miércoles, 31 de enero de 2007

MARIE ANTOINETTE de Sofía Coppola

POR CÉCILE VILLA-GARCÍA
Esta película será descrita y analizada, si no la has visto te recomiendo no leer lo que viene a continuación.


Título: Marie Antoniette / Año: 2006 / País: EUA / Duración: 118 minutos / Reparto: Kirsten Dunst, Jason Schwartzman, Judy Davis, Rip Torn, Asia Argento, Marianne Faithfull, Aurore Clément, Guillaume Gallienne, Clementine Poidatz, Molly Shannon, Steve Coogan, Jamie Dornan, Shirley Anderson / Dirección-Guión: Sofía Coppola (Libro: Antonia Fraser) / Fotografía: Lance Acord / Musica y Soundtrack: Jean-Benoît Dunckel, Nicolas Godin, Jean-Philippe Rameau, Aphex Twins, Squarepusher, Siouxsie and The Banshees, The Cure, The Radio Department, Air, etc. / Productora: Columbia Pictures

Para hablar de una película, hay que hablar de muchas cosas y hay que considerarla desde varios puntos de vista. Un filme es una obra que es ella misma y la división de todas sus partes. Asumiendo un riguroso compromiso con su análisis, su clasificación siempre termina siendo subjetiva.

La primera impresión de una película es su peso bruto, el universo creado como resultado. Para hablar de la tercera película de Sofía Coppola, hay que empezar por el comienzo, que está muy bueno. Porque todos conocemos, más o menos, la vida de Maria Antonieta. La princesa vienesa es llevada a los catorce años a Francia para casarse con un príncipe que solo conoce, como diríamos, por foto. A los 19 se convierte en reina de Francia, para terminar siendo decapitada por el pueblo francés.
Sofía no nos trae una historia que no conozcamos; su meta ha sido retratar, para nosotros, a una mujer más conocida por perder la cabeza que por lo que hizo con ella cuando la tenía aún puesta. Porque esta Maria Antonieta[1] es el modelo de la mujer moderna, vive intensamente todas sus etapas. La inocencia, la pasión, el desenfreno, la maternidad, la dignidad de su prisión y muerte. Con esta propuesta, S. Coppola quiere que vivamos la intensidad que llevó a Marie Antoniette hasta la guillotina.
Hablemos de la apertura del filme. Comienza con el fast-forward de una Reina de Francia en el tope de su desenfreno. Rodeada de lujos y con una sirvienta poniéndole hasta los zapatos. Es la reina que nosotros hemos imaginado como consecuencia de las versiones conocidas de ella y de la monarquía de su época: engreída, inútil y superficial, levantando la mano solo para meterle un dedazo a la cobertura de una magnifica torta. Pero este gesto también es rebelde, nos dice un poco lo aburrida que se encontraba ella en este lugar. Nos mira desafiante, “a ver”, nos dice, “que cosa me puedes decir de mí que pueda importarme… ¡por favor!”

Y luego, volvemos a la pantalla negra donde nos presentan al resto del elenco (por nombre) y nos hemos quedando con la imagen de esa Maria Antonieta, la mujer que llevo a Francia a la ruina y a la Revolución. Esta idea funciona muy bien a mi parecer, nos han presentado a un personaje como los de los The E-True Hollywood Story, y definitivamente entramos a la historia con prejuicio. Pensamos en esta mujer como una celebridad fría, una mujer que le sacó provecho a la corona de Francia para su placer y creemos que esa era su intención desde el inicio.

Pero cuando regresamos de la pantalla negra a la historia, nos encontramos con una niñita de 14 años que se divierte correteando con su perro Maps, mientras es llevada a ver a su madre. Esta madre le dedica pocas palabras: “te vas a casar”, “serás reina de Francia”, “todos confiamos en ti y te estaremos vigilando”. La pobre e inocente criatura recibe el último abrazo su madre y emprende un viaje donde será despojada de todo lo que ella conocía como el mundo: inclusive, a las puertas de Francia, le quitan a Maps. Maria Antonieta es una chica valiente, se come sus lágrimas y da un paso adelante.
Nunca más será quien fue en Viena: un ser celestial protegido de la maldad del mundo. En Francia se dedicarán a desnudarla, poniendo bajo lupa sus debilidades, sin considerar su ignorancia sobre el mundo francés; será atacada una y otra vez por la corte y el pueblo, primero le dirán “la vienesa” y terminara siendo “la reina del déficit”. En contra de eso, no puede hacer mucho más que dedicarse a sí misma. Maria Antonieta jamás ha visto el mundo y no tiene herramientas para defenderse de él.
Es una historia muy larga, la verdad. Explicar el desarrollo de un ser humano a través de sus edades, procesos y etapas, lleva, literalmente, cientos de páginas. Es el problema que se suele encontrar al hacer una película biográfica. Las biografías suelen estar repletas de anécdotas que nos explican al ser humano, pero en las películas no contamos con el espacio necesario. Una película biográfica de 5 horas aburre a cualquiera. En el caso de Maria Antonieta, Sofía ha delineado claramente a 3 mujeres distintas. La niña, la adolescente y la adulta. Tiene que manejar a la vez el tiempo de Francia, que va madurando con el personaje, desde un pueblo que amó a sus monarcas hasta aquel que los decapitó.
La mirada de esta película está siempre dirigía desde la corte hacia la reina, son ellos los que la observan desarrollarse. Nunca, salvo al final en que Versalles es invadido, la reina tiene contacto con su pueblo. ¿Cómo, entonces, podemos conocer el desarrollo de la revolución? Sofía Coppola usa para eso un recurso que a mi personalmente me parece muy interesante, pero no completamente logrado. Coloca retratos de la reina sobre una pared del palacio, llevados por pajes, donde sin falta aparecen pintas con los sobrenombres que el pueblo, rabioso, le pone. Inmediatamente son sacados de la escena por los criados y remplazados por nuevos. Cuando digo que no está totalmente resuelto, me refiero a que si el pueblo está transgrediendo para ser escuchado, lo correcto seria que fuera de una manera mucho más agresiva (en nombre de su revolución corta-cabezas), las pintas de los cuadros parecen subtítulos y las entradas y salidas de los criados son bastante tímidas.
En el fondo es una película de chicas, sobre relaciones interpersonales, sobre la búsqueda de una mujer por su identidad. Nos quedamos en realidad en la mitad, lástima la abusiva corte, lástima la revolución. Creo que la Maria Antonieta de Sofía Coppola hubiera sido una gran artista, una pensadora moderna, una gran madre. La forma en que esta directora nos muestra a su personaje nos dice cuánto la quiere ella misma.
No me satisface el final. Para mí, se ve como una imagen puramente literaria que si bien es hermosa, es un final para un libro y no para una película. “El que un día fue el delicado y lujoso cuarto de una reina, ahora, bañado por los rayos del amanecer, aparece como las ruinas de lo que fue la corte arrasada por el pueblo”.

Autora lista para la discusión de estos y otros asuntos de la película. Este articulo vino de una discusión con las creadoras del gato parlante después de ver juntas dicha película, entonces, espero que entiendan lo que escribo como una opinión y con ningún afán de establecerla una verdad. Me gustaría saber que opinan ustedes, ya sea a favor o en contra de mi opinión y de la película. Espero, con el tiempo y la práctica, mejorar y expresarme con mayor fluidez y mayor atención en los detalles y a lo mejor y peor de las películas que llaman mi atención.
Próxima entrega: 24 Hour Party People, de Michael Winterbottom.
[1] Quiero que se entienda que si hago una descripción de Maria Antonieta, estoy hablando exclusivamente de la que aparece retratada en la película.

viernes, 26 de enero de 2007

Re-ordenando el 2006

"The real voyage of discovery consists not in seeing new landscapes, but in having new eyes" (Proust)


Buenos Aires, Rolling Stones (febrero)



Buenos Aires, U2 (marzo)



La piñata de Morrissey (abril)



Dr. House (mayo)



Un cigarrillo en las alturas... (Colca, agosto)



Cerati (setiembre)



The Radio Dept. (octubre)


(fotos: Mariana Hare)


(foto: Mariana Hare)

The Killers (noviembre)



Boom Boom Kid (diciembre)


(foto: Mariana Hare)


Bartleby y compañía (diciembre)

miércoles, 17 de enero de 2007

CHRISTINA NO COMETIO UN ERROR! (viernes 19/01)

PestaPop! (Electroestupidez) anuncia...
Viernes 19 de enero, 7:30pm:
Presentación del disco homenaje a Christina Rosenvinge con concierto en vivo de: Pestaña, Moon over Soho, Aerolito.
Centro Cultural España (Natalio Sanchez 165 Santa Beatriz) ENTRADA LIBRE

Christina Rosenvinge es una de las más grandes voces del pop Español, desde su época Punk con ELLA Y LOS NEUMATICOS, su pop naif e incomprendido con ALEX Y CHRISTINA, hasta pasar por su encarnacion mas famosa y exitosa CHRISTINA Y LOS SUBTERRANEOS, con la que daría conciertos de 10 mil personas en Perú, y la llevaria incluso al famoso festival chileno de Viña del Mar. Posteriormente, a partir de su tercer cd, se quitaría el membrete de "LOS SUBTERRANEOS" para producir 4 cds impecables (aunque con menos suerte comercial), todos ellos contando con la participacion de Lee Ranaldo y Steve Shelley de los noiserockers norteamericanos SONIC YOUTH, exceptuando su disco acustico FLORES RARAS, descatalogado en su momento y reeditado recientemente en DVD.

En este CD, 16 bandas independientes de pop, indiepop, electropop y electroclash le dan el merecido homenaje a una carrera impecable. Por si fuera poco, el cd incluye una entrevista exclusiva en multimedia, que Christina le dio a el staff de YA ESTAS YA en su reciente y exitosa visita al Perú.

LUGARES DE VENTA: Libreria contracultura (Avenida Larco), Music Prad (Ovalo Higuereta), Moving sound, Enigma discos, Zanahoria discos (GALERIAS BRASIL) y proximamente PHANTOM y VIA MUSIC. Venta directa/delivery: telf 2516186 (Leonardo) 92963611 (Alejandra). PROVINCIA: 30 soles (incluye gastos de envios). EXTRANJERO: 7 dolares o 7 euros (más gastos de envio).

Habrá que escucharlos...

HUMBERTO POLAR conversa con La Culpable (jueves 18/01)

martes, 16 de enero de 2007

Inauguración GALERÍA VÉRTICE (miércoles 17/01)

Miércoles 17 de enero, 7:30 pm, la GALERÍA VÉRTICE se inaugura con la exposición
EMERGENCIA de Harry Chavez

GALERÍA VÉRTICE
Calle Ernesto Plascencia 350 San Isidro; 421-3856
(+info: Arte Nuevo)
(comentario aparte, nótese la propiedad de inaugurar una galería con una exposición titulada emergencia... augura un buen pronóstico -para la individual en particular y la galería en general-)

miércoles, 10 de enero de 2007

¡¡¡Alegría!!! Hemos encontrado una colega

En el "viejo" Gato Parlante me encuentro hoy día con un comentario que quiero copiar aquí.
Emepitri, genial el encuentro...

M. Pitri dijo...
Hola Cristina,
Sinceramente un cague de la risa tu bloggg, mejor dicho "Chevere".
Bueno, me entere del blog porque ayer estaba por La Brasil y vi un polo "El Gato Parlante", que me parecio bravaso, no me lo compre porque pense que era de algun grupo que no manyaba (aunque parecia un toque polo para flaca la verdad, pero taba chevere!), y pues si luego lo escuchaba y era un grupo cagón? Ni de a balas lo usaba...
Asi que hoy me meti mi fiel google, y descucbro que es un blog!!! UN BLOGGG!!! Y uno muy bueno la verdad.
Pero han hecho polos? O te estan pirateando? O pirateaste tu logo de un grupo (talvez monse, no sabre nunca)? Avisame a ver si colaboro y compro, o si voy le meto fosforo a dicho local.
Hablamos!
11:06 AM
He aquí mi respuesta:
Jajaja... qué buena, se agradecen enormemente los comentarios. Sobre los polos de Galerías Brasil, te cuento la historia. El ilustrador/diseñador oficial es Gabriel Alayza; hace unos meses, exactamente en abril, Gabriel fue a imprimir unos polos con sus diseños a Galerías. Se trataba de hacernos un regalo a Mariana y a mí, miembras del blogg. Poco después nos dimos con la sorpresa de que, efectivamente, nos están pirateando...
Pero de todos modos nos gusta la idea del merchandising... veremos pues qué sucede.
Le echaré ahora mismo una mirada a tu blog... pero desde ya creo que me va a gustar y mucho... ya te comentaré. Gracias! Gracias! Gracias!
Así que los remito inmediatamente a la siguiente dirección:

Shine on You Crazy Diamond

Nuestro amigo "The Bos" nos envía el siguiente comentario que yo, sin pedir permiso, me atrevo a copiar aquí...


Según mi modesta opinión, Shine on You Crazy Diamond es la mejor canción del siglo veinte, dado que recoge los más importantes géneros de la música norteamericana. A continuación propongo una división de esta canción que no es la usual, donde se puede apreciar qué géneros están incluidos en qué partes. Si desean conocer la división original, les recomiendo el siguiente link:


http://en.wikipedia.org/wiki/Shine_on_you_crazy_diamond


Shine on You Crazy Diamond


Track 1 (13.30)
00.00 - 02.09: Intro
02.10 - 03.33: Blues / Fade off
03.54 - 05.10: Arpegio
05.11 - 06.25: Blues
06.26 - 07.30: Teclado
07.31 - 08.30: Blues / Fade off
08.42 - 09.44: Letra
09.45 - 10.05: Melodía de la canción
10.05 - 11.07: Letra
11.08 - 13.30: Jazz


Track 2 (12.15)
00.00 - 02.25: Jamming
02.25 - 04.33: Rock
04.34 - 04.55: Melodía de la canción
04.56 - 05.59: Letra
06.00 - 06.21: Arpegio
06.22 - 08.49: Kid A
08.50 - 12.15: Outro

Operativo EMPLEADA AUDAZ

En los últimos días he recibido de varias personas este correo... Decido colgarlo aquí sin ningún interés vinculado simplemente porque me parece que es una movida que se está dando en nuestra ciudad y valdría la pena ver qué resulta de ella y en qué termina.


OPERATIVO EMPLEADA AUDAZ

El domingo 28 de enero (último domingo del mes) una multitud de personas uniformadas como trabajadoras del hogar ingresarán en la playa de uno de los balnearios más exclusivos de Asia. ¡ACOMPÁÑANOS! ¡Trae a tus amigas y amigos!
¿Cómo participar? Envia un correo con tu nombre, apellidos, teléfono, distrito y talla a marperez@dhperu.org. Nos pondremos en contacto contigo para indicarte el punto de encuentro y hacer las coordinaciones necesarias. Fecha límite para inscripciones: 17 de enero.
¿Quién organiza? La acción está impusada por la Mesa contra el Racismo de la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos. La Mesa es una red integrada por instituciones como APRODEH, Amnistía Internacional, la Casa de Panchita (institución que apoya a las trabajadoras del hogar), el GIM (Grupo Impulsor contra el racismo y toda forma de discriminación), la Federación de Estudiantes de la Universidad Agraria y numerosos voluntarios de todo el país.
¿Por qué lo hacemos? Es de conocimiento público que en varios de los exclusivos balnearios de Asia las trabajadoras del hogar y el resto del "personal de servicio" tienen prohibido bañarse en el mar hasta las 7 de la tarde (cuando ya se ha puesto el sol). Además, pese a que por ley las playas son de todas las peruanas y peruanos, las personas que no son socias de los clubes no pueden ingresar a bañarse. Estas y otras prácticas convierten a los balnearios de Asia en los bastiones de la discriminación étnica, social y cultural imperantes en el Perú. El Operativo Empleada Audaz se ha diseñado como una protesta lúdica y pacífica que servirá para llamar la atención pública y promover la reflexión sobre la discriminación en el Perú, impulsando la construcción de una sociedad más justa y equitativa.
¿Cual será la organización logística? Nuestro equipo de prensa convocará a medios de comunicación para tener la mayor repercusión. Se contratarán micros para llegar a Asia y regresar, organizando varios puntos de encuentro en Lima. Se proporcionarán uniformes de trabajadoras del hogar a las mujeres, y mandiles o uniformes de seguridad a los hombres. Para asegurar que se nos permita el ingreso en la playa se está coordinando con la Fiscalía de Cañete (porque impedir el ingreso a la playa es un delito).
¿Quienes pueden participar? Pueden participar todas las personas interesadas en el tema, cualquiera que sean sus rasgos físicos o condición. La idea es que nuestra actividad refleje la diversidad existente en el Perú. Además, para dar mayor visibilidad a la acción, se está coordinado con algunos personajes públicos y del mundo del espectáculo para que participen en la iniciativa.

lunes, 8 de enero de 2007

Kant después de Danto (porque lo prometido es deuda)

SEMINARIO DE PROBLEMAS DE FILOSOFÍA DEL ARTE 3
PUCP Escuela de Graduados. Especialidad de Filosofía
Profesora: Kathia Hanza (2006 – II)


Del “abismo inabarcable” a la universalidad del juicio estético

1. Preámbulo

El término “abismo inabarcable” lo tomo de Kant, pero me parece que bien puede servir para describir la situación actual respecto del arte: una situación marcada por una radical pluralidad, tal como la caracteriza Arthur C. Danto, en donde “todo está permitido”[1]. Hoy por hoy, decir que en el arte contemporáneo “todo es posible” o “todo vale” es casi como una declaración de hecho (sino un lugar común), parece que no hay nada que hacer al respecto. Algunos puristas y no tan puristas en materia artística podrán continuar preguntándose “¿es esto arte?” y, sin embargo, más allá de aquella pregunta, el arte contemporáneo continuará, al parecer, en esa dirección: desbocándose en las más variadas prácticas, haciendo suyos los más diversos motivos y medios, haciéndose, cada vez, si cabe, más plural. Creo que bastarán unos pocos ejemplos para indicar a qué me refiero (si hiciesen falta más, en materia de artes visuales el libro de Danto abunda en ellos): hoy en día alguien como Matthew Barney, en “The Order. Cremaster 3”, puede convertir el Guggenheim Museum en una suerte de universo dantesco cargado de simbolismo donde, para cumplir una tarea iniciática, tiene que ganar una extraña carrera a nada menos que a Richard Serra, “arquitecto del universo”. Todo esto es reproducido en una secuencia fílmica de 31 minutos que es nada menos que una minúscula parte de su gigantesco proyecto “The Cremaster Cycle”[2]. Eso por el lado, si queremos llamarlo así, del arte conceptual. A su vez tenemos, por ejemplo, la figura de Tracy Emin, quien expuso en la Tate Gallery en 1999 su obra “My Bed”, que consistía, literalmente, en su propia cama desarreglada y sin tender, con algunos preservativos usados y prendas íntimas manchadas de sangre encima. Esta pieza formó parte de la lista de escogidos para el premio Turner de ese año[3]. Esto por el lado del llamado “arte confesional”. En cuanto a las artes plásticas y visuales, faltaría por supuesto mencionar ejemplos de arte minimal, de arte mediático (hasta del nuevo “arte web”), de los diversos modos de apropiación que emplean hoy en día los artistas, de las performance, de las distintos tipos instalaciones e intervenciones en espacios públicos, etc. etc. etc. Pero quiero dar paso aquí a otro tipo de ejemplos. En literatura, por ejemplo, escritores como Enrique Vila-Matas o José Carlos Somoza se “atreven” hoy en día a inventarse, el primero, una “conspiración” o sociedad secreta Shandy de la cual formaron parte, allá en el año 1924, Marcel Duchamp, Walter Benjamin, César Vallejo, Geogia O’Keefe, entre otros[4]; o a narrar, el segundo, una suerte de doble historia, una “oficial” que consiste en la traducción de un supuesto papiro anónimo griego llamado La caverna de las ideas, y otra “real”, a notas al pie (¡se atreve a usar notas al pie en una novela, y para narrar una historia!), en la que el autor/traductor nos trata de hacer llegar mensajes en clave y de alarma en los que revela cómo él mismo va envolviéndose (y envolviéndonos) en la trama que está traduciendo[5]. Y esto solo por mencionar a escritores de habla hispana. En cuanto al terreno de la música, ¡cómo olvidar, por ejemplo, aquella canción con que The Beatles cierra el segundo disco de su “White Album” (1968), llamada “Revolution 9”![6] O, por poner un ejemplo más actual, cómo no acordarse de la última canción del disco “Vauxhall and I” (1994) de Morrissey, llamada “Speedaway”, en la cual la melodía se mezcla y termina cediéndole paso al sonido de cierras eléctricas[7]. Y esto solo poner algunos de mis ejemplos favoritos... En fin, la lista podría seguir; en materia artística nos sobran ejemplos para mostrar que, efectivamente, a estas alturas, todo está permitido: no hay límite para la creación artística[8].

Pero volvamos al “abismo inabarcable”. El término es de Kant[9], decía, y sin embargo me parece que sirve adecuadamente para retratar la situación del arte contemporáneo: es tan absoluta la variedad de técnicas, medios, recursos, etc. de las que se sirven los artistas, y tan diversas y heterogéneas las prácticas artísticas que conviven hoy en día (al lado de los ya consagrados clásicos de todo tiempo), que a la hora de tratar de abordar un tema tan general y a la vez tan complejo como el arte nos enfrentamos, hoy más que nunca, con un “abismo inabarcable”. Cualquier cosa que digamos al respecto quedará corta para abarcar tan tremenda proliferación y pluralidad de la producción artística contemporánea.

Pero el término también sirve para designar otro aspecto del arte no tan evidente como el anterior y, sin embargo, tan esencial a él como la misma pluralidad de la que somos hoy en día espectadores. Se trata de aquella cualidad que posee cualquier obra de arte, sea la que sea y del tipo que sea, de afectarnos, conmovernos (en el sentido de des-colocarnos), trastocarnos, en suma, de conectarse con uno mismo o llamar nuestra atención de una manera enteramente especial (y, me animo quizá apresuradamente a decir, solamente posible a través del arte). Allí también hay un “abismo inabarcable”: la obra de arte, sea la que sea, abre un espacio de relación con nosotros en el cual muchas, muchísimas cosas suceden y a tan diversos niveles que resultan difíciles de asir. La obra de arte, cuando cumple su función, se conecta con nosotros de un modo tan especial que resulta realmente complejo de articular, casi (si es que no completamente) imposible de explicar. Inabarcable. Es de este otro “abismo” del cual yo quiero hablarles, de la mano de Kant, en este ensayo.

Podría preguntárseme: ¿por qué Kant? Y una primera respuesta, la más sencilla que se me ocurre de inmediato, es: porque Kant, querámoslo o no, fue en un importante cierto sentido el iniciador de la disciplina estética, y siempre es conveniente volver a las fuentes cuando nos vemos envueltos en periodos de controversia como el que estamos viviendo ahora en torno al arte[10]. Pero Kant, ciertamente, no parece hablar de arte... Ni el título ni el índice del libro que tiene sobre el tema, la Crítica de la facultad de juzgar (CFJ), hacen mención alguna a la cuestión del arte. Y, más sospechoso aún, Kant no parece saber nada de arte, o al menos del arte que aquí nos interesa... Dentro de la CFJ son pocas las veces en que habla directamente de “arte”, prefiere hablar de “gusto”, “belleza”, términos que hoy en día nos resultan más bien obsoletos; y en los casos en que lo hace, la belleza artística queda siempre relegada a un segundo plano frente a la belleza de la naturaleza. Nada, pues, más alejado de la pluralidad del arte contemporáneo. Pues bien, considero que justamente en esto consiste la ventaja de Kant. Y labor mía en este ensayo será precisamente explicar por qué.

El asunto para mí, lo planteo de una vez, es el siguiente: cómo hablar del arte de un modo consistente pero sin caer en “charlatanería”. Hasta donde yo soy capaz de ver, hay, por lo menos, dos tipos de “charlatanería” de los que habría que cuidarse. Hay una, la más común y frente a la cual creo que todo filósofo del arte trató de levantarse, que consiste en la postura que dice que, como el arte es una cuestión enteramente subjetiva, “cualquier cosa” se puede decir al respecto de él[11]. A esta postura la llamaré “subjetivista”. Pero hay otra, de la cual quizá recién ahora seamos concientes, que consiste en pretender que se puede decirlo todo respecto del arte. A esta otra postura la llamaré “cientificista” o “conceptualista”.

Qué ocurre. Contra el primer tipo de “charlatanería” se levanta una línea de trabajo filosófico y crítico respecto del arte que apuesta, conciente o inconscientemente, por una suerte de conceptualización en el arte o una suerte de mirada que pretende responder a la pregunta qué es el arte o qué significa el arte, una suerte de mirada “científica” o “cientificista”, si se me permite la expresión simplemente con el propósito de mostrar el punto que quiero sacar a luz. Promotor absoluto de esta línea de trabajo fue Hegel, y su figura más representativa en nuestros días es Danto. Ambos colocan el problema del arte a un nivel científico (el primero) y conceptual (el segundo). Hegel dice, por ejemplo, en la misma Introducción de sus Lecciones sobre la estética: “El arte nos invita a la consideración pensante, y no por cierto con el fin de provocar arte de nuevo, sino de conocer científicamente qué es el arte”[12]. La inquietud primordial es, pues, aquí, conocer científicamente (filosóficamente) qué es el arte. Danto, por su parte, con una inspiración filosófica similar, señala: “Este es entonces el panorama: hay alguna clase de esencia transhistórica en el arte, en todas partes y siempre la misma, pero únicamente se revela a sí misma a través de la historia... La crítica consiste entonces en penetrar estos disfraces y alcanzar esa pretendida esencia”[13]. La idea, aquí, es penetrar en los distintos disfraces de los que el arte se sirve hoy en día para alcanzar aquel significado (o concepto) encarnado o enmascarado correspondiente a la esencia del arte. Ambas preguntas, “qué es el arte” y “qué significa el arte”, parecieran, de algún modo, trazar una distancia entre aquello que es el arte (la pretendida esencia) y nosotros, que buscamos saber qué es, qué significa, el arte. Y el problema está precisamente en que, ante preguntas como esas, pareciera que ninguna respuesta, aún no siendo incorrecta, fuera suficiente[14]. Algo siempre se nos escapa.

Pues bien, frente a este segundo tipo de “charlatanería”, decía, Kant tiene una enorme ventaja. Su ventaja consiste simplemente en que él no tiene, en ningún momento, que responder a ese par de preguntas tan complicadas. Su acercamiento al tema del arte es por entero distinto: él no parte del arte mismo (digamos: de la producción artística misma), sino de la experiencia estética. Lo que le interesa investigar a él no es qué es el arte, sino qué sostiene la capacidad de enjuiciar estéticamente, o dicho con otras palabras, qué sostiene la capacidad de sentirse conmovido, afectado, involucrado de tal modo que uno se ve impulsado a emitir un juicio estético. Lo que para nosotros es, hoy en día, el problema del arte, para Kant vamos a decir que es el problema del juicio estético. La ventaja de abordar la cuestión del arte a partir del problema del juicio estético consiste justamente en que permite ver el asunto desde el punto de vista de la relación que el arte establece con nosotros, y no como algo (un objeto, una obra, un determinado modo de creación y producción) que se enfrenta (y se opone) a nosotros.

2. Volviendo a Kant [15]

Voy ahora a enunciar de frente las dos pistas planteadas por Kant a las que quiero volver. La primera tiene que ver con esto que voy a llamar “giro subjetivo” del que parte este autor para elucidar la cuestión estética; la segunda, con el postulado propio de Kant que dice que la estética no proporciona ningún conocimiento. Ambas están íntimamente relacionadas (casi me resulta imposible desvincularlas) y se encuentran planteadas de manera concisa en las dos versiones de la Introducción de la CFJ, de modo que serán esos los textos a los cuales me remitiré a lo largo de esta exposición.

Resumamos. Kant distingue claramente: a) el sistema del conocimiento racional (aquello que puede ser conocido racionalmente, que en Kant equivale a decir que puede ser conocido lógicamente o por medio de conceptos), de: b) la crítica de la razón, cuya labor, previa e imprescindible, consiste en examinar la posibilidad del conocimiento pretendido[16]. En síntesis, antes de lanzarse a elaborar el compendio del conocimiento humano, la crítica ha de encargarse, con su fino análisis, de delinear los límites precisos del conocimiento posible y legítimo por la razón humana, algo similar a limpiar el terreno de las absurdas ilusiones que podrían hacernos creer que nuestro conocimiento racional llega más lejos de lo que en realidad puede llegar. La crítica es, así, imprescindible para cuidarse de aquellas “charlatanerías” que ya mencioné anteriormente. Con esto Kant ha delimitado, de entrada, un primer ámbito de investigación: como se tratar de una de las Críticas, a dónde nos estamos adentrando es en la arquitectura de la razón: plano subjetivo del conocimiento; no en la materia del conocimiento. Lo que se examina es el funcionamiento de la razón a la hora conocer justamente para delimitar los procesos legítimos de conocimiento.

Pues bien, la primera versión de la Introducción de la CFJ nos presenta el siguiente panorama: si miramos la división desde el punto de vista crítico, la “facultad de conocimiento superior” o “facultad de pensar” se presenta como siendo tripartita (y aquí voy a emplear los términos de Kant): hay una “facultad del conocimiento de lo universal” –el entendimiento–, una “facultad de subsunción de lo particular bajo lo universal” –la facultad de juzgar– y una “facultad de la determinación de lo particular por lo universal” –la razón. Sin embargo, desde el punto de vista sistemático (en cuanto al sistema del conocimiento), existen solo dos dominios: el de la naturaleza y el de la libertad[17]. Para decirlo de forma esquemática: la Crítica de la razón pura establece las fuentes de todo conocimiento de lo universal y suministra las leyes de la naturaleza. Es decir, se enfoca en la legitimidad de nuestro conocimiento científico y apunta a la naturaleza como su dominio. La Crítica de la razón pura saca a la luz cómo toda experiencia de (o experimentación con) la naturaleza es posible debido a que el entendimiento, de manera a priori, “determina” (establece, legaliza, ordena, esquematiza, en suma, hace posible para su comprensión) su objeto. Esto lo hace el entendimiento a través de las categorías y su resultante son las leyes de la naturaleza (como por ejemplo la causalidad), que quedan establecidas por conceptos. La Crítica de la razón práctica, por su parte, establece las fuentes de toda determinación de la voluntad y suministra las leyes de la libertad. Su dominio es el ámbito de la libertad y apunta a la legitimidad de los juicios práctico-morales. En el caso de la moral, lo que tenemos es que la voluntad “determina” (establece, pone en marcha) libremente un curso de acción. Esa determinación no se da de manera caótica o arbitraria, sino que sigue ciertos preceptos o principios, también a priori, que quedan cifrados en las ideas de la razón (que en un plano objetivo vienen a ser las leyes de la libertad, por más contradictoria que pueda sonar esa expresión sacada de su contexto). Con eso tenemos colmados los dos únicos dominios del conocimiento humano: por un lado, el entendimiento proyecta (“determina”) su objeto (la naturaleza) y extrae de él todo el conocimiento posible por medio de conceptos; por otro, la razón proyecta (“determina”) su objeto (la libertad) y establece en él todo el conocimiento posible por medio de ideas. Lo que tiene que ver con el conocimiento, entonces, tiene que ver con esta actividad determinante o legisladora de la razón humana: se determina un objeto (se dice qué es él, a qué esfera corresponde, se lo ubica dentro de un determinado esquema) justamente para poder conocerlo adecuadamente.

Y aquí comienzan las curiosidades de la CFJ; dice Kant: “Pero la facultad de juzgar es una facultad de conocimiento tan especial, y carente de toda independencia, que no da, como el entendimiento, conceptos, ni da, como la razón, ideas de algún objeto, porque no es más que una facultad para subsumir bajo conceptos que vienen dados de otra parte”[18]. La facultad de juzgar es tan especial, que a ella no le corresponde ningún dominio propio (carece de toda independencia). Kant ha descubierto así una “facultad de conocimiento superior” a la que, curiosamente, no le corresponde ningún dominio... es una facultad de conocimiento que no tiene de dónde extraer conocimientos. Podría pensarse, pues, que es una facultad, en ese sentido, inútil. Como no tiene un ámbito propio de acción, no tiene un dominio de objetos propio, no proporciona ni conceptos (como el entendimiento) ni ideas (como la razón). Es decir, no suministra leyes de ningún tipo (¡no tiene ni de dónde extraerlas ni a dónde aplicarlas!). La facultad de juzgar trabaja, pues, en el vacío (en un abismo). Y sin embargo es una facultad “completa” en la cual Kant ve la necesidad de dedicarle toda una crítica.

La cuestión está justamente en que la facultad de juzgar no determina ningún objeto[19]. En esta frase tan en apariencia sencilla, se juega todo lo especial que hay en la facultad de juzgar. Que no determine ningún objeto quiere decir, en Kant, principalmente dos cosas: en primer lugar, que al no tener objetos propios, es una facultad que solo trabaja a favor de ella misma (a favor del sujeto, a favor de uno mismo). En segundo lugar, que no proporciona conocimientos objetivos, leyes, es decir, que no puede hacerse con ella una “ciencia”, no prescribe reglas, no da fórmulas. Lo cual quiere decir, a su vez, que se trata de una facultad que actúa espontáneamente y que no puede predecir (en el sentido de adelantar en qué consisten o qué ocurrirá con sus objetos) ni predecirse (en el sentido que no puede adelantarse qué cosa la despertará). Veámoslo.

a) Giro subjetivo. “La filosofía, como sistema doctrinario del conocimiento de la naturaleza así como de la libertad, no recibe con esto ninguna parte nueva, pues la representación de la naturaleza como arte es una simple idea que sirve de principio a nuestra indagación de la misma y, por consiguiente, nada más que al sujeto”[20]. Lo que hace la facultad de juzgar es “representar a la naturaleza como arte”. Esta representación es una “simple idea” que solo sirve al sujeto en su indagación.

¿Qué quiere decir representar a la naturaleza como arte? Mirar a la naturaleza como arte quiere decir, en breve, representárnosla como algo coherente. Frente a la multitud y exuberante variedad de seres y formas que la naturaleza despliega ante nosotros, el hombre no puede hacer otra cosa más que pensar que ella guarda cierta coherencia[21]. Ciertamente esto lo hace también el entendimiento cuando opera científicamente: supone una coherencia o regularidad en la naturaleza; la naturaleza misma le confirma esta regularidad en la experiencia; esa regularidad es cifrada en leyes como la de la causalidad. La tremenda diferencia[22] consiste en que, en el caso de la facultad de la juzgar, esa coherencia nunca se ve confirmada, nunca sabemos qué es o en qué consiste, no podemos tener experiencia cabal de ella porque no se puede tener experiencia de la naturaleza toda, es un objeto imposible para nosotros; de ahí que no podamos tener “conocimiento” de él. Y sin embargo, aún así, tenemos (de hecho lo hacemos) que representárnosla como coherente[23]. Esa representación, entonces, en el caso de la facultad de juzgar, es simplemente un supuesto (una “simple idea”), pero un supuesto necesario (“que sirve de principio”) para nuestra indagación.

¿Qué nos lleva a proyectar una representación semejante?

Kant va a introducir ahora una sutil distinción. Habíamos dicho, con Kant, que desde un punto de vista crítico la “facultad de conocimiento superior” o “facultad de pensar” se divide en tres partes (el entendimiento, la facultad de juzgar y la razón). Ahora podemos ver cómo hablar de “facultad de conocimiento superior” puede inducir a confusión debido a que la facultad de juzgar no produce conocimientos. Siendo, pues, coherente consigo mismo, Kant va a empezar a hablar ahora no de “facultad de conocimiento superior” sino de “facultades del ánimo humano”. Se trata, a mi entender, de lo mismo, pero Kant busca ser preciso con los términos. Tal como hemos visto, las “facultades del ánimo humano” se van a dividir en tres: 1. la facultad de conocimiento (el entendimiento); 2. el sentimiento de placer y displacer (la facultad de juzgar); 3. la facultad de desear (la razón)[24].

Pues bien, ¿qué fundamenta esa representación? ¿qué nos lleva a proyectar una representación semejante? El fundamento lo vamos a encontrar, precisamente, en este sentimiento de placer y displacer. Y aunque pueda parecer trivial decir que los juicios estéticos se basan en el sentimiento (y hoy en día, quizá, aun más), esta afirmación de Kant encierra varias cosas realmente importantes y quizá no tan evidentes. La facultad de juzgar se basa en esta referencia al sentimiento de placer y displacer; en esta referencia encuentra la facultad de juzgar su fundamento. Como esta representación de la naturaleza como arte no tiene un correlato objetivo (¡no puede tenerlo!, y creer que lo tiene es una de esas ilusiones que invitan al hombre moderno y contemporáneo a pretender poder “decirlo todo”), pero es, sin embargo, una representación necesaria, su justificación o fundamento (tiene que haber algún fundamento si hablamos de necesidad) no puede estar en otra parte más que en el sentimiento del sujeto. Y este es un sentimiento, dice Kant, “de placer”.

Kant anota esto de la siguiente manera: “mirar algo con placer, o de otro modo conocerlo con placer, no es una mera referencia de la representación al objeto, sino una receptividad del sujeto”[25]. Tratemos de ver qué es lo que Kant quiere señalar aquí. A mi modo de ver, lo que sucede aquí es que hay una relación o conexión inmediata, que es fundamental, entre la representación (del objeto) y el sentimiento (del sujeto); y que antes de producir algún tipo de conocimiento (o teoría, o crítica, o discurso filosófico, etc.), esta relación produce “placer” (o displacer). Hablar de placer aquí puede sonar obsoleto, o puede incluso no dar directamente en el punto. Pero esa es la palabra que utilizó Kant y pienso que habría que tratar de ver a qué quería referirse con ella[26].

b) Juicio estético. Creo, pues, que queda insinuado en qué sentido el juicio estético no es un juicio de conocimiento: “precisamente porque todas las determinaciones del sentimiento no son más que de significación subjetiva, no puede haber una estética del sentimiento como ciencia”[27]. Concentrémonos ahora en el fundamento de los juicios estéticos.

“Mediante la denominación del juicio estético sobre un objeto se muestra, pues, de inmediato que una representación dada bien puede ser referida a un objeto, pero en el juicio (estético) no se entiende la determinación del objeto, sino del sujeto y su sentimiento”[28]. Habíamos dicho que aquí lo fundamental es esta relación o conexión inmediata entre la representación (del objeto) y el sentimiento (del sujeto). El juicio estético ciertamente está emparentado con (o dice algo sobre) un objeto en la medida en que es la representación de un objeto la que la activa la facultad de juzgar. Pero lo que interesa en el juicio estético no es esta referencia al objeto, sino su referencia al sujeto, y más aún, a su sentimiento: eso es lo específico del juicio estético. Creo que a lo que apunta Kant aquí es, en el fondo, a que el juicio estético “pretende” o “pareciera” decir algo respecto solamente de un objeto (una cosa, una obra de arte, un paisaje de la naturaleza, etc. etc.), y en ese sentido “pretende” o “pareciera” ser un juicio objetivo (determinante), y sin embargo, en el fondo, el juicio estético es principalmente un juicio subjetivo[29]: un juicio que es del sujeto, que expresa un “sentimiento de placer” del sujeto respecto de una cierta representación o configuración. Expresa un “sentimiento de placer” en el sentido de manifestar una conexión esencial y principalmente afectiva, que ha de expresarse mediante el discurso, pero que no por ello deja de ser específicamente subjetiva.

Es, pues, en esta referencia al sentimiento del sujeto donde se concentra para Kant todo lo significativo y peculiar de lo “artístico”: “la facultad de juzgar reflexionante procede, pues, con fenómenos dados... no de manera esquemática... sino artísticamente, según el principio, universal, mas al mismo tiempo indeterminado, de una ordenación conforme a fin de la naturaleza en un sistema, por así decirlo, en favor de nuestra facultad de juzgar...”[30]. La facultad de juzgar procede no de manera esquemática, es decir, no de manera científica o con vistas al conocimiento, sino artísticamente: al juicio estético no le interesa (¡no es su función!) “determinar” un objeto (decir qué cosa es) sino reflexionar en torno a él: dejar abierto ese espacio de relación, tan esencial y a tantos niveles posible, a partir del cual siempre hay algo más que se puede decir. Este “principio” artístico tiene que quedar, como dice Kant, indeterminado.

3. Sacando a la luz

Este “principio artístico” es también, al mismo tiempo dice Kant, universal. En realidad, grosso modo, todo el desarrollo de la CFJ va a consistir precisamente en examinar esta pretensión de validez universal del juicio estético[31]. Yo no pienso llegar tan lejos en este ensayo; simplemente, amparándome en el hecho de que Kant efectivamente tuvo la intuición de que esta pretensión estaba justificada (y por ello elaboró una crítica de la facultad de juzgar), quiero sacar a la luz algunas pistas que se desprenden de esta concepción de la estética.

Universal, independientemente de que examinemos la CFJ toda, tendría que significar algo así como que es válido para todos; que no se trata de simple arbitrio, que no es una cuestión meramente subjetivista. Lo que quiero hacer notar aquí (nuevamente, independientemente de que examinemos la CFJ completa, y independientemente de si estamos de acuerdo o no con la postura kantiana) es el esfuerzo por parte de Kant de delinear la forma coherente de hablar de algo subjetivo, más no por ello de manera subjetivista. Esto, de por sí, ya anota a favor de tratar de abordar el tema del arte (y del arte contemporáneo) desde una perspectiva que no merme el carácter subjetivo, afectivo, en esta sensibilidad inherente a la creación y producción artística.

Pero volvamos a lo de universal. Me parece que cuando Kant habla en esos términos a lo que se refiere es a las condiciones subjetivas de posibilidad del juicio estético. De algún modo eso ya lo había insinuado al ubicar a la facultad de juzgar como una de las partes de nuestra “facultad de conocimiento superior” o de las “facultades del ánimo humano”. Para decirlo de manera breve: todos y cada uno de nosotros cuenta con esta facultad, posee la capacidad de vincularse a este nivel estético o artístico con lo que nos rodea. Eso no quiere decir, en absoluto, que todos tengamos que estar de acuerdo en nuestras apreciaciones estéticas; no creo que eso sea, en absoluto, lo que insinúan las palabras de Kant. Más bien pienso que es una vinculación bastante anterior y, si se quiere llamar así, elemental: al tener todos la facultad de poder conectarnos estéticamente con el mundo, lo que se saca a la luz es justamente esta relación, nexo, tránsito peculiar que somos capaces de entablar con nuestro entorno... esta sensación o sentimiento esencial de sintonía, este simple y profundo saber que este mundo puede ser nuestro. Es un abismo inabarcable inherente a nuestra condición[32].

Para explicarme, y para ir concluyendo también, voy a tratar de trasladar lo dicho al terreno del arte contemporáneo.

Kant dice que la facultad de juzgar no determina ningún objeto. Podemos leer esto como que no hay ningún objeto específico que calce “correctamente” con algún cierto esquema de lo que debe ser arte. Es decir, cualquier cosa puede ser arte (¡ja! tremenda intuición de Danto, como vemos, esto de decir que cualquier cosa puede ser hoy en día arte). Pero esto no quiere decir que, efectivamente, cualquier cosa sea arte, sino que hoy en día cualquier cosa puede ser arte mientras mantenga esta característica o poder peculiar de afectarnos de un modo sumamente especial. Por otro lado, Kant dice también que lo estético no es susceptible de producir o convertirse en ciencia. Esto podemos leerlo como que no puede haber una fórmula, un conjunto de reglas que nos diga cómo debe entenderse el arte. Todo se decide en este conectarse (o no conectarse) de la obra con nosotros, que es como decir que todo se decide en lo que la obra es capaz (si es que lo es) de decirnos a cada uno de nosotros mismos. Y ciertamente es difícil hacer aflorar al discurso esa relación; es difícil hablar de los sentimientos, y más aun hacerlo de modo coherente. Sin embargo, parece que no podemos dejar de hacerlo. Kant, aquí, nos da una opción digna de considerarse. Y a mí sinceramente me sorprende pues, realmente me sorprende y me admira la actualidad de Kant.


Dice Danto en un video documental sobre Andy Warhol que uno ve la Brillo Box y no le queda más que pensar. La obra nos invita a pensar. Es cierto. Lo mismo sucede, o me sucedió a mí en todo caso, por ejemplo con esta novela de Vila-Matas llamada Bartleby y compañía: nos invita, en este caso, a pensar en las posibilidades mismas de la escritura. Pero hay algo más: hay algo que nos lleva a decir “No puedo contarte enteramente de qué se trata. Tienes que verlo por ti mismo” (en arte, cine, música, literatura, teatro, arquitectura, etc. etc...). Eso, de eso se trata. Yo he tratado de poner distintos y diversos ejemplos al inicio de este ensayo, pero en el fondo, si de algo ha servido que los coloque allí, es para decirles: vayan y véanlos (escúchenlos, léanlos... en fin, siéntalos) ustedes por sí mismos, y luego conversemos.

[1] “El nuestro es un momento de profundo pluralismo y total tolerancia, al menos (y tal vez solo) en arte. No hay reglas” (Danto, Arthur C., Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia, traducción de Elena Neerman, Barcelona/Buenos Aires/México: Paidós, 1999, p. 20). Cf. ibid., pp. 35, 59, 65-66, 112-113, entre otras.

[2] Le tomó poco más de una década a Matthew Barney (San Francisco, EE.UU., 1967) realizar su proyecto “The Cremaster Cycle”, dividido en 5 episodios. Es una pieza, o “ciclo”, difícil de abarcar por su monumental carga mítica y simbólica. Al verlo, uno se queda con la sensación de estar ante algo realmente grande... pero algo que no podrá nunca descifrarse plenamente. “The Cremaster Cycle” fue finalmente inaugurado en el Guggenheim Museum en febrero del 2003. Barney realizarían luego, junto a su esposa Björk, la película “Drawing Restraint 9” (2004), película que fue transmitida en Lima en mayo del 2006 en una única función en el Centro Cultural de España. Menciono esto porque esta es la única pieza de Barney que, con mucho esfuerzo, ha llegado “oficialmente” a nuestra ciudad, y sin embargo, una obra como “La muerte de Eros” (2003), video de 22 minutos del videoartista peruano Diego Lama, muestra, a mi parecer, resonancias de la obra de Barney, sobre todo en cuanto al protagonismo de elementos simbólicos y la pulcritud en la técnica.
[3] Se dice que la cama de “My Bed” de Tracy Emin (Londres, Inglaterra, 1963) fue precisamente la misma cama donde la artista pasó un periodo de fuerte depresión. Otra obra importante de Emin es “Everyone I Have Ever Slept With 1963-95”, que consiste en una carpa en cuyo interior se encuentran bordados los nombres de todas las personas con quienes alguna vez Emin durmió, incluidos compañeros sexuales, familiares con quienes trasnochó en su infancia, su hermano mellizo y sus dos embarazos perdidos. A fines del año pasado, el artista peruano Enrique La Cruz, en su exposición “Retrospectiva” (Sala Raúl Porras Barrenechea, 2005) (exposición que incluía, entre otros, fotografías, acumulación de objetos personales y un vídeo en el que sobre un fondo eminentemente blanco el artista declaraba públicamente que era homosexual), hacía mención directa a Tracy Emin en la primera pieza que uno se encontraba al entrar en la sala de exposición, señalando así su adherencia a la propuesta de Emin. Asimismo, Eliana Otta incluyó en la muestra colectiva “El amor... ahhh” (Sala Raúl Porras Barrenechea, 2006) una cama pequeña, como para una niña, cubierta por un cubrecama de motivos infantiles, sobre la cual el diario personal de cuando Otta tendría unos 12 años abría sus páginas y nos invitaba a echarnos cómodamente y revisarlo. En esa misma exposición, Sharon Lerner proyectaba un vídeo en el cual, tras un fondo blanco, diversas muchachas respondían a preguntas como “¿crees en el amor?”; o Ana Barboza colgaba una colcha hecha por ella misma en la técnica patch-work en la cual había bordado sus inquietudes respecto de un nuevo amor. Todas ellas son egresadas del año 2005 de la Facultad de Artes plásticas de la PUCP. Menciono esto para mostrar que la figura de Emin no está tan lejos de la producción artística actual de nuestra ciudad.
[4] Me refiero a la obra de Enrique Vila-Matas (Barcelona, España, 1948) titulada Historia abreviada de la literatura portátil, publicada por primera vez en 1985, que podría perfectamente leerse como un texto histórico o documental, de no ser porque estamos ante un texto de ficción. Otro libro sumamente interesante y sugerente de Vila-Matas es Bartleby y compañía (2000). Aquí, el supuesto autor del texto es un personaje jorobado que se siente íntimamente cercano a Bartleby, personaje del relato homónimo de Herman Melville, y decide elaborar un diario (a modo de notas a pie de páginas) en el que hace un recuento de todos aquellos escritores que padecieron el síndrome Bartleby o “literatura del No” (hay muchísimos y de los más variados: Juan Rulfo, J.D. Salinger, Arthur Rimbaud, Juan Ramón Jiménez, Wittgenstein...): tomar la decisión de no escribir. ¡Todo esto sin dejar de ser una novela!
[5] Se trata de la obra de José Carlos Somoza (La Habana, Cuba, 1959) titulada, tal como el papiro griego que supuestamente está traduciendo, La caverna de las ideas, publicada por primera vez en el año 2000.
[6] Donde lo único que se repite constantemente y hasta el cansancio durante al menos los primeros 4 minutos es la frase “number nine... number nine... number nine...”, mientras que “detrás” se está produciendo toda una revolución en la melodía.
[7] Steven Patrick Morrissey (Manchester, Inglaterra, 1959), fundador de la legendaria banda de los ochentas The Smiths, que ahora trabaja en solitario. La canción a la que me refiero no tiene nada de violenta ni del tipo de vibraciones que caracterizan al heavy metal, como podría pensarse por el recurso de las cierras eléctricas, y sin embargo este recurso ciertamente funciona en esta canción, a mi parecer, más que bien. Otro tema de Morrissey digno de mención aquí es su versión de la canción “Moonriver”, también del año 1994.
[8] Danto habla de cómo los artistas presionaron de tal modo los límites en que el arte se constreñía que estos finalmente cedieron, se desplomaron. Esto ocurrió para Danto aproximadamente en la década del setenta, figura capital de este proceso fue Andy Warhol. Cf. Danto, Arthur C., o.c., pp. 35-37.
[9] Específicamente aparece en: Kant, Immanuel, Crítica de la facultad de juzgar, Introducción, BXIX/AXIX, p. 87; en adelante: CFJ, seguido de la numeración original y del número de página (la paginación corresponde a: Kant, Emmanuel, Crítica de la facultad de juzgar, traducción, introducción y notas de Pablo Oyarzún, Caracas: Monte Ávila, 1992). Sobre el papel del “vacío” en el proyecto crítico de Kant pueden verse las primeras páginas de: Vallaeys, François, “¿Por qué leer a Kant hoy?”, en el libro de artículos próximo a publicarse titulado Por qué leer filosofía hoy (Lima: Fondo Editorial de la PUCP, en preparación).
[10] Kant reconoce en el juicio estético una “facultad superior de conocimiento” (así se expresa, por ejemplo, en la primera versión de su Introducción, cf. CFJ, 7, p. 28), con lo cual abre para la estética un ámbito propio, e igual de digno, como parte de la crítica de la razón pura. Lo que interesa señalar de esta expresión es el uso del adjetivo “superior” referido a la facultad de juzgar estética.
[11] Digo que me parece que todo filósofo del arte (o al menos los que yo he podido revisar) trató de levantarse contra esta postura porque, de acuerdo a ella, en el fondo, simplemente no hay nada que discutir, porque no se puede discutir, respecto del arte. La experiencia del arte es así intransferible e incomunicable, es una cuestión enteramente de “gusto” u “opinión” personal. Hegel, por ejemplo, se levantó radicalmente ante esta posición al sostener que el arte es una cuestión de contenidos objetivos: “Lo que ahora suscitan en nosotros las obras de arte es, además del goce inmediato, también nuestro juicio, pues lo que sometemos a nuestra consideración pensante es el contenido... La ciencia del arte es por eso en nuestro tiempo todavía más necesaria...” (Hegel, G.W.F., Lecciones sobre la estética, traducción de Alfredo Brotóns Muñoz, Madrid: Akal, 1989, p. 14). Nótese que ese “goce inmediato”, aunque sea mencionado, no es lo que más le interesa a Hegel. La capacidad de elaborar una ciencia sobre el arte no descansa en ese goce sino en el contenido de la obra de arte. Por su parte, Danto, en Después del fin del arte, desea “identificar qué principios críticos hay cuando no hay más relatos, y donde, en un sentido cualificado, todo es posible”, justamente para levantarse contra cierto tipo de trabajo crítico que consistía en “decir qué era bueno y qué no, basado siempre en el ojo como una clase de séptimo sentido...” (Danto, Arthur C., o.c., p. 20, 112).
[12] Hegel, G.W.F., o.c., p. 14; cursivas añadidas. En el inicio de la Introducción de las Lecciones sobre la estética, Hegel es tajante respecto de: 1. Al objeto de sus lecciones (el arte) no le es adecuado el nombre de “estética”, “pues ‘estética’ designa más exactamente la ciencia del sentido, del sentir” (ibid., p. 8). El “sentir”, ese “goce inmediato”, no es, pues, en absoluto objeto de su estudio; más aún, ese aspecto estorba para sus objetivos. 2. Al delimitar la estética que es objeto de sus lecciones, dice: “con esta expresión excluimos al punto lo bello natural” (ibid.). Con esto Hegel marca distancia directa con Kant desde la primera página de sus Lecciones, como si en Kant se concentrara aquella postura subjetivista contra la que hay que levantarse.
[13] Danto, Arthur C., o.c., p. 51; cursivas añadidas. Danto también sitúa el principal objeto de sus críticas en la línea de crítica de arte inaugurada por Kant, principalmente en la figura de su colega Clement Greenberg, y dedica, en Después del fin del arte, dos capítulos (el capítulo 4: “El modernismo y la crítica de arte puro: la visión histórica de Clement Greenberg” y el capítulo 5: “De la estética a la crítica de arte”) para desligar su propuesta de la de estilo kantiano. No pretendo aquí, en absoluto, tanto en el caso de Hegel como en el de Danto, desmerecer el valor de sus aportes a la filosofía del arte. Pienso que ambos son fundamentales en el desarrollo de esta disciplina. Lo único que pretendo decir es que a ambos “algo” se les escapa al querer cifrar la cuestión del arte en términos exclusivamente científicos, el primero, y conceptuales, el segundo. El problema que veo yo no está en hacer del arte una cuestión científica o conceptual, sino en pretender reducir la cuestión del arte estrictamente a esos términos.
[14] El caso paradigmático me lo proporciona, probablemente en contra de sí mismo, Danto: su afán por dar una respuesta a la cuestión respecto de la esencia del arte nunca parece quedar plenamente satisfecho. Sus respuestas buscan ser, en este sentido, esenciales (dar cuenta de qué es el arte) y sin embargo la experiencia artística se muestra siempre, y sobre todo hoy en día, mucho más amplia, “inabarcable”, como si no fuera susceptible de ser enteramente cifrada en esos términos.
[15] En lo que sigue, voy a seguir una pista de interpretación “negativa”. Esta pista fue planteada por Julio del Valle y consiste en ver el modo “negativo” o “por oposición” mediante el cual Kant construye sus definiciones en la CFJ (por ejemplo: ¿qué es un juicio estético? Un juicio estético es un juicio no-lógico).
[16] La CFJ se inicia así: “Si la filosofía es el sistema del conocimiento racional por medio de conceptos, ya con ello se la diferencia de modo suficiente de una crítica de la razón pura, la cual ciertamente contiene una investigación filosófica de la posibilidad de un conocimiento semejante, pero no pertenece como parte del sistema, sino que ante todo proyecta y examina la idea de este” (CFJ, primera versión de la Introducción, 2, p. 23).
[17] Cf. ibid., 7, p. 28.
[18] Ibid., 7-8, p. 28; cursivas añadidas.
[19] Este tipo de juicios que “no determinan ningún objeto” Kant los llama juicios reflexionantes (para distinguirlos, precisamente, de los juicios determinantes que son los que él ha examinado en la Crítica de la razón pura y en la Crítica de la razón práctica). A ellos corresponden los juicios estéticos.
[20] Ibid., 9, p. 30; cursivas añadidas.
[21] Tratemos de imaginar por un momento qué sucedería si ella no guardara ninguna coherencia de ningún tipo: viviríamos a merced del caos, no habría continuidad de ningún tipo en nuestra experiencia del mundo, no podría construirse nada, ni siquiera podría darse un paso y caminar con tranquilidad o siquiera hacer alguna afirmación respecto de algo. Quizá mis ejemplos no sean del todo buenos, pero lo que quiero señalar es que para que cualquier tipo de experiencia sea posible ha de pensarse ante todo que hay una mínima coherencia. Es un supuesto, o una representación como la llama Kant, tan pero tan básico y elemental, que ni siquiera puedo imaginar cómo sería el caso contrario.
[22] “Siempre hay una gran diferencia entre, por una parte, las representaciones en cuanto que, simplemente referidas al objeto y a la unidad de la conciencia de este, pertenecen al conocimiento... y, por otra parte, su referencia no más que al sujeto, en que ellas son por sí mismas fundamentos para conservar su propia existencia en este y, en tal medida, con consideradas en relación con el sentimiento de placer y displacer” (ibid., 10, p. 31; cursivas añadidas). En el primer caso (de la ciencia), la representación se conecta con el sujeto por medio del entendimiento, subsume la representación dentro del concepto de un objeto. Como sabemos que esa representación corresponde a un determinado objeto, podemos conocer a dicho objeto mediante su representación. En el segundo caso (el de la facultad de juzgar), la representación se conecta con el sujeto, pero como no hay ningún objeto de conocimiento que le corresponda, esa representación es referida al sentimiento de placer y displacer (tema sobre el cual hablaremos más adelante).
[23] Parece esto algo de lo más sencillo, tan elemental que es de lo más sencillo. No lo es, y Kant mismo se esfuerza en hacérnoslo ver. Frases como “la naturaleza toma el camino más corto”, “no hace nada en balde”, “es rica en especies y parsimoniosa en los géneros” (cf. ibid., 15, p. 34), etc. etc., ¿qué quieren decir? ¿qué hay detrás de ellas? Lo que traslucen es que nos comportamos frente a la naturaleza como si ella estuviese gobernada por un entendimiento que desconocemos, pero por un entendimiento al fin y al cabo; como si, a la base de tanta y tan exuberante variedad y pluralidad, hubiese una unidad que nos es desconocida, pero que unifica a fin de cuentas (cf. CFJ, Introducción, BXXVIII/AXXVI, BXX/AXX, pp. 92, 87). Cuando vemos a la naturaleza como arte, dice Kant, lo que hacemos es solamente fundar “una máxima para la facultad de juzgar a fin de observar según ella la naturaleza y mantener con esto cohesionadas sus formas” (CFJ, primera versión de la Introducción, 9, p. 30). No es esta una labor para nada sencilla, “piénsese solo en la magnitud de la tarea (dice Kant): hacer, de las percepciones dadas de una naturaleza que contiene una multiplicidad en todo caso infinita... una experiencia coherente” (CFJ, Introducción, BXXXV/AXXXIII, p. 95). A este postulado Kant lo va a llamar “conformidad a fin sin fin” (sin fin porque de ese fin nunca tendremos conocimiento) término importantísimo de la CFJ y, por lo demás, también sumamente ambiguo sacado de su contexto.
[24] Cf. CFJ, primera versión de la Introducción, 10, p. 31. Sutilezas y exquisiteces terminológicas, lo sé, pero serán necesarias para lo que viene. Por otra parte, nótese cómo con este cambio en la terminología, el sentimiento de placer y displacer viene a formar parte de la facultad de pensar. El sentimiento es un modo pensar.
[25] Ibid., 28, p. 44; cursivas añadidas.
[26] Respecto de esto, no es para nada casual que Kant dedique varios parágrafos de la CFJ (§§ 3-4, 7, pp. 123-126, 129-130) para explicar que no se trata aquí de un simple agrado o apetencia. La relación que se establece mediante el sentimiento de placer o displacer es mucho más fundamental, incluso casi viseral, que un simple agrado o complacencia con un objeto.
[27] CFJ, primera versión de la Introducción, 28, p. 44; cursivas añadidas.
[28] Ibid., 29, p. 44; cursivas añadidas.
[29] Creo que esta concisa oración, que Kant coloca al inicio de la primera versión de la Introducción de la CFJ, es un buen resumen de todo lo que aquí se ha tratado: “Allí donde unos objetos de la naturaleza sean a veces juzgados sola y simplemente como si su posibilidad se fundase en el arte... los juicios no son ni teóricos ni prácticos, en cuanto no determinan nada acerca de la índole del objeto ni del modo de producirlo, sino que a través de ellos la naturaleza misma es juzgada, pero meramente por analogía con un arte, y ello en referencia subjetiva a nuestra facultad de conocimiento, no en referencia objetiva a los objetos mismos” (ibid., 6, p. 27).
[30] Ibid., 19, p. 37.
[31] “la posibilidad de un juicio estético... fundado en un principio a priori de la mera reflexión... si puede probarse que está efectivamente autorizado a pretender validez universal, requiere completamente de una crítica de la facultad de juzgar” (ibid., 57, p. 63).
[32] Y qué mejor forma que el arte, en cualquiera de sus formas, para desplegarla. Aquí me veo tentada (y voy a caer en esa tentación, aunque eso pueda desviar un poco la atención) de utilizar un ejemplo que le gusta mucho a mi madre. En uno de sus libros favoritos aparece este ejemplo: “También tenemos herramientas de esta fecha, aproximadamente el año 500.000 a.C., herramientas prácticas. Si los monos pudieran manipular una piedra y romperla, las herramientas serían de este tipo. Pero hay una herramienta en particular que, para mí, representa la emergencia de una especie de conciencia humana; el nacimiento, podría decirse, de la vida espiritual, que ningún animal podría haber inventado. Esta herramienta, también del 500.000 a.C., fue hallada en las riberas del Támesis. Es más larga de lo que habría sido útil, unos quince o veinte centímetros. Lo que Robinson Jeffers, el poeta de California, llama ‘la belleza divinamente superflua’, está aquí” (Campbell, Joseph, Los mitos en el tiempo, traducción de César Aira, Buenos Aires: Emecé, 2000, pp. 12-13; cursivas añadidas). ¿Por qué hacer una herramienta práctica más larga de lo que habría sido útil? (nótese que aquí no estamos ante una obra de arte “oleada y sacramentada”, sino ante una herramienta práctica que tuvo una utilidad específica). Quiero sugerir, y por ello coloco a pesar de todo este ejemplo, que en la respuesta a esta pregunta puede encontrarse todo el sentido de la cuestión estética, y que, sin embargo, es una respuesta que nunca podría ser completada o dada por cancelada. Nunca podría responderse del todo.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

Después del fin del arte...

Cristina 19/11/2006
La semana pasada estuve enfrascada haciendo dos exposiciones para los dos cursos que estoy llevando. Dejo aquí la exposición que tuve que hacer para Filosofía del arte, sobre este famoso libro de Danto (la otra, no se preocupen, ni se me ocurriría colgarla aquí). Es un texto académico, lleno de notas al pie (no puedo con las notas al pie... en serio me divierto haciéndolas), pero bueno, fue pensado para un aula de clase...
Me quedo con (al menos) dos preguntas al respecto:
1) ¿Cómo tragarse el pastel esencialista-pluralista de Danto? Es una combinación difícil de asimilar.
2) ¿Puede ser la concepción teologizante de la historia de corte hegeliano la más adecuada lectura de la historia del arte?
Mike Bidlo
Not Warhol (Brillo Boxes 1969) (1991)


Arthur C. Danto
Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia (1997)

"El arte contemporáneo ha sido el lugar de una experimentación extraordinaria, mucho más rica de la que podría haber alcanzado por sí misma la imaginación filosófica" [1]

El libro que me toca exponer ahora reúne un conjunto de 11 ensayos que Arthur Danto empezó a redactar a partir de 1984, año en que comienza su labor como crítico de arte para el diario The Nation, y principalmente a mediados de los años 90s [2]. En él, Danto finalmente trabaja con una minuciosidad no vista anteriormente su tesis sobre "el fin del arte", en la cual había venido reflexionando desde hace más de una década. Este libro muestra, entonces, el esfuerzo de Danto por articular y sistematizar dicha tesis, la cual había acompañado (y ciertamente había ido variando) sus inquietudes y reflexiones desde que empezara a escribir sobre estética filosófica en La transfiguración del lugar común, de 1981.
Dicho brevemente, "el fin del arte" significa para nuestro autor "el fin de los relatos legitimadores" [3]. Esto supone para el arte, dicho también de manera breve, una liberación nunca antes vista: el arte ahora no tiene necesidad de "ser esto o aquello", puede ser lo que ella quiera (lo cual se traduce en frases como "no tiene límites", "todo vale", etc.). Esto quiere decir, también, que el modo como se piensa el arte contemporáneo tiene necesariamente que revisarse (tiene, por ejemplo, que dejar de ser un relato legitimador), si pretende afrontar adecuadamente y en todas sus dimensiones el arte de su época (y, con él, toda la historia del arte, pero de esto hablaremos luego).
Con esto Danto delimita el ámbito de sus indagaciones. Lo que a él le va a interesar trabajar en estos ensayos es el arte contemporáneo (lo que él llama el arte posthistórico), y principalmente (por no decir exclusivamente) las artes visuales. Si deseamos darle una fecha de nacimiento, aún a sabiendas de que en el curso de la historia los cambios y periodos no nacen de un día para otro, debemos ubicarla, como ha señalado el autor en otras obras, en el año 1964: en la exposición al público de la Caja Brillo de Andy Warhol. El arte, en ese momento, llegó a su fin, y con ese fin surgió la era posthistórica del arte [4]. Lo que sucede, pues, después de ese momento con las artes visuales es materia de este libro; y las intenciones de Danto quedan claramente especificadas desde el inicio del libro: "Deseo identificar qué principios críticos hay cuando no hay más relatos y donde, en un sentido cualificado, todo es posible... Esto incita a preguntar cómo fue históricamente posible un arte como el de David Reed y cómo es concebible críticamente" [5]. Con esto en mente, demos ahora un breve y muy resumido paseo por el corredor que nos abre Danto a lo largo de estos 11 ensayos, para ver, finalmente, a dónde nos conduce.
Arte posthistórico
Una de las primeras cosas con las que tiene que vérselas Danto es justamente con su expresión "fin del arte" y "arte posthistórico". Si Danto está planteando que con la Caja Brillo de Warhol se da de alguna manera un punto de ruptura, un "cambio histórico importante en las condiciones de producción de las artes visuales" [6], dicha afirmación tendría que ser de algún modo justificada: por qué el arte no puede seguir siendo lo que era hasta entonces, qué es lo que hubo antes del fin del arte, cuál es la línea que se rompió con la Caja Brillo en 1964, qué ha sucedido con el arte desde entonces para que se pueda dar un cambio histórico de ese tipo.
Un primer punto de apoyo importante en su argumentación es el libro de Hans Belting, La imagen antes de la era del arte (1984). Este libro "traza la historia de las imágenes piadosas en el Occidente cristiano desde los tiempos romanos hasta, aproximadamente, 1400 d.C." [7]. Lo central aquí es que este libro habla de estas imágenes en términos de anterioridad a "la era del arte", lo cual no quiere decir en absoluto, se apresura a decir Danto, e imagino que Belting también, que no se trate de expresiones artísticas en el sentido amplio del término. Lo que trata de señalar esta terminología es que dichas imágenes no eran elaboradas ni concebidas en su momento como obras de arte en el sentido que le fue conferido posteriormente. No eran objeto, en fin, de consideraciones estéticas porque, podríamos decir con Danto, en su momento histórico no existía la conciencia de algo como una obra de arte, no había un concepto propio del arte [8].
Si esto es así, surgen de inmediato dos preguntas que Danto rápidamente formula. En primer lugar, qué ocurrió entre el siglo XV y el Renacimiento (periodo en que el concepto de artista se volvió central) para que se inicie la llamada "era del arte". Si se haya en ese periodo un cambio de registro (una discontinuidad, en palabras de Danto) que permite hablar en términos de "antes de", es, entonces, en segundo lugar, evidentemente posible plantear asimismo un "después de". Para Danto, este "después de", como bien sabemos y como el título mismo del libro que estoy presentando sugiere, lo conforma el arte contemporáneo o arte posthistórico.
Es de notar, pues, que "fin del arte" o "fin de la era del arte" no equivale en absoluto a decir que se ha acabado la producción artística o que el arte ha muerto. Dicha expresión apunta a una cosa por entero distinta. Tomando prestado el concepto de Hegel, Danto habla del fin del arte en términos de la "clase" de arte que se ha venido produciendo: del espíritu en el cual el arte ha sido hecho [9]. Lo que se ha acabado es una historia, dice Danto, y de ahí el adjetivo de posthistórico. Lo que ha ocurrido es un cambio de registro, tal como el que dio paso a la era del arte, sin que eso implicara que antes de ella no hubiese manifestaciones artísticas. El apoyo en el libro de Belting es sumamente útil a este respecto: me parece que, así como podemos reconocer la diferencia que Belting quiere sostener entre imagen piadosa e imagen artística, entre, por decirlo de algún modo, imagen con propósitos religiosos e imagen con conciencia artística, así hemos de tratar de entender la diferencia que Danto quiere marcar entre el arte de la era del arte (incluido el arte moderno) y el arte contemporáneo. Algo radicalmente nuevo ha sucediendo en el terreno del arte en estos momentos, aunque en sus inicios no hayamos sido del todo concientes respecto de ello.
Esta discontinuidad entre el arte moderno y el contemporáneo Danto la registra de la siguiente manera: "El arte contemporáneo no hace un alegato contra el arte del pasado, no tiene sentido que el pasado sea algo de lo cual haya que liberarse... En cierto sentido, lo que define al arte contemporáneo es que dispone del arte del pasado para el uso que los artistas le quieran dar. Lo que no está a su alcance es el espíritu en el cual fue creado el arte" [10]. Detengámonos unos momentos en esta distinción entre moderno y contemporáneo que Danto se esfuerza por sacar a la luz. Danto habla del modernismo en términos de la "era de los manifiestos", la cual vincula a una suerte de conciencia ideológica. La proliferación de movimientos del modernismo entre fines del siglo XIX y mediados del XX fue acompañada en su momento por la proliferación de los manifiestos que sustentaban cada uno de esos movimientos. Lo que estos manifiestos básicamente hacían eran proclamar que el arte era X, y que cualquier cosa que no sea X no podía considerarse arte. Cada uno de ellos contenía La verdad filosófica del arte, El significado último de la historia, y era este tipo de verdades el que orientaba sus prácticas artísticas. En cuanto al terreno de la crítica de arte, por ese entonces a ella lo único que le ocupaba era ser el suelo legitimador de esta pretensión de verdad de cada movimiento artístico [11].Para Danto, este tipo de crítica de arte ya no es lícito en los tiempos posthistóricos que él está intentando definir: la crítica no puede erigirse más en términos de la verdad o falsedad de un relato sobre el arte. Pensemos en esta idea de que el arte contemporáneo tiene a su disposición el arte del pasado y que puede utilizarlo a su antojo. Esto equivale a decir para Danto que ningún tipo de arte está enfrentado históricamente contra otro tipo de arte: uno no es más verdadero o falso que otro porque ya no hay, no tiene validez ninguna forma de arte prefijada históricamente. Esto tiene que ver con que en el arte, ahora, todo sea posible: no hay ninguna prescripción respecto de qué cosa deba ser arte, y en ese sentido, el de no tener ya necesidad de escribirse un manifiesto, decíamos que el arte contemporáneo se ha liberado. De esta tarea deberán encargarse en adelante los críticos, pero esto también lo veremos luego.
Danto afirma, asimismo, que lo que tenía presente al pensar en "el fin del arte" era "el nacimiento de cierto tipo de autoconciencia"; y más enfáticamente aún, dice: "Creo que el fin del arte es el acceso a la conciencia de la verdadera naturaleza del arte" [12]. En esto Danto reconoce enteramente su deuda con Hegel: el arte, ahora, es objeto de reflexión; lo que pretende esa reflexión es entender "científicamente" (que, traduciendo a Hegel, equivaldría a decir "filosóficamente") lo que es el arte. Veamos este asunto por un momento a la luz de la historia del arte que despliega Danto. Para ponerlo en términos gruesos, la era del arte corresponde a la historia del arte mimético [13], y si queremos situar una fecha de nacimiento, podemos ver a Vasari como su iniciador. No vamos a entrar en estos momentos en detalles, pero vale decir que en los siglos que corresponden a esta era se dieron pues distintas variaciones y cambios que dieron lugar a distintos movimientos artísticos. En esta historia, el modernismo ocupa para Danto, como hemos visto, un lugar central: antes de él, dice Danto, "los pintores se dedicaban a la representación del mundo, pintando personas, paisajes y eventos históricos tal como se les presentaban o hubieran presentado al ojo. Con el modernismo, las condiciones de la representación se vuelven centrales, de aquí que el arte, en cierto sentido, se vuelve su propio tema" [14]. Danto explica este "paso a nivel" vinculando al modernismo con la postura de su colega Clement Greenberg, quien a su vez se apoya en Kant para hablar del arte moderno. Este "paso a nivel" tiene que ver con un cierto cambio de mirada propiciado por la crítica de Kant: así como para Kant, en su proyecto crítico, la cuestión de la filosofía no era acrecentar nuestro conocimiento sino, antes bien, responder a la pregunta de cómo es posible ese conocimiento, con el modernismo ocurrió algo similar respecto de la pintura: ella ya no representaba simplemente la apariencia de las cosas, sino que se preguntaba respecto de las posibilidades de la pintura misma (en términos de Danto: el arte de la pintura se desvió desde su actitud representacional hacia una nueva actitud en la que los medios de representación se volvieron objeto de ella [15]). Para Greenberg, este paso lo dio Manet; para Danto, Gauguin y Van Gogh. Sin embargo, para ambos, es el modernismo quien reemplaza a la pintura representativa tradicional iniciada por Vasari. Este es el punto de coincidencia entre Greenberg y Danto: ambos ven al modernismo como un punto crucial en la historia del arte. Sin embargo será de mayor importancia aún entender en qué difieren sus posturas críticas.
Crítica de arte
Para Greenberg, la transición entre pintura premoderna y moderna tuvo que ver con este cambio de mirada: a partir del modernismo, los rasgos representacionales fueron secundarios mientras que antes habían sido fundamentales; se ha producido así un cambio de estilo (el cual podría delinearse de una determinada manera) que ha hecho que el arte se vuelque sobre sí mismo. Y, siguiendo (supuestamente) a Kant, en la medida en que este arte no se ocupa de otra cosa más que de sí misma, adquiere su pureza y así su madurez. El arte puro es el arte aplicado a sí mismo, entiéndase: el arte aplicado a sus formas, y esta madurez se logró con el modernismo, y más aún, con el arte abstracto. En esta misma línea, el arte contemporáneo sería para él desvergonzadamente impuro, cual si hubiera sufrido una especie de regresión. De este modo describe Danto la postura de Greenberg.
Veamos brevemente la crítica de Danto a su colega Greenberg y a la estética de línea kantiana en general. Una de las primera cosas que critica Danto de esta postura es la idea kantiana de que la experiencia estética sea desinteresada, de que la satisfacción (o sentimiento de placer, en términos de Kant) del arte sea desinteresado. Danto ve en esto una disociación entre estética y utilidad, entre arte y práctica, que, apunta el autor, conduce por un camino gastado [16]. El contraejemplo claro de esto es La fuente de Marcel Duchamp: dicha pieza demuestra que, si ella es una obra de arte, no lo es por ser bella. La belleza no es un atributo definitorio del arte, por más que algunos pensadores contemporáneos de Duchamp se hayan esforzado por considerar el urinario en términos de la belleza de sus formas. Muy acorde con el espíritu posthistórico, Duchamp escribiría burlonamente luego al respecto: "Cuando descubrí los ready-mades, pensé en intimidar a la estética... Les arrojé a sus caras el posabotellas y el urinario como un reto, y ahora los admiran por su belleza estética" [17]. La crítica de línea kantiana es incapaz de acoger este tipo de expresiones artísticas, y es en ese sentido que ha quedado caduca.
La crítica de Danto a esta línea de investigación estética tiene que ver, pues, esencialmente con esta incapacidad. Al basar su crítica en consideraciones sobre la belleza de las formas, belleza que produce satisfacción o placer estético, el trabajo crítico no tiene otras herramientas en su análisis más que el "gusto" y lo que Danto denomina sarcásticamente "ojo entrenado". Lo que sea bello (lo que sea arte), lo sabe aquel que tiene buen gusto y que, a través de la experiencia, ha entrenado a su ojo a reconocer la belleza. Esto nos deja como base de la crítica del arte "algo" inasible, no hay concepto de belleza, podríamos decir. El juicio crítico sobre arte no se puede demostrar lógicamente. El error de la crítica de estilo kantiano es, para Danto, que segrega la forma al contenido [18].
Para Danto: "la belleza es parte del contenido de las obras, y su modo de presentación nos interroga acerca del significado de la belleza. Al hacer crítica de arte todo esto se puede expresar con palabras" [19]. Entiendo esto en el sentido de la toma de conciencia que mencionó anteriormente Danto: en el momento en que se toma conciencia, y solo recién en ese momento, es posible poner en palabras lo que ha acontecido. Para explicar un poco más detalladamente esto, volvamos al sentido que tiene para Danto el modernismo. Para él, en el modernismo no se trata solo de un cambio de mirada, sino, con fiel espíritu hegeliano, del "ascenso a un nuevo nivel de conciencia" [20], similar al que se produce cuando los adultos, dice Danto citando a San Pablo, dejan de lado las cosas infantiles. El modernismo se distancia para nuestro autor de la historia del arte previa (no le sigue, en este sentido, al romanticismo del mismo modo en que el manierismo le sigue a la pintura renacentista y es sucedido por el barroco) y en ese distanciamiento se ubica una suerte de toma de conciencia. Esta toma de conciencia deslegitima el relato de la pintura representativa tradicional, pero se erige a sí misma como uno nuevo: el relato del modernismo, la era de los manifiestos. En esto podemos ver evidentemente ecos hegelianos: el modernismo rompe con las creencias que legitimaban el relato anterior, pero, al verse sin suelo, se apresura a erigirse a sí mismo como relato legitimador. Lo que va a suceder posteriormente con el arte contemporáneo, y para Danto es fundamental marcar esta distinción entre moderno y contemporáneo, es que para él ya no hay ningún relato legitimador que valga: la verdad filosófica del arte no queda cifrada a través del discurso, sino que ella consiste, en todo caso, en que no hay una verdad del arte, no hay restricciones filosóficas para el arte. La crítica de arte posthistórico no puede, pues, erigirse más como un relato legitimador; su tarea, si quiere ir al compás de los tiempos, tendría más bien que ser la de penetrar los innumerables disfraces de los que puede ahora servirse el artista para alcanzar la esencia del arte: responder a la pregunta qué es el arte.
Danto resume esto de la siguiente manera: "Un manifiesto singulariza el arte que él justifica como verdadero y único, como si el movimiento que expresa hubiera hecho un descubrimiento filosófico de qué es esencial en el arte. No obstante, el verdadero descubrimiento filosófico, creo, es que no hay un arte más verdadero que otro y que el arte no debe ser de una sola manera: todo arte es igual e indiferentemente arte" [21]. Ahora bien, esto no quiere decir que el arte sea "igual e indiferentemente" bueno. Simplemente significa que "lo bueno y lo malo en materia de arte no tiene que ver con el estilo correcto o con estar en el manifiesto correcto" [22].
¿Cómo hablar entonces del arte contemporáneo? ¿Qué criterios pueden esgrimirse para hablar de arte en una época en que todo parece posible? Se ha sugerido hablar de arte posmoderno e, incluso, de posmodernismos. Pero con ello, dice Danto, se pierde el sentido en que ese término enmarca un estilo particular. Y, a su vez, el arte contemporáneo no es exclusivamente un estilo más de arte. También se ha sugerido simplemente utilizar el término contemporáneo en un sentido ampliado, abarcando todas las divisiones que el posmodernismo intentaba cubrir. Sin embargo ello hace del término contemporáneo un concepto solo temporal, y en la distinción de Danto, el arte contemporáneo no engloba simplemente un espacio de tiempo sino un espíritu nuevo de producción de arte. No se trata simplemente del arte que se hace "en nuestros días" o "el más reciente" arte, sino del arte que se hace fuera, después, de la lógica de los relatos legitimadores. Y justamente una característica más que encuentra Danto en él es que no se le pueda identificar con un estilo específico, que no haya una unidad estilística reconocible: "Así, lo contemporáneo es, desde cierta perspectiva, un período de información desordenada, una condición perfecta de entropía estética, equiparable a un periodo de una casi prefecta libertad. Hoy ya no existe más ese linde de la historia. Todo está permitido". A esto es a lo que Danto llamará arte posthistórico, y esto, continuando con la cita, "hace urgente tratar de entender la transición histórica desde el modernismo al arte posthistórico. Significa que hay que tratar de entender la década de los setenta, como un período que a su modo, es tan oscuro como el siglo XX" [23].
Y tan oscuro como lo es, asimismo, uno de los pocos pasajes en que Marx (otro heredero de Hegel) describe su predicción comunista: "En la sociedad comunista, donde cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo... pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos" [24]. Ciertamente la predicción de Marx, como muchas otras a lo largo de la historia, nunca llegó a convertirse en realidad. Mejor suerte corrieron las palabras de Warhol. En una entrevista de 1963, Warhol se expresó de este modo respecto del espíritu de su época: "¿Cómo alguien podría decir que algún estilo es mejor que otro? Uno debería ser capaz de ser un expresionista abstracto la próxima semana, o un artista pop, o un realista, sin sentir que ha concedido algo" [25]. Esta es justamente la condición posthistórica del arte, el espíritu de la era posthistórica: no hay nada que reemplazar porque no hay un estilo que tenga mayor verdad o validez sobre otro. Estamos pues en un momento de absoluto pluralismo en el terreno del arte. El pronóstico de Warhol ciertamente se ha cumplido a fines del siglo XX, y con él, la predicción de Danto respecto del fin del arte.
Esencialismo
Tenemos, pues, el siguiente bosquejo: 1) la era de la imitación o de la mimesis, cuya crítica estaba basada en la verdad visual; 2) la era de la ideología o de los manifiestos, de cuya crítica ya hemos hablado bastante; y 3) la era (nuestra era) posthistórica del arte, cuya crítica ha de ser tan pluralista como lo es el mundo de su arte [26]. Sin embargo Danto pretende que el tipo de crítica que él está formulando, si bien válida para el arte posthistórico, valga también para el arte en general. En esto Danto también se reclama hegeliano y habla de él mismo como un esencialista en el arte en estos términos: "hay una clase de esencia transhistórica en el arte, en todas partes y siempre la misma, pero únicamente se revela a sí misma a través de la historia. Esto me parece coherente" [27]. Para que tenga alcance general, entonces, la crítica de arte no puede identificarse con un estilo específico (abstracto, por ejemplo, como pretendieron los kantianos), ya que eso implicaría que se hable de cualquier otro estilo en términos de falsedad. La crítica ha de ser, pues, tan plural como lo es el arte.
Una vez que el arte, en 1964, se liberó de cualquier prescripción de lo que debía ser o de cómo debía entenderse el arte, nace, como ha mencionado Danto, una suerte de autoconciencia. Pensemos un momento en ese término. Si he entendido bien a Danto, lo que puedo entender de esta palabra es que ahora el arte mismo decide respecto de lo que es arte, o dicho de otra forma, muestra lo que es arte: se pone a sí mismo como arte. No necesita de un relato legitimador porque ella misma se impone como verdad. De alguna manera, pues, creo que puede decirse que el arte se ha desplazado o, siguiendo el espíritu hegeliano que inspira a Danto, se ha elevado: cualquier cosa elaborada con conciencia de ser ella misma arte, es arte. Si esto ha ocurrido y estamos interesados en la pregunta respecto de qué es el arte, sería necesario, dice Danto "dar un giro desde la experiencia sensible hacia el pensamiento. Esto significa, en resumen, que se debe dar un giro hacia la filosofía" [28]. Detengámonos, ya para concluir, un momento en estas afirmaciones.
Podríamos decir, pensando en la expresión del fin del arte como una conquista de autoconciencia, que de algún modo el arte se ha hecho conciente de sí misma y de sus "poderes". Esto ocurrió, para Danto, aproximadamente en la década del setenta, momento en que artistas como Warhol presionaron de tal modo los límites en que el arte se constreñía que estos finalmente cedieron, se desplomaron [29]. Estos límites habían sido trazados tácitamente por las definiciones filosóficas del arte (o relatos) que hasta ese momento habían sido vigentes. Una vez que ellos cedieron, el arte se abrió campo libre para, digamos, hacer de las suyas. Podríamos decir, nuevamente de manera hegeliana, que la pregunta respecto de qué es el arte fue superada por el arte mismo cuando él se impuso a sí mismo como arte: cuando la Caja Brillo expuesta por Warhol se declaró a sí misma como obra de arte, cuando una caja Brillo expuesta en una galería anuncia abierta y silenciosamente "yo soy arte". En este momento, como hemos visto, una historia terminó y otra cosa comenzó. Terminó la historia de los relatos legitimadores en el arte. Comenzó la era posthistórica del arte.
Al haberse el arte respondido de alguna manera la pregunta respecto de qué es arte, o más bien, al haber superado el arte mismo la pregunta respecto de qué es el arte, el arte contemporáneo se liberó de una carga, dice Danto [30]. Se liberó de la historia: no tiene que legitimarse ante ella; puede disponer del pasado con el propósito que desee, incluso sin ninguno. Se liberó también de la filosofía: ella no le traza más los límites por los cuales debe andar. Y sin embargo dice Danto que se vuelve necesario un giro hacia la filosofía. ¿Cómo debemos entender esto? Comparemos el caso del modernismo con el ejemplo favorito de Danto, la Caja Brillo de Warhol. En el caso del modernismo, como hemos visto, cada "estilo" o línea que tomó esa corriente estuvo precedida por un manifiesto (independientemente de si el manifiesto apareciera públicamente antes o después de las obras mismas). Estuvo precedida en el sentido de que fue concebida dentro de un discurso que legitimaba sus pretensiones artísticas. La Caja Brillo, por el contrario, se presenta a sí misma como arte, y solo por el hecho de hacerlo, no requiere de ningún discurso que la acompañe: se levanta, en ese sentido, sobre cualquier discurso, ella misma es su verdad. La filosofía queda a la zaga del arte, y, tomando seriamente las palabras de Danto, tiene que dar un giro desde la experiencia sensible hacia el pensamiento. La filosofía del arte ya no puede "preceder" al arte ni mucho menos predecir las rutas que ha de seguir (por ello es que no puede, a criterio de Danto, encajonarse en un estilo particular); ella tiene que partir ahora de la experiencia sensible: de lo que el arte le presenta como arte. Y es exactamente en ese sentido como entiendo la cita que coloqué como epígrafe de esta exposición: la extraordinaria experimentación a que ha dado lugar el arte contemporáneo es ahora un terreno que la imaginación filosófica tiene por delante que descubrir e investigar.

[1] Danto, Arthur C., Después del fin del arte. El arte contemporáneo y el linde de la historia, traducción de Elena Neerman, Barcelona/Buenos Aires/México: Paidós, 1999, p. 16.
[2] En 1984 Danto publica un primer ensayo titulado "El fin del arte" (en: The Death of Art, editado por Berel Lang, Nueva York: Haven Publishers, 1984), en el cual expresa por primera vez su sospecha de que se ha cerrado una era en el desarrollo histórico del arte de los últimos seis siglos, y de que lo que venía en adelante estaría marcado por la condición posthistórica del arte. Cf. ibid., capítulo 2: "Tres décadas después del fin del arte", p. 43.
[3] "Llegué a comprender que esta expresión, sin duda incendiaria, significaba, en efecto, el fin de los relatos legitimadores del arte, no sólo de los relatos tradicionales de la representación de la apariencia visual... ni de los exitosos relatos del ya concluido modernismo, sino el fin de todos los relatos legitimadores" (ibid., p. 12).
[4] La exposición de Warhol tuvo lugar en la galería Stable de Manhattan. En ese momento, 1964, dice Danto que nadie se dio cuenta, ni él mismo, de que el arte llegaba a su fin. Danto recién llegó a percibirlo con claridad en 1984, dos décadas después, al formular su tesis sobre el fin del arte. Típico de la percepción histórica, dice Danto, "que las descripciones de eventos realmente importantes no estén al alcance de quienes los ven suceder" (ibid., capítulo 2, p. 46).
[5] Ibid., "Prefacio", pp. 20-21. Danto se refiere a la obra #328 (1995) de David Reed: Reed inserta en una escena de Vértigo de Alfred Hitchock una pintura propia. Se trata de la escena en que Judy (interpretada por Kim Novak) está en un hotel barato de San Francisco; en el fotograma modificado por Reed, aparece detrás de ella la pintura #328, que no estaba en la escena original. Reed presentó esta obra como una instalación: reprodujo el fotograma modificado en un televisor "tan vulgar como los muebles del cuarto del hotel de San Francisco", colocado al lado de una cama "tan común como la que aparecía en la película, salvo por el hecho de que sus dimensiones las duplicaban exactamente y que fue fabricada para la ocasión por el propio Reed" (ibid., "Prefacio", p. 17). Danto utiliza este fotograma como cubierta de Después del fin del arte.
[6] Ibid., capítulo 1: "Introducción. Moderno, posmoderno, contemporáneo", p. 25.
[7] Ibid. Cf. ibid., capítulo 2, p. 47. Danto menciona en varios pasajes de su libro la curiosa y extraordinaria coincidencia que encontró con Belting: ambos formularon, en el mismo año y sin conocerse entre sí, tesis similares sobre el fin del arte.
[8] "Eso no significaba que esas imágenes no fueran arte en un sentido amplio, sino que su condición artística no figuraba en la elaboración de las mismas, dado que el concepto de arte aún no había aparecido realmente en la conciencia colectiva. En consecuencia esas imágenes –de hecho íconos– tuvieron un papel bastante diferente en la vida de las personas del que tuvieron las obras de arte cuando ese concepto apareció al fin y comenzó a regir nuestra relación con ellas en algo semejante a unas consideraciones estéticas" (ibid., capítulo 1, p. 25).
[9] Cf. ibid., capítulo 2, p. 48; capítulo 3: "Relatos legitimadores y principios críticos", p. 65.
[10] Ibid., capítulo 1, p. 28. Para Danto, esta actitud respecto del arte del pasado tiene que ver con el surgimiento, debido a Hegel, de los museos como lugares privilegiados para la exposición artística. En ellos, no hay ningún criterio a priori respecto de cómo deba ordenarse el arte; cada pieza tiene su lugar y todas ellas están a disposición de un reorganización constante. Dice al respecto, en la misma página: "Hoy el género es prácticamente un lugar común: el artista tiene carta libre en el museo y fuera de sus recursos organiza exposiciones de objetos que no tiene entre sí una conexión histórica o formal, más allá de las conexiones que proporciona el propio artista."
[11] Danto coloca varios ejemplos para mostrar las actitudes artística y crítica intrínsecas a la era de los manifiestos. Citaré solo un par: Malevich aseguraba, en 1913, que "la única dirección significativa para la pintura era el cubismo-futurismo", lo cual implica que fuera del cubismo-futuro, arte que él practicaba, no hay arte. En cuanto a la actitud de la crítica, Danto menciona a Clement Greenberg, quien en un ensayo de 1940 insistió en que el "imperativo de hacer arte abstracto venía de la historia", de modo que cualquier cosa que no sea arte abstracto ha de entenderse, inevitablemente, como un error o una forma no adecuada de arte. Cf. ibid., capítulo 2, pp. 48-51.
[12] Cf. ibid., capítulo 1, p. 28. Cf. ibid., capítulo 2, p. 53.
[13] Cf. ibid., capítulo 3, pp. 68-69.
[14] Ibid., capítulo 1, p. 29.
[15] Cf. ibid.
[16] Uno de los ejemplos que pone Danto a este respecto es el de la bujía. La idea común es que una bujía, para quienes viven en la era del desarrollo industrial, es de inmediato asociada con su función técnica y, en ese sentido, si provocase algún tipo de satisfacción estética, esta sería por entero secundaria. Danto hace el experimento mental de trasladar una bujía en el tiempo hacia el siglo de Kant, momento en que no se había inventado aún la bujía y, en el que, por ello, un objeto como ese no contenía ninguna utilidad. ¿No podría, entonces, haber sido apreciada como objeto artístico, como bello? Sin embargo, continúa Danto, "dado el estado del arte en 1790, una bujía no hubiera podido ser una obra de arte. Hoy en día sí podría, como consecuencia de la revolución engendrada por alguna de las travesuras de Marcel Duchamp alrededor de 1917, pero no a causa de su belleza" (ibid., capítulo 5: "De la estética a la crítica del arte", p. 106).
[17] Duchamp, Marcel, "Letters to Hans Richter, 1962", en: Richter, Hans, Dada: Art and Anti-Art, Londres: Thames and Hudson, 1966, pp. 313-314; citado por Danto en: Después del fin del arte, capítulo 5, p. 107.
[18] Cf. Danto, Arthur C., Después del fin del arte, capítulo 5, pp. 108ss. Me parece interesante ver aquí, en el terreno del arte, la típica contraposición kantiano-hegeliana entre forma y contenido. Danto, de espíritu hegeliano, le reprocha a Greenberg, de línea kantiana, su formalismo. El núcleo de esta crítica, como veremos a continuación, tiene que ver pues con una toma de posición respecto de la "esencia": ¿es ella cognoscible a través de la apariencia? ¿Podemos penetrar en el contenido mismo de las cosas, o lo único que tenemos a nuestro alcance es la apariencia? En el terreno del arte, ¿puede saberse qué es el arte recurriendo solo a consideraciones formales, a la apariencia de las obras de arte?
[19] Ibid., capítulo 5, p. 120.
[20] Cf. ibid., capítulo 1, p. 30.
[21] Ibid., capítulo 2, p. 56. Para Danto el modernismo toma conciencia de sí mismo recién con Greenberg. Greenberg fue el único pensador que alcanzó la visión del arte moderno como un arte realmente nuevo. Los pensadores del arte de esa época, como Fry o Kahnweiler, no estaban preparados, según Danto, para afrontar la novedad del arte de aquel entonces (ha dicho ya Danto que es típico de la percepción histórica el que los eventos realmente importantes no estén al alcance de quienes los ven suceder). Greenberg es, en este sentido, para Danto, el pensador por excelencia del arte moderno y por ello le dedica un capítulo entero de su libro (el capítulo 4, "El modernismo y la crítica del arte puro"). Sin embargo, es de notar que justamente en el momento en que Greenberg elevó el arte moderno al nivel de la conciencia filosófica, el momento final de los grandes relatos estaba ya cerca de terminar. Cf. ibid., p. 79. La crítica, entonces, de Greenberg y demás kantianos es absolutamente fundamental en la historia del arte, aunque ya no sea legítima. El reproche pues tiene que ver, como se dijo, con la incapacidad de esa crítica de acoger el arte que se salga de sus parámetros. Podríamos ver, pues, el fracaso de la crítica kantiana en que no reconoce su momento histórico, en que no reconoce que vale solo para un tipo de arte, mas no para el arte en general.
[22] Ibid., capítulo 2, p. 59.
[23] Ibid., capítulo 1, p. 34.
[24] Marx, Karl, La ideología alemana, traducción de Wenceslao Roces, Montevideo: Ediciones Pueblos Unidos, 1971, p. 34. Esta cita de Marx no es, por si acaso, casual; el mismo Danto la utiliza para contrastarla con una cita de Warhol que expondré a continuación.
[25] Swenson, G.R., "What Is Pop Art? Answers from 8 Painters, Part 1", en: Art News, 64 (1963), p. 26; citado por Danto en: Después del fin del arte, capítulo 2, p. 59.
[26] Cf. Danto, Arthur C., Después del fin del arte, capítulo 3, pp. 69, 79.
[27] Ibid., capítulo 2, p. 51; cf. ibid., capítulo 5, p. 120.
[28] Ibid., capítulo 1, p. 35.
[29] Cf. ibid., capítulo 1, p. 36.
[30] Cf. ibid., capítulo 1, p. 37.