martes, 13 de marzo de 2007

LOS CHANCHOS SÍ VUELAN

Estas son solo unas primeras impresiones del concierto de Roger Waters: The Dark Side of the Moon. Ya vendrá el recuento completo (y quizá venga más de uno!) con los pormenores del asunto. Por el momento, solo unas breves primeras impresiones porque simplemente no me aguanto.

Si estás en Lima y no fuiste ayer al concierto de Roger Waters, debes lamentarte. Seriamente, debes lamentarte. Te has perdido de algo realmente extraordinario y sin parangón alguno (si vives en el extranjero, estate atento a la presentación de este maestro en tu ciudad). Será muy difícil igualar lo que sucedió anoche en la explanada del Monumental. Será muy difícil también recuperarse. Desde la primera canción, In the Flesh, en la carne, me quedé con la piel erizada. Y no faltaron sus buenas lágrimas de emoción entre el público concurrente. Una noche extraordinaria.

Roger Waters logró lo imposible: los chanchos sí vuelan, señores, y ayer uno voló y se perdió, cada vez más alto, en el cielo limeño. Ha de esperarse que en algún lugar de la estratósfera se encuentre con sus demás colegas de las demás ciudades por donde ha pasado Roger Waters liberando cerdos.

Un evento sin precedentes. Deberíamos construirle un monumento a Roger Waters, no solo por lo excepcionalmente genial de su presentación, sino por haber apostado por el Perú. Sí señores, cuántos buenos grupos pasan por Latinoamérica y pasan de largo para nosotros. Roger Waters se detuvo en Lima, Perú, y ese gesto no debería ser olvidado por nadie: ni por nosotros, los de los ahora, ni por los otros, los que vendrán en el futuro.

Ayer, entre otras cosas, pudimos penetrar en el lado oscuro de la luna. Y el viaje no pudo ser mejor, guiados como estábamos de la mano del legendario Waters y su pantalla multifacética. Difícil olvidar esa pantalla y lo que aconteció en ella: sus imágenes proyectaban realidades. En realidad no podrá ser olvidada: al final de la segunda parte del concierto, Roger Waters coronó este viaje con una proyección tridimensional, allí mismo, sobre los asistentes, del prisma celestial del Dark Side of the Moon. Su camino multicolor pasó a través de la mirada de todos y, estoy segura, penetró en la mente y en el corazón de cada uno de nosotros.

Tengo la sensación, un poco rebuscada quizá, pero es la sensación con la que me quedé, de que durante todos estos años, desde la creación del Dark Side of the Moon allá en 1973 hasta el día de hoy, Waters también esperaba por esto: porque llegara el momento de poder realizar el Dark Side of the Moon de la manera como lo está haciendo en esta gira. Este es un punto crucial en la historia de la música, de la cultura, del hombre, y de aquí en adelante, un nuevo comienzo.

3 comentarios:

Miguel López dijo...

me lamento cristina, te juro que me lamento no haber ido, pero no podía abandonar mi montaje, una lástima ese cruce de fechas :(

Diego dijo...

Roger Waters era uno de los artistas que he esperado durante muchas lunas de mi vida. Estuve por Buenos Aires cuando se presentó en el estadio de River alla en el 2002 pero corrí con la mala suerte de enterarme luego y perderlo.
Esta vez no sólo uno de mis sueños se hacía realidad sino que encima tuve la oportunidad de trabajar con su staff en dicho concierto en la dirección de cámaras. Ya con ese honor los días previos y el gran día fueron más que espectaculares. Si bien el trabajar con Waters no me entregó la posibilidad de verlo desde las tribunas como ustedes, la emoción de ser parte de su show, de haberlo conocido personalmente y de vivir esa experiencia metido en una unidad móvil viendo todo en varias pantallas fue igualmente inolvidable. Gajes del oficio...pero gracias al universo por darme ese oficio.

cristina dijo...

No se lamente, Diego, de haber estado "tras bambalinas", que qué más emocionante que haber formado parte del staff de Roger Waters!! Me da casi tanta envidia como la que sentí respecto de los niños que subieron al esenario a cantar junto a Waters Another Brick in the Wall.
Gracias por comentar tu experiencia con nosotros! Se aprecia mucho el gesto!