disco mismo. Para algunos (pienso en mi amigo Gino, por ejemplo) el disco comienza realmente (debería comenzar) en la segunda canción track n°2: “Enterlude”; con ella se inicia un circuito que, cual círculo perfecto, termina con la última canción, track n°13: “Exitlude”. Los nombres propios de estas canciones (y su ubicación) hacen explícita alusión a esto. Pero lamentablemente (para ellos) el disco comienza con la primera canción, track n°1: “Sam’s Town”, que le da nombre al disco además (pequeña cosa; sí, seguramente). Yo prefiero verlo así: “Sam’s Town” está allí como introducción, como guiño, como preámbulo (y qué preámbulo), a la manera en que los epígrafes en los libros de ensayos se colocan para causar cierta impresión o en que algunas películas muestran ciertas imágenes precisas antes de abrir el film para señalar... algo (qué cosa sea este algo, depende...[2]). ¿Y qué hace “Sam’s Town” en específico en este disco? Es una entrada fuerte, vibrante, gritada a toda voz. Es una proclama. Un manifiesto. Una afirmación: somos chicos, jóvenes, cargados de energías (y dudas, búsquedas) y en este momento no nos importa nada más que ser fieles a eso, persistir en la búsqueda, volcar nuestras energías.

Nobody ever had a dream round here / but I don't really mind that it's starting to get to me / Nobody ever pulls the seams round here, / but I don't really mind that it's starting to get to me / I've got this energy beneath my feet / like something underground's gonna come up and carry me, / I've got this sentimental heart that beats / but I don't really mind that it's starting to get to me now / Why do you waste my time? / Is the answer to the question on your mind / And I'm sick of all my judges / so scared of what they'll find / But I know that I can make it / As long as somebody takes me home, / every now and then...

(tendrían que escucharla, la interpretación de Flowers es genial y no dudo que sobre el escenario debe ser mejor aún)

El final nos abre la puerta al universo Sam’s Town: The Killer’s Town. Y aquello que vemos allí, que divisamos a la distancia,

You know I see London / I see Sam's Town / holds my hand and let's my hair down / Rolls that world right off my shoulder / I see London, I see Sam's Town now

es para mí justamente lo que ocurrirá en las siguientes 11 canciones.

Qué sucede con el resto del disco. Las canciones, para mí, elaboran en genial combinación la ambivalencia entre energías e inquietudes de juventud (track n°3: “When We Were Young”). En ese sentido no es una energía impuesta (o impostada) (track n°10: “This River Is Wild”); estos chicos son lo suficientemente valientes como para mostrar (y de qué manera!) sus miedos (track n°11: “Why Do I Keep Counting?”), o los miedos de cualquiera, sin caer, como intento decir, en el mero drama. Y eso, que ya venía anunciándose en el disco anterior[3], es lo que me parece genial del Sam’s Town. Bienvenido sea.


[1] “Cerca de una hora antes del show, Brandon Flowers, cantante y tecladista de la banda... se acerca a un espejo de cuerpo entero para revisar su maquillaje. La banda está por tocar en el Central Park de Nueva York. Tras vender dos millones de copias del álbum debut de los Killers, Hot Fuss (2004), Flowers está en su camarín. Es una noche perfecta. ‘Todos desearíamos estar en otro lugar’, admitió Flowers un rato antes, mirando a lo lejos hacia un árbol que está más allá de la valla que demarca la zona backstage. ‘Pero estamos atrapados aquí. Ahora tenemos que cumplir con nuestro deber’. Y cuidadosamente se aplica delineador con un diminuto pincel: primero el ojo izquierdo, luego el derecho. Después viene la máscara para pestañas, seguida de un rubor brillante en las mejillas. El cabello de Flowers ya está batido, como si lo hubiera peinado la mano de un robot.... ‘Antes usaba mucho más brillo’, dice Flowers. ‘Ahora todo el mundo se maquilla’.” (Mark Binelli, “The Killers. Reyes del rock bailable”, en: Rolling Stone, anuario 2005, p. 63).

[2] Un ejemplo de esto pueden apreciarlo en Marie Antoinette de Sofía Coppola. Véase: infra.

[3] “‘Sigo siendo un devoto’, dice Flowers... ‘No suelo tomar alcohol ni fumar demasiado, y estoy tratando de dejar del todo. Siento que lo que estamos haciendo es muy positivo. Quiero decir: cuando terminamos una noche con ‘All These Things that I’ve Done’ frente a un público de unas 5.000 personas, el mundo ya es un lugar mejor’” (Mark Binelli, “The Killers. Reyes del rock bailable”, p. 64).